El club y el director técnico continúan las conversaciones, pero están lejos en los números para cerrar la salida. Al entrenador todavía le quedaban dos años y medio de contrato.
Martes 26 de Agosto de 2014 - 18:03 hs
“Relatos salvajes”: Un récord histórico que tiene sus claves
Sus 449.986 espectadores de jueves a domingo superaron a “Metegol”, y es la película con el arranque más fuerte del cine nacional. ¿Qué motiva este éxito? Habla el director.
Actualizado: Lunes 14 de Marzo de 2016 - 00:01 hs
El éxito, las cifras de espectadores que obtuvo Relatos salvajes en su primer fin de semana en cartel -del jueves al domingo- escaparon a todas las previsiones. Los más entusiastas, después del arranque del jueves, con 52.000 entradas vendidas, hicieron el cálculo acostumbrado: la cantidad de público que ve un estreno del jueves representa el 15 % del total del fin de semana. Así, iban a verla 350.000 personas.
Y se equivocaron, no sólo porque la vieron 100.000 espectadores más. Casi un 30% más.
Error.
¿Por qué?
Porque Relatos salvajes dejó de ser un estreno del jueves para convertirse en un fenómeno. Y cuando una película troca y se transforma en “ la película que hay que ver ” no hay cálculos previos ni estadísticas que valgan. Se va abriendo camino sola .
Ya pasó con Titanic, ocurrió con Avatar, y en el cine argentino más reciente, con El secreto de sus ojos. Fueron títulos que aparecían en cualquier conversación de oficina, en charla de amigos. Y si uno no la vio, se queda afuera de toda opinión. En los ejemplos de las producciones extranjeras, eran tanques de Hollywood montados a una campaña de marketing en escala.
Pero cuando una película se transforma en fenómeno, va más allá de sus características, de su género, y de si es buena o no. Si no, recuerden el fenómeno Manuelita.
Relatos salvajes era la película argentina más esperada del año. Los teasers y trailers en los cines y en la web bombardeaban desde el año pasado. Fue en competencia al Festival de cine más importante del mundo, Cannes, y aunque no ganó ningún premio, se vendió a todo el planeta. Y no es un eufemismo: literalmente, no hay país con pantallas de cine que no la haya adquirido.
Algo, entonces universal, tiene la película de Damián Szifron.
Siguiendo con el marketing, además de empapelar la(s) ciudad(es) -no sólo en Buenos Aires-, Relatos salvajes es una coproducción de Telefe, por lo que la pantalla del canal líder en rating no dejó de promocionar su película.
Y ahí vuelve a sumar interés. Szifron hacía diez años que no estrenaba una película (Tiempo de valientes, con Luis Luque y Diego Peretti). Y hacía aún más que el creador de Los simuladores y Hermanos y detectives no presentaba algo nuevo en TV.
Y está el elenco. Un auténtico seleccionado difícil de reunir. Si Ricardo Darín, solo, suele llevar sus películas al umbral del millón de espectadores, qué no esperar si se suman Leonardo Sbaraglia, Oscar Martínez, Darío Grandinetti, Erica Rivas, Julieta Zylberberg y Rita Cortese.
Y, claro, está el tema. Los seis episodios giran, todos, alrededor de perder -o no- el control. Seres comunes que, ante circunstancias que los exceden, estallan. Los personajes de Szifron, aquí son reaccionarios. La mayoría se harta, y se venga. ¿Miden las consecuencias?
Esa es otra cuestión, pero se está haciendo evidente que el feeling del público con la película pasa, más que por el análisis, por la identificación con las situaciones - Bombita, el episodio con Ricardo Darín es el más sintomático: ¿a quién no le llevó el auto la grúa?-. y por el disfrute, ya que el humor tamiza las historias, alguna más tétrica que otra.
Los que conocen el negocio del cine -porque todo éxito conlleva en su génesis un negocio- en la Argentina, ya apuestan a que Relatos salvajes sea la película nacional más popular de la historia. Es un filme para público adulto, como en su momento fueron Tiempo de revanch a, o Un lugar en el mundo, de Aristarain, o El lado oscuro del corazón, de Subiela -ejemplos del boom del cine nacional de los ‘90-. Son otros tiempos, y no sólo en materia cinematográfica, pero ¿Szