Están programados por la EPE para las ciudades de Santa Fe y Santo Tomé.
Jueves 16 de Abril de 2015 - 18:17 hs
Oxitocina, la hormona que combate el estrés de hoy
Las demandas, el ritmo acelerado y las obligaciones traen consigo un nivel de exigencia que da lugar al estrés contemporáneo, un estado que se caracteriza por ser permanente e impactar negativamente en el metabolismo por la secreción constante de cortisol y adrenalina.
Actualizado: Jueves 10 de Marzo de 2016 - 01:01 hs
La vida cotidiana nos impuso un ritmo más acelerado y demandante, todo al instante. Las múltiples obligaciones, la rutina, la llegada de las nuevas tecnologías, la conexión permanente y todo lo que esto implica influye en el estilo de vida y estado de salud del ser humano, ya que se ve obligado a desarrollar un proceso de adaptación interno para dar respuesta a este entorno demandante.
¿Qué es el estrés? Pese a que se lo considere algo negativo o perjudicial, un primer concepto importante es que el estrés es una reacción normal del organismo ante una situación de alerta y, por eso, es indispensable para la supervivencia. A nivel físico, las glándulas suprarrenales descargan una dosis de hormonas denominadas cortisol y adrenalina, las cuales ejercen influencia en diferentes órganos. Esto repercute en el cuerpo a través del aumento de azúcar (lo cual ayuda a disponer de energía de manera más inmediata), aceleración del corazón, aumento de la presión, irrigación de oxígeno a los músculos, entre otros. El estado de alerta prepara así al organismo para enfrentar una circunstancia emocionante, de peligro o bien un hecho puntual. Esta reacción, producto de una situación conflictiva, se denomina estrés agudo y se caracteriza por tener principio y fin, es decir, sirve al individuo para poder salir adelante y resolver el problema que está atravesando.
Hasta acá todo bien. Pero... ¿Qué sucede cuando ese estado de alerta no cesa? Estamos frente a un caso de estrés contemporáneo: los estímulos que generan estrés persisten y no se da tiempo al cuerpo y a la mente a ponerse en "pausa" respecto del entorno y repararse, las hormonas (cortisol y adrenalina) son secretadas de manera permanente y se genera un desbalance o desequilibrio metabólico.
La elevación prolongada del nivel de cortisol y adrenalina impacta en las células que median la inmunidad, lo que produce una disminución de la respuesta inmune y una mayor frecuencia de infecciones, enfermedades autoinmunes y malignidad. Además, se vive con cardioestrés (taquicardia, aumento de la presión), trastornos digestivos, contracturas musculares y otros. El sueño se perturba, lo cual lleva a la pérdida del ritmo circadiano de secreción de cortisol que normalmente disminuye durante el reposo nocturno. Esta situación genera un aumento de azúcar en sangre durante la noche y la insulina predispone a la obesidad y a la diabetes.
En esta etapa intermedia de estrés contemporáneo, nuestro cerebro nos pide calma, placer inmediato y es allí cuando hay que prevenir porque, de lo contrario, el cerebro induce a conductas para paliar la ansiedad, como pueden ser: tomar más alcohol, comer dulces, consumir ansiolíticos, antiinflamatorios y otras drogas. Es este momento cuando la persona debe buscar caminos para salir de la sensación de agobio, angustia, preocupación, desazón y ahogo que lo invaden.
Es que el estrés contemporáneo no desaparecerá: hay que aprender a gestionarlo. El cortisol tiene su antídoto: la oxitocina, una hormona hipofisaria que se genera en situaciones placenteras y que provoca mayor confianza, mejora las relaciones y disminuye el estrés.
Entonces, combatir este tipo de estrés es, por sobre todas las cosas, un proceso de reeducación en el que es fundamental que la persona cuente con el asesoramiento y ayuda de un profesional médico para poder ser diagnosticado y tratado en consecuencia. ¿Cómo combatirlo? El entrenamiento se propone ayudar al paciente a situarse en una posición de búsqueda de aquello que le da placer: practicar un hobbie, caminar, estar al aire libre, ir al cine, leer un libro, hacer un deporte, cocinar, viajar o hacer lo que sea para disolver los pensamientos anticipatorios y percibir la realidad de manera más relajada, sin sobredimensionarla.
¿Qué es el estrés? Pese a que se lo considere algo negativo o perjudicial, un primer concepto importante es que el estrés es una reacción normal del organismo ante una situación de alerta y, por eso, es indispensable para la supervivencia. A nivel físico, las glándulas suprarrenales descargan una dosis de hormonas denominadas cortisol y adrenalina, las cuales ejercen influencia en diferentes órganos. Esto repercute en el cuerpo a través del aumento de azúcar (lo cual ayuda a disponer de energía de manera más inmediata), aceleración del corazón, aumento de la presión, irrigación de oxígeno a los músculos, entre otros. El estado de alerta prepara así al organismo para enfrentar una circunstancia emocionante, de peligro o bien un hecho puntual. Esta reacción, producto de una situación conflictiva, se denomina estrés agudo y se caracteriza por tener principio y fin, es decir, sirve al individuo para poder salir adelante y resolver el problema que está atravesando.
Hasta acá todo bien. Pero... ¿Qué sucede cuando ese estado de alerta no cesa? Estamos frente a un caso de estrés contemporáneo: los estímulos que generan estrés persisten y no se da tiempo al cuerpo y a la mente a ponerse en "pausa" respecto del entorno y repararse, las hormonas (cortisol y adrenalina) son secretadas de manera permanente y se genera un desbalance o desequilibrio metabólico.
La elevación prolongada del nivel de cortisol y adrenalina impacta en las células que median la inmunidad, lo que produce una disminución de la respuesta inmune y una mayor frecuencia de infecciones, enfermedades autoinmunes y malignidad. Además, se vive con cardioestrés (taquicardia, aumento de la presión), trastornos digestivos, contracturas musculares y otros. El sueño se perturba, lo cual lleva a la pérdida del ritmo circadiano de secreción de cortisol que normalmente disminuye durante el reposo nocturno. Esta situación genera un aumento de azúcar en sangre durante la noche y la insulina predispone a la obesidad y a la diabetes.
En esta etapa intermedia de estrés contemporáneo, nuestro cerebro nos pide calma, placer inmediato y es allí cuando hay que prevenir porque, de lo contrario, el cerebro induce a conductas para paliar la ansiedad, como pueden ser: tomar más alcohol, comer dulces, consumir ansiolíticos, antiinflamatorios y otras drogas. Es este momento cuando la persona debe buscar caminos para salir de la sensación de agobio, angustia, preocupación, desazón y ahogo que lo invaden.
Es que el estrés contemporáneo no desaparecerá: hay que aprender a gestionarlo. El cortisol tiene su antídoto: la oxitocina, una hormona hipofisaria que se genera en situaciones placenteras y que provoca mayor confianza, mejora las relaciones y disminuye el estrés.
Entonces, combatir este tipo de estrés es, por sobre todas las cosas, un proceso de reeducación en el que es fundamental que la persona cuente con el asesoramiento y ayuda de un profesional médico para poder ser diagnosticado y tratado en consecuencia. ¿Cómo combatirlo? El entrenamiento se propone ayudar al paciente a situarse en una posición de búsqueda de aquello que le da placer: practicar un hobbie, caminar, estar al aire libre, ir al cine, leer un libro, hacer un deporte, cocinar, viajar o hacer lo que sea para disolver los pensamientos anticipatorios y percibir la realidad de manera más relajada, sin sobredimensionarla.
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