El entrenador sabalero llega al partido ante Ciudad Bolívar en uno de los momentos de mayor presión desde que asumió. El equipo quedó cuarto en la Zona A, la campaña como visitante genera cuestionamientos y los resultados recientes obligan a recuperar terreno rápidamente.
Hoy - Crítica del film "Los insólitos peces gatos"
Miércoles 03 de Septiembre de 2014 - 10:12 hs
Ausencias y Aspiraciones
La directora mexicana Claudia Sainte-Luce ofrece en su primera película una propuesta que depura el exceso de dramatismo en la recurrente temática argumental enfermedad- familia. El film se puede ver hasta hoy en el Cine América.
Organizar la muerte
Dos mujeres se conocen en la sala de internación de un hospital, la intranquilidad de una contrasta con el buen humor de la otra, sin corresponder necesariamente a sus respectivos diagnósticos.
Marta y Claudia comienzan una relación que en principio es pura intromisión de las casualidades, pero que rápidamente será reconfigurado por ambas como una oportunidad vital para aliviar preocupaciones supremas.
Claudia, muchos años menor que Marta, deambulaba sola en su rutina urbana: del trabajo a la casa, situación que indefinidamente se extendía en el transcurso de sus días. La sumisión infinita al tedio se quiebra cuando un fuerte dolor abdominal la lleva de urgencia a una guardia médica en un hospital cercano.
Marta pareciera estar más habituada al hecho de estar tendida en una cama de hospital, recibe la visita de sus hijos y es capaz en ese contexto de comenzar un diálogo que supere el puro intercambio de diagnósticos y dolencias: “-El apéndice no sirve para nada… Estás sola?”. Claudia no tiene visitas, en la ineficiente intimidad del cortinado que separa las dos camas se deja llevar por la intromisión de esos extraños.
Desde ese momento se inicia entre las dos mujeres un vínculo que se alimentará necesariamente de lo arbitrariamente absurdo. Las dos reciben el alta al mismo tiempo, Claudia recién operada camina sola de regreso a su casa cuando Marta y sus hijos la ven desde su auto y se ofrecen a llevarla hasta su casa. También la invitan a comer.
En el transcurso de la película las protagonistas trabajarán laboriosamente para transformar en familiar lo desconocido, volviendo ameno, aunque sin erradicarlo totalmente, el propio dolor. La compatibilidad de los deseos es el eje que mueve a todos los personajes: Marta advierte desde el principio que si muriera sus hijos quedarían solos. Claudia, aunque menos consciente, está igualmente tentada con la idea de convertirse de la noche a la mañana en madre o hermana mayor de esos chicos: “Si yo pudiera cambiaría mi casa, mi familia, toda mi vida”.
La resignación como apertura
Suele enfatizarse en la condición negativa de la resignación, vinculándola con el fracaso de la fuerza de voluntad o configurándola en finales de aceptación apocalíptica: cuando ya no queda nada por hacer, solamente resta aceptarlo.
Sin embargo, existe un momento previo a esos extremos donde la resignación se desvincula del sentimiento débil y posibilita contrariamente, formas vivas de ruptura y regeneración.
Tanto Claudia como Marta y sus hijos están resignados en ese sentido, no combaten lo inevitable, son conscientes de su situación ante lo irreversible que somete la voluntad humana, pero lejos de aceptarlo como derrota de sus deseos, lo reconfiguran hacia una apertura, habilitando horizontes que parecían vedados.
Tal vez Marta no pueda permanecer con sus hijos ni Claudia recuperar una familia que nunca tuvo, pero la aceptación enfática por parte de ellos de lo arbitrario como forma coherente, posibilitará seguramente una nueva configuración para sus vidas. Un acto de pura intuición.
María Eugenia Chaia y Fernando Muñoz
Título original: Los insólitos peces gato (2013)
Año: 2013
Duración: 89 minutos
País: México
Director Claudia Sainte- Luce.
Guión: Claudia Sainte- Luce.
Reparto: Lisa Owen, Ximena Ayala, Sonia Franco.
Dos mujeres se conocen en la sala de internación de un hospital, la intranquilidad de una contrasta con el buen humor de la otra, sin corresponder necesariamente a sus respectivos diagnósticos.
Marta y Claudia comienzan una relación que en principio es pura intromisión de las casualidades, pero que rápidamente será reconfigurado por ambas como una oportunidad vital para aliviar preocupaciones supremas.
Claudia, muchos años menor que Marta, deambulaba sola en su rutina urbana: del trabajo a la casa, situación que indefinidamente se extendía en el transcurso de sus días. La sumisión infinita al tedio se quiebra cuando un fuerte dolor abdominal la lleva de urgencia a una guardia médica en un hospital cercano.
Marta pareciera estar más habituada al hecho de estar tendida en una cama de hospital, recibe la visita de sus hijos y es capaz en ese contexto de comenzar un diálogo que supere el puro intercambio de diagnósticos y dolencias: “-El apéndice no sirve para nada… Estás sola?”. Claudia no tiene visitas, en la ineficiente intimidad del cortinado que separa las dos camas se deja llevar por la intromisión de esos extraños.
Desde ese momento se inicia entre las dos mujeres un vínculo que se alimentará necesariamente de lo arbitrariamente absurdo. Las dos reciben el alta al mismo tiempo, Claudia recién operada camina sola de regreso a su casa cuando Marta y sus hijos la ven desde su auto y se ofrecen a llevarla hasta su casa. También la invitan a comer.
En el transcurso de la película las protagonistas trabajarán laboriosamente para transformar en familiar lo desconocido, volviendo ameno, aunque sin erradicarlo totalmente, el propio dolor. La compatibilidad de los deseos es el eje que mueve a todos los personajes: Marta advierte desde el principio que si muriera sus hijos quedarían solos. Claudia, aunque menos consciente, está igualmente tentada con la idea de convertirse de la noche a la mañana en madre o hermana mayor de esos chicos: “Si yo pudiera cambiaría mi casa, mi familia, toda mi vida”.
La resignación como apertura
Suele enfatizarse en la condición negativa de la resignación, vinculándola con el fracaso de la fuerza de voluntad o configurándola en finales de aceptación apocalíptica: cuando ya no queda nada por hacer, solamente resta aceptarlo.
Sin embargo, existe un momento previo a esos extremos donde la resignación se desvincula del sentimiento débil y posibilita contrariamente, formas vivas de ruptura y regeneración.
Tanto Claudia como Marta y sus hijos están resignados en ese sentido, no combaten lo inevitable, son conscientes de su situación ante lo irreversible que somete la voluntad humana, pero lejos de aceptarlo como derrota de sus deseos, lo reconfiguran hacia una apertura, habilitando horizontes que parecían vedados.
Tal vez Marta no pueda permanecer con sus hijos ni Claudia recuperar una familia que nunca tuvo, pero la aceptación enfática por parte de ellos de lo arbitrario como forma coherente, posibilitará seguramente una nueva configuración para sus vidas. Un acto de pura intuición.
María Eugenia Chaia y Fernando Muñoz
Título original: Los insólitos peces gato (2013)
Año: 2013
Duración: 89 minutos
País: México
Director Claudia Sainte- Luce.
Guión: Claudia Sainte- Luce.
Reparto: Lisa Owen, Ximena Ayala, Sonia Franco.
Fuente: www.radiorevista.net
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