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Miércoles 30 de Septiembre de 2015 - 19:12 hs
Las porciones también se volvieron XL
Los especialistas explican cómo crecieron, con los años, las porciones de comida. Mayor tamaño y más calorías. Hamburguesas en la mira.
Comemos cada vez más. Desde 1980, afrima el doctor Alberto Cormillot, el tamaño de las porciones ha ido en aumento, "modificando la percepción que tenemos de lo que debe ser una porción".
En las últimas décadas, la cocina del mundo ha desarrollado sus menúes en base a tres alimentos, lo más pedido por el público: lo dulce, lo graso y lo salado. "Lo que hacen estos grupos de alimentos, a diferencia de otros, es generar adicción", afirma Cormillot.
El crecimiento de las porciones cambia la percepción sobre cuánto es mucha comida.
En 1954, las hamburguesas de cadenas de fast food pesaban 79 gramos y tenían 202 calorías. "En el 2004, pasaron a pesar 122 gramos y a tener 310 calorías", hace la matemática el doctor Máximo Ravenna. El tamaño de la porción y la cantidad de calorías creció un 60%, "y no solo eso: las papas fritas que venían de guarnición también cambiaron; se solían vender en un packaging de 68 gramos y tener 210 calorías y hoy vienen de 198 gramos y aportan 610 calorías".
Las gaseosas por otra parte, según Ravenna, crecieron en las cadenas de comidas rápidas de 192 mililitros (72 calorías) a 473 mililitros y aportan 194 calorías.
Otro ejemplo similar se da con los bagels: hace veinte años tenían un diámetro menos de ocho centímetros y aportaban 140 calorías. Hoy vienen de 15 centímetros y aportan 350 calorías. Con solo comer uno, se habrá consumido tres porciones de granos, la mitad del número recomendado de porciones diarias.
Una hamburguesa puede tener más de 300 calorías.
Entrenados para comer
Incluso las recetas de los libros de cocina se han alterado para producir porciones más grandes que las recetas idénticas impresas en los mismos libros hace tres décadas o más. Según Dawn Jackson Blatner, de la Asociación Estadounidense de Dietética, "los ojos se acostumbran a porciones más grandes" y eso condiciona la cantidad que se come.
La iniciativa de educación sobre la obesidad del National Heart, Lung, and Blood Institute sostiene que "una porción \\'grande\\' en un restaurante de comida rápida –por ejemplo, una hamburguesa doble con queso, papas fritas, refresco y postre– puede tener 2.200 calorías; es decir, necesitaría correr toda una maratón (42 kilómetros) para poder quemarlas".
No es fácil desharse de las más de 2.000 calorías de un menú completo.
En casi cualquier situación social, uno de los principales focos de atracción es la comida. Así, la mayoría de las veces no se come por necesidad sino por aburrimiento, automatización o hasta por costumbre.
Según un estudio de la Universidad de Filadelfia, la tendencia es a consumir todo lo que cabe en el plato. De hecho, si se compara el tamaño de una vajilla antigua con una actual, la diferencia de tamaño es evidente. Utilizar cucharas y platos más pequeños es una buena forma de reducir las porciones a términos saludables. Y, por supuesto, cuando el empleado pregunte si se quiere agrandar las papas y la gaseosa, aprender a decir que no.
En las últimas décadas, la cocina del mundo ha desarrollado sus menúes en base a tres alimentos, lo más pedido por el público: lo dulce, lo graso y lo salado. "Lo que hacen estos grupos de alimentos, a diferencia de otros, es generar adicción", afirma Cormillot.
El crecimiento de las porciones cambia la percepción sobre cuánto es mucha comida.
En 1954, las hamburguesas de cadenas de fast food pesaban 79 gramos y tenían 202 calorías. "En el 2004, pasaron a pesar 122 gramos y a tener 310 calorías", hace la matemática el doctor Máximo Ravenna. El tamaño de la porción y la cantidad de calorías creció un 60%, "y no solo eso: las papas fritas que venían de guarnición también cambiaron; se solían vender en un packaging de 68 gramos y tener 210 calorías y hoy vienen de 198 gramos y aportan 610 calorías".
Las gaseosas por otra parte, según Ravenna, crecieron en las cadenas de comidas rápidas de 192 mililitros (72 calorías) a 473 mililitros y aportan 194 calorías.
Otro ejemplo similar se da con los bagels: hace veinte años tenían un diámetro menos de ocho centímetros y aportaban 140 calorías. Hoy vienen de 15 centímetros y aportan 350 calorías. Con solo comer uno, se habrá consumido tres porciones de granos, la mitad del número recomendado de porciones diarias.
Una hamburguesa puede tener más de 300 calorías.
Entrenados para comer
Incluso las recetas de los libros de cocina se han alterado para producir porciones más grandes que las recetas idénticas impresas en los mismos libros hace tres décadas o más. Según Dawn Jackson Blatner, de la Asociación Estadounidense de Dietética, "los ojos se acostumbran a porciones más grandes" y eso condiciona la cantidad que se come.
La iniciativa de educación sobre la obesidad del National Heart, Lung, and Blood Institute sostiene que "una porción \\'grande\\' en un restaurante de comida rápida –por ejemplo, una hamburguesa doble con queso, papas fritas, refresco y postre– puede tener 2.200 calorías; es decir, necesitaría correr toda una maratón (42 kilómetros) para poder quemarlas".
No es fácil desharse de las más de 2.000 calorías de un menú completo.
En casi cualquier situación social, uno de los principales focos de atracción es la comida. Así, la mayoría de las veces no se come por necesidad sino por aburrimiento, automatización o hasta por costumbre.
Según un estudio de la Universidad de Filadelfia, la tendencia es a consumir todo lo que cabe en el plato. De hecho, si se compara el tamaño de una vajilla antigua con una actual, la diferencia de tamaño es evidente. Utilizar cucharas y platos más pequeños es una buena forma de reducir las porciones a términos saludables. Y, por supuesto, cuando el empleado pregunte si se quiere agrandar las papas y la gaseosa, aprender a decir que no.
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