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Viernes 23 de Diciembre de 2011 - 16:10 hs
Las dietas restrictivas tienen consecuencias negativas
Comer alimentos naturales y cuando se tiene apetito, es la clave que postula el programa “Alimentación Fisiológica”, creado en Mendoza y que está teniendo eco en otras partes del mundo.
La propuesta “Alimentación Fisiológica”, desarrollada por el médico cirujano plástico Luis Sananes, postula que debe reeducarse en la alimentación para volver a reencontrarse con el reloj biológico y así comer sólo cuando se tiene apetito y hasta la saciedad y no según los horarios impuestos socialmente y en exceso.
“No hay nada más importante ni eficaz para estar más lindo, más sano y vivir más años que cultivar el hábito de una alimentación saludable y bien planificada”, asegura, una declaración rotunda de boca de alguien directamente relacionado con la estética.
El médico explica que las dietas restrictivas tienen consecuencias negativas que redundan en un círculo vicioso irresoluble: ante la sensación de apetito, la abstinencia va a terminar por incrementarlo provocando una reacción de compulsión frente a la comida que lleva a los excesos, y luego de ellos la culpa.
Para paliar la sensación de culpa se escogen alimentos que produzcan algún tipo de gratificación, como helados, chocolates o refinados (galletas o snacks, por ejemplo), los cuales no sólo no producen saciedad, sino que al mismo tiempo provocan adicción, conllevando nuevamente al exceso y a comenzar otra vez con un ciclo que terminará en sobrepeso o algún otro desorden alimentario como bulimia o anorexia. Esto es lo que denominan ciclo alimentario invertido.
Según el profesional, “la cultura nos enseña a comer al revés de como deberíamos y hasta la plenitud (hasta ‘llenarse’) y según un horario social. Esto engorda, enferma y resta años de vida”. El trasfondo de la pandemia de obesidad y sobrepeso que afecta a más de la mitad de la población mundial se encontrará en esta conducta, problemática que según la OMS producirá más muertes, enfermedades y gastos médicos que ninguna otra en la historia de la humanidad.
La alimentación fisiológica es un régimen sin dietas de reeducación alimentaria que apunta al adelgazamiento o mantenimiento de peso de manera estable que pretende restablecer la forma de comer que cada uno tiene innata.
“Al nacer, todos sabemos comer de manera fisiológica, el bebé cuando tiene apetito pide ser alimentado hasta la saciedad y luego mantiene la abstinencia hasta que vuelve a tener apetito”, explica Sananes. Esto es lo que se denomina ciclo alimentario normal. Sin embargo, en la civilización muy pocos logran comer así, la cultura anula el reloj biológico: del 100 por ciento que lo tenía innato, sólo tres por ciento “se salva”, y son las personas delgadas, que pese a tener por delante una comida que les gusta mucho logran rechazarla aduciendo falta de hambre.
Quienes han logrado restablecer esta forma de comer original, se han reencontrado con el placer que implica la alimentación y la califican como una experiencia grata y familiar.
Entre los parámetros a tener en cuenta en este programa está preferir los alimentos de origen natural, que han sido abandonados en mayor o menor medida para reemplazarlos por alimentos refinados e industrializados.
En este sentido, la licenciada en Nutrición Griselda Stuhldreher, quien es parte del equipo interdisciplinario, explica que la propuesta incluye modificar el entorno, esto es “no comprar ni tener guardados en la casa alimentos que sabemos que hacen mal, porque si están ahí aunque sea para una ocasión especial podemos tenerlos a mano en un momento de compulsión o ‘autoboicot’; deben tenerse alimentos naturales, frutas y verduras, cereales, lácteos, carnes y huevos”.
Además deben evitarse los enlatados o paquetes, los procesados o alimentos dietéticos que han sido alterados para su conservación o para reducir azúcares, pero que pueden contener por ejemplo más grasas.
“No hay nada más importante ni eficaz para estar más lindo, más sano y vivir más años que cultivar el hábito de una alimentación saludable y bien planificada”, asegura, una declaración rotunda de boca de alguien directamente relacionado con la estética.
El médico explica que las dietas restrictivas tienen consecuencias negativas que redundan en un círculo vicioso irresoluble: ante la sensación de apetito, la abstinencia va a terminar por incrementarlo provocando una reacción de compulsión frente a la comida que lleva a los excesos, y luego de ellos la culpa.
Para paliar la sensación de culpa se escogen alimentos que produzcan algún tipo de gratificación, como helados, chocolates o refinados (galletas o snacks, por ejemplo), los cuales no sólo no producen saciedad, sino que al mismo tiempo provocan adicción, conllevando nuevamente al exceso y a comenzar otra vez con un ciclo que terminará en sobrepeso o algún otro desorden alimentario como bulimia o anorexia. Esto es lo que denominan ciclo alimentario invertido.
Según el profesional, “la cultura nos enseña a comer al revés de como deberíamos y hasta la plenitud (hasta ‘llenarse’) y según un horario social. Esto engorda, enferma y resta años de vida”. El trasfondo de la pandemia de obesidad y sobrepeso que afecta a más de la mitad de la población mundial se encontrará en esta conducta, problemática que según la OMS producirá más muertes, enfermedades y gastos médicos que ninguna otra en la historia de la humanidad.
La alimentación fisiológica es un régimen sin dietas de reeducación alimentaria que apunta al adelgazamiento o mantenimiento de peso de manera estable que pretende restablecer la forma de comer que cada uno tiene innata.
“Al nacer, todos sabemos comer de manera fisiológica, el bebé cuando tiene apetito pide ser alimentado hasta la saciedad y luego mantiene la abstinencia hasta que vuelve a tener apetito”, explica Sananes. Esto es lo que se denomina ciclo alimentario normal. Sin embargo, en la civilización muy pocos logran comer así, la cultura anula el reloj biológico: del 100 por ciento que lo tenía innato, sólo tres por ciento “se salva”, y son las personas delgadas, que pese a tener por delante una comida que les gusta mucho logran rechazarla aduciendo falta de hambre.
Quienes han logrado restablecer esta forma de comer original, se han reencontrado con el placer que implica la alimentación y la califican como una experiencia grata y familiar.
Entre los parámetros a tener en cuenta en este programa está preferir los alimentos de origen natural, que han sido abandonados en mayor o menor medida para reemplazarlos por alimentos refinados e industrializados.
En este sentido, la licenciada en Nutrición Griselda Stuhldreher, quien es parte del equipo interdisciplinario, explica que la propuesta incluye modificar el entorno, esto es “no comprar ni tener guardados en la casa alimentos que sabemos que hacen mal, porque si están ahí aunque sea para una ocasión especial podemos tenerlos a mano en un momento de compulsión o ‘autoboicot’; deben tenerse alimentos naturales, frutas y verduras, cereales, lácteos, carnes y huevos”.
Además deben evitarse los enlatados o paquetes, los procesados o alimentos dietéticos que han sido alterados para su conservación o para reducir azúcares, pero que pueden contener por ejemplo más grasas.
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