La víctima, un hombre de aproximadamente 40 años, sufrió un traumatismo de cráneo grave tras ser atropellado por una motocicleta. Se encuentra internado en la UTI del Hospital Cullen sin que sus allegados hayan sido localizados.
LT10 - La hipótesis Garre-Zaffaroni
Domingo 23 de Enero de 2011 - 00:51 hs
El Gobierno cree que la Policía puso en marcha un plan desestabilizador
Se basan en una sucesión de hechos que vienen ocurriendo desde que se produjeron los cambios en el área de Seguridad. Y lo refuerzan con los sucesos de los últimos días. La clave del robo al Galicia.
El millonario robo a la céntrica sucursal del Banco Galicia, a una cuadra del Obelisco porteño, encendió las alarmas del Ministerio de Seguridad. Sospechan que se trató de una “zona liberada” y se volvió a instalar el fantasma de un plan para “desestabilizar” el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.
“No descartamos que detrás de ese episodio y de otras situaciones que se fueron gestando haya una mano negra”, reconoció a PERFIL una fuente del segundo piso del coqueto edificio de la calle Gelly y Obes, sede de la cartera de Seguridad. Las miradas se posan sobre hombres de la Policía Federal que están en situación de disponibilidad, pero también habría otras piezas del mismo rompecabezas.
Esta vez, las sospechas no serían infundadas. Los mismos investigadores del asalto al Banco Galicia, perpetrado el martes 18, dejaron trascender que buscan determinar si la banda, que se llevó más de $ 3 millones, contó con ayuda interna y si está integrada por ex policías que sabían exactamente cómo desplegar el operativo de distracción que antecedió al robo. Es que irrumpieron justo cuando se estaba contando el dinero del tesoro. El “operativo distracción” fue lo más parecido a un thriller de Hollywood. Una amenaza de bomba en una hamburguesería ubicada en Córdoba y Uruguay, justo en el límite norte de la jurisdicción; un incendio del coche robado, en 9 de Julio y Lavalle, en el límite del sector este; y una explosión en un cajero del Banco Supervielle, en Lavalle y Montevideo, en el extremo oeste de los límites de la comisaría.
“Todos esos hechos, que ocurrieron minutos antes del golpe, ocurrieron en jurisdicción de la Comisaría 3ª. “Por eso se cree que habrían sido planificados para que los patrulleros de esa seccional se acercaran a esos lugares pero sin la colaboración de otras comisarías”, explicó a DyN una fuente de la pesquisa.
Otro de los elementos que los investigadores tienen en cuenta para sospechar de ex policías o personal en actividad es que estos incidentes tuvieron lugar en zonas que dificultaron el movimiento de los móviles policiales. La causa la tramita el juez de instrucción Facundo Cubas, quien derivó la investigación al fiscal Justo Rovira.
El lunes último, el diario Tiempo Argentino publicó una entrevista en la que el ministro de la Corte Suprema Eugenio Zaffaroni dijo: “Hoy los golpes de Estado los dan las fuerzas de seguridad, no los dan los ejércitos. No son golpes de Estado tradicionales, son golpes de Estado desestabilizadores. (...) Entre una coalición de medios masivos de gran difusión, un sector policial disconforme (porque no necesita ser toda una fuerza), generalmente por razones no muy confesables, y algún segmento político interesado en desestabilizar, sí pueden dar un golpe de Estado”.
“Acá están metidos personajes que pasaron por alguna fuerza, y no descartemos que haya gente en actividad. Alguien sabía el organigrama de las comisarías de la zona”, conjeturó un funcionario de Seguridad.
Desde que Nilda Garré sehizo cargo del flamante Ministerio de Justicia, existe un solapado malestar en la Federal por el pase a disponibilidad de una veintena de policías de alto rango. Los “profundos cambios” en la estructura llevaron a que otros ocho oficiales presentaran su renuncia, y otros tantos lo harán cuando regresen de sus licencias anuales.
Otro frente sensible se encuentra en la Bonaerense, y se debe al malestar por la fuerte presencia de la Gendarmería en su territorio. Garré cree que “hay que lograr el control político de las fuerzas de seguridad, evitar la autonomía porque es peligroso”. También admite que la “transformación” será “más difícil” de lo que costó hacerlo en las Fuerzas Armadas.
