Habitualmente descartadas tras el uso, pueden convertirse en aliadas inesperadas del reciclaje doméstico
LT10 - Fue en Córdoba
Jueves 15 de Septiembre de 2011 - 07:58 hs
La selección local hizo fuerza y empató con Brasil
Con un sólido tramado colectivo, el seleccionado argentino, conformado por jugador del fútbol doméstico, empató 0-0 ante un Brasil que contó con Ronaldinho, Neymar y compañía. La revancha será en Belen
CÓRDOBA.- La camiseta amarilla enfrente enciende a los jugadores argentinos. Ni que hablar a la gente. Se agita como una capa roja frente a un toro rabioso. Son momentos en los que nadie se siente menos que nadie. Ni que Ronaldinho ni que Neymar. Son minutos en los que estos jugadores, los de las canchas argentinas, se ven iguales a los de Camp Nou, a los del Bernabéu, a los del Giuseppe Meazza. Cierran los ojos. Están en el Mario Alberto Kempes. Hay diferencias. Sería necio negarlas, pero se tapan, se emparchan, se disimulan. En mucho habrá tenido que ver la palabra de Sabella. Sí, el mismo que dijo que la base de la selección está en Europa. Pero estos muchachos, a su modo, también le responden. Hay ganas. Se ve concentración. Se nota el empuje.
¿Sirve el amistoso? Sirve para darse cuenta de que, aún sin un organizador de la talla de Riquelme o Verón, puedenconseguirse un juego relativamente sincronizado y con pases profundos; así, por ejemplo, Canteros habilitó a Augusto Fernández -también de ideas claras- y Boselli se perdió el gol en el anticipo ofensivo. Vale, además, para confirmar el desequilibrio del Burrito Martínez, con un tiro desde lejos que sacó chispas en el aire o con un desborde en el que asistió al mismo Boselli: la volea salió desviada. Cuenta, como si eso fuera poco, para darse cuenta que ni cinco defensores podrán contra la improvisación. Como en la ocasión en la que Neymar amagó una y mil veces hasta que descubrió libre a Damiao, cuyo toque corto pegó en el palo.
Así la Argentina mantuvo buena parte del partido dentro de los límites que quiso. Las estrellas, Neymar, Ronaldinho y Damiao, perdieron el golpe de sorpresa con el control defensivo y el nutrido bloque que se formó en el medio cuando se adelantaron Pillud y Papa.
Es cierto que no hubo desesperación por el ataque. La Argentina hizo un culto de las posiciones territoriales ganadas y no rompió los lineamientos. Jamás se desprotegió ni modificó la superioridad numérica en su campo. Y Brasil, consciente de que la copa se definirá en su tierra, tampoco tomó grandes riesgos. Los movimientos, de a ratos, se volvieron lentos. A veces cobraron dinamismo, entre alguna fricción, sobre todo en el final.
De no ser por un resbalón que lo privó de un mano a mano, Gigliotti no tuvo tanta participación dentro del área como Boselli, afuera por una temprana lesión. Y Mouche, que reemplazó a Martínez, también con alguna molestia, se mostró inquieto, pero no preciso. Una mención aparte mereció la sutileza de Damiao: primero una bicicleta, y después una emboquillada que otra vez pegó en el palo. Toda la cancha lo aplaudió.
De un clásico se trata, sin ningún rótulo que lo empequeñezca ni lo menosprecie. Habrá otro cara a cara a modo de desquite dentro de dos semanas. Importante en sí mismo, pero con una onda expansiva que podría alcanzar la competencia oficial, las duras eliminatorias. Sabella aprieta las primeras teclas en su composición. En uno de los primeros párrafos, en el último tramo de 2011, Brasil cobra protagonismo. Espera, desea, que también lo tome en las consonantes finales, un cercano y lejano a la vez 2014.
¿Sirve el amistoso? Sirve para darse cuenta de que, aún sin un organizador de la talla de Riquelme o Verón, puedenconseguirse un juego relativamente sincronizado y con pases profundos; así, por ejemplo, Canteros habilitó a Augusto Fernández -también de ideas claras- y Boselli se perdió el gol en el anticipo ofensivo. Vale, además, para confirmar el desequilibrio del Burrito Martínez, con un tiro desde lejos que sacó chispas en el aire o con un desborde en el que asistió al mismo Boselli: la volea salió desviada. Cuenta, como si eso fuera poco, para darse cuenta que ni cinco defensores podrán contra la improvisación. Como en la ocasión en la que Neymar amagó una y mil veces hasta que descubrió libre a Damiao, cuyo toque corto pegó en el palo.
Así la Argentina mantuvo buena parte del partido dentro de los límites que quiso. Las estrellas, Neymar, Ronaldinho y Damiao, perdieron el golpe de sorpresa con el control defensivo y el nutrido bloque que se formó en el medio cuando se adelantaron Pillud y Papa.
Es cierto que no hubo desesperación por el ataque. La Argentina hizo un culto de las posiciones territoriales ganadas y no rompió los lineamientos. Jamás se desprotegió ni modificó la superioridad numérica en su campo. Y Brasil, consciente de que la copa se definirá en su tierra, tampoco tomó grandes riesgos. Los movimientos, de a ratos, se volvieron lentos. A veces cobraron dinamismo, entre alguna fricción, sobre todo en el final.
De no ser por un resbalón que lo privó de un mano a mano, Gigliotti no tuvo tanta participación dentro del área como Boselli, afuera por una temprana lesión. Y Mouche, que reemplazó a Martínez, también con alguna molestia, se mostró inquieto, pero no preciso. Una mención aparte mereció la sutileza de Damiao: primero una bicicleta, y después una emboquillada que otra vez pegó en el palo. Toda la cancha lo aplaudió.
De un clásico se trata, sin ningún rótulo que lo empequeñezca ni lo menosprecie. Habrá otro cara a cara a modo de desquite dentro de dos semanas. Importante en sí mismo, pero con una onda expansiva que podría alcanzar la competencia oficial, las duras eliminatorias. Sabella aprieta las primeras teclas en su composición. En uno de los primeros párrafos, en el último tramo de 2011, Brasil cobra protagonismo. Espera, desea, que también lo tome en las consonantes finales, un cercano y lejano a la vez 2014.
Fuente: lanacion.com
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