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LT10 - Con el alegato de la fiscal
Miércoles 12 de Noviembre de 2014 - 20:47 hs
Comenzó el juicio por el triple crimen de los militantes sociales en Rosario
La fiscal acusó a Rodríguez, Sprio y Delgado de ser coautores de los asesinatos de los tres militantes en Villa Moreno y a Palavecino como partícipe necesario. Dijo que los imputados “trabajaban para los Cantero” y se equivocaron al querer vengar al Quemadito.
La primera audiencia del juicio por el triple crimen de Villa Moreno realizada este miércoles a la mañana enfrentó a las acusaciones de fiscales y querellantes, quienes adelantaron que pedirán las penas máximas para los cuatro acusados de homicidio, con las estrategias de las defensas, entre la victimización “por el circo romano montado” en los Tribunales provinciales y la negación de los hechos ocurridos el 1° de enero de 2012.
La fiscal Nora Marull vinculó a los acusados con el narcotráfico, dijo que trabajaban con la banda de la familia Cantero y que el asesinato contra los militantes sociales fue una venganza equivocada por un ataque anterior contra Maximiliano “Quemadito” Rodríguez, el hijo del mayor de los sentados en el banquillo, Sergio “Quemado” Rodríguez.
Fue justamente ese hombre, de 44 años, pelo corto algo canoso, vestido con jean y una remera blanca con letras de colores, quien al término de la sesión de casi cuatro horas, pasadas las 13, pidió no presenciar las audiencias porque “teme por su vida”.
El abogado defensor de Rodríguez, Carlos Varela, aseguró que la fiscalía no tiene pruebas, que no hay testigos reales sino personas “manipuladas”, a quienes se les “inoculó un relato”. El letrado dijo sentirse “coaccionado” y aseguró que el acampe del Frente Popular Darío Santillán en la puerta de Tribunales es parte de la “presión” ejercida, no para encontrar justicia sino para lograr “condenas de decenas de años”. “Esto es un circo romano. Las gradas están colmadas y hay un escena teatral, con el guión de la señora fiscal”, completó.
No fue la única vez que en la audiencia se sintió el “afuera”. Cada tanto, se escuchaban los bombos del acampe de los amigos y compañeros de Jeremías Trasante, Claudio “Mono” Suárez y Adrián “Patóm” Rodríguez, los tres chicos de entre 16 y 20 años asesinados. Los familiares estaban dentro y pudieron ver la cara de los acusados cuando ingresaron esposados a la sala del primer piso del palacio de Pellegrini y Balcarce.
Esa maldita pregunta
Algo de lo que afirmó Varela en su alegato inicial es cierto. Los juicios tienen una puesta en escena. Hay una previa, donde las partes ocupan una suerte de cuadrado central. De un lado las cuatro defensas, del otro la fiscalía y las dos querellas por las familias de las víctimas, que se terminan juntando en un escritorio que forma una letra “C”. Cierra esa figura el estrado con las sillas de los tres jueces.
Atrás de ese cuadrado, separados por una barra de madera, los pocos asientos para familiares, funcionarios judiciales, prensa y público. En medio de ellos, los fotógrafos y camarógrafos en busca de imágenes. En eso andaban todos, cada uno en su rol, cuando a las 9.20 un policía con un pasamontañas y portando un arma larga marcó el ingreso de los cuatro acusados.
Las manos esposadas de Mauricio Palavecino, 23 años, fue lo primero que se vio desde el interior. Detrás del joven con vaquero, saco beige y camisa, aparecieron Brian “Pescadito” Sprio, 26 años, pelo con gel, con una campera de cuero, vaquero y zapatillas All Stars; Daniel “Teletubi” Delgado, 24, chomba celeste a tono con sus ojos y el “Quemado” Rodríguez, 44, el único que pareció no haber elegido su ropa.