La fugaz renuncia que presentó la semana pasada el jefe de la Federal, comisario general Enrique Capdevila –nunca desmentida oficialmente desde el Ministerio de Justicia– dejó al descubierto el malestar en la fuerza. Un día después del robo al Galicia, Garré se reunió con todo su gabinete, y la cúpula policial. Allí apostó a un mensaje conciliador: “Van a tener un Ministerio de puertas abiertas para elevar cualquier consulta, queja, propuesta o crítica. Queremos que la gente se vuelva a amigar con ustedes”.
“No descartamos que detrás de ese episodio y de otras situaciones que se fueron gestando haya una mano negra”, reconoció a PERFIL una fuente del segundo piso del coqueto edificio de la calle Gelly y Obes, sede de la cartera de Seguridad. Las miradas se posan sobre hombres de la Policía Federal que están en situación de disponibilidad, pero también habría otras piezas del mismo rompecabezas.
Esta vez, las sospechas no serían infundadas. Los mismos investigadores del asalto al Banco Galicia, perpetrado el martes 18, dejaron trascender que buscan determinar si la banda, que se llevó más de $ 3 millones, contó con ayuda interna y si está integrada por ex policías que sabían exactamente cómo desplegar el operativo de distracción que antecedió al robo. Es que irrumpieron justo cuando se estaba contando el dinero del tesoro. El “operativo distracción” fue lo más parecido a un thriller de Hollywood. Una amenaza de bomba en una hamburguesería ubicada en Córdoba y Uruguay, justo en el límite norte de la jurisdicción; un incendio del coche robado, en 9 de Julio y Lavalle, en el límite del sector este; y una explosión en un cajero del Banco Supervielle, en Lavalle y Montevideo, en el extremo oeste de los límites de la comisaría.
“Todos esos hechos, que ocurrieron minutos antes del golpe, ocurrieron en jurisdicción de la Comisaría 3ª. “Por eso se cree que habrían sido planificados para que los patrulleros de esa seccional se acercaran a esos lugares pero sin la colaboración de otras comisarías”, explicó a DyN una fuente de la pesquisa.
Otro de los elementos que los investigadores tienen en cuenta para sospechar de ex policías o personal en actividad es que estos incidentes tuvieron lugar en zonas que dificultaron el movimiento de los móviles policiales. La causa la tramita el juez de instrucción Facundo Cubas, quien derivó la investigación al fiscal Justo Rovira.
El lunes último, el diario Tiempo Argentino publicó una entrevista en la que el ministro de la Corte Suprema Eugenio Zaffaroni dijo: “Hoy los golpes de Estado los dan las fuerzas de seguridad, no los dan los ejércitos. No son golpes de Estado tradicionales, son golpes de Estado desestabilizadores. (...) Entre una coalición de medios masivos de gran difusión, un sector policial disconforme (porque no necesita ser toda una fuerza), generalmente por razones no muy confesables, y algún segmento político interesado en desestabilizar, sí pueden dar un golpe de Estado”.
“Acá están metidos personajes que pasaron por alguna fuerza, y no descartemos que haya gente en actividad. Alguien sabía el organigrama de las comisarías de la zona”, conjeturó un funcionario de Seguridad.
Desde que Nilda Garré sehizo cargo del flamante Ministerio de Justicia, existe un solapado malestar en la Federal por el pase a disponibilidad de una veintena de policías de alto rango. Los “profundos cambios” en la estructura llevaron a que otros ocho oficiales presentaran su renuncia, y otros tantos lo harán cuando regresen de sus licencias anuales.
Otro frente sensible se encuentra en la Bonaerense, y se debe al malestar por la fuerte presencia de la Gendarmería en su territorio. Garré cree que “hay que lograr el control político de las fuerzas de seguridad, evitar la autonomía porque es peligroso”. También admite que la “transformación” será “más difícil” de lo que costó hacerlo en las Fuerzas Armadas.
La fugaz renuncia que presentó la semana pasada el jefe de la Federal, comisario general Enrique Capdevila –nunca desmentida oficialmente desde el Ministerio de Justicia– dejó al descubierto el malestar en la fuerza. Un día después del robo al Galicia, Garré se reunió con todo su gabinete, y la cúpula policial. Allí apostó a un mensaje conciliador: “Van a tener un Ministerio de puertas abiertas para elevar cualquier consulta, queja, propuesta o crítica. Queremos que la gente se vuelva a amigar con ustedes”.
Fuente: Perfil.com
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