Ellos no la vieron, pero Roxana, la hermana del Patóm, sentada en la primera fila, al verlos pasar se mordió los labios de bronca, de dolor y de impotencia. En ese momento que vio por primera vez cara a cara a los acusados, el largo camino de lucha hasta llegar al juicio se le cayó encima. “Fue fuertísimo verlos a todos sentados ahí al lado”, dijo a Rosario3.com y contó que en ese momento volvió a pensar: “¿Por qué los mataron?, ¿por qué?, esa maldita pregunta”.
La fiscal Nora Marull vinculó a los acusados con el narcotráfico, dijo que trabajaban con la banda de la familia Cantero y que el asesinato contra los militantes sociales fue una venganza equivocada por un ataque anterior contra Maximiliano “Quemadito” Rodríguez, el hijo del mayor de los sentados en el banquillo, Sergio “Quemado” Rodríguez.
Fue justamente ese hombre, de 44 años, pelo corto algo canoso, vestido con jean y una remera blanca con letras de colores, quien al término de la sesión de casi cuatro horas, pasadas las 13, pidió no presenciar las audiencias porque “teme por su vida”.
El abogado defensor de Rodríguez, Carlos Varela, aseguró que la fiscalía no tiene pruebas, que no hay testigos reales sino personas “manipuladas”, a quienes se les “inoculó un relato”. El letrado dijo sentirse “coaccionado” y aseguró que el acampe del Frente Popular Darío Santillán en la puerta de Tribunales es parte de la “presión” ejercida, no para encontrar justicia sino para lograr “condenas de decenas de años”. “Esto es un circo romano. Las gradas están colmadas y hay un escena teatral, con el guión de la señora fiscal”, completó.
No fue la única vez que en la audiencia se sintió el “afuera”. Cada tanto, se escuchaban los bombos del acampe de los amigos y compañeros de Jeremías Trasante, Claudio “Mono” Suárez y Adrián “Patóm” Rodríguez, los tres chicos de entre 16 y 20 años asesinados. Los familiares estaban dentro y pudieron ver la cara de los acusados cuando ingresaron esposados a la sala del primer piso del palacio de Pellegrini y Balcarce.
Esa maldita pregunta
Algo de lo que afirmó Varela en su alegato inicial es cierto. Los juicios tienen una puesta en escena. Hay una previa, donde las partes ocupan una suerte de cuadrado central. De un lado las cuatro defensas, del otro la fiscalía y las dos querellas por las familias de las víctimas, que se terminan juntando en un escritorio que forma una letra “C”. Cierra esa figura el estrado con las sillas de los tres jueces.
Atrás de ese cuadrado, separados por una barra de madera, los pocos asientos para familiares, funcionarios judiciales, prensa y público. En medio de ellos, los fotógrafos y camarógrafos en busca de imágenes. En eso andaban todos, cada uno en su rol, cuando a las 9.20 un policía con un pasamontañas y portando un arma larga marcó el ingreso de los cuatro acusados.
Las manos esposadas de Mauricio Palavecino, 23 años, fue lo primero que se vio desde el interior. Detrás del joven con vaquero, saco beige y camisa, aparecieron Brian “Pescadito” Sprio, 26 años, pelo con gel, con una campera de cuero, vaquero y zapatillas All Stars; Daniel “Teletubi” Delgado, 24, chomba celeste a tono con sus ojos y el “Quemado” Rodríguez, 44, el único que pareció no haber elegido su ropa.
Ellos no la vieron, pero Roxana, la hermana del Patóm, sentada en la primera fila, al verlos pasar se mordió los labios de bronca, de dolor y de impotencia. En ese momento que vio por primera vez cara a cara a los acusados, el largo camino de lucha hasta llegar al juicio se le cayó encima. “Fue fuertísimo verlos a todos sentados ahí al lado”, dijo a Rosario3.com y contó que en ese momento volvió a pensar: “¿Por qué los mataron?, ¿por qué?, esa maldita pregunta”.
Fuente: Rosario3.com
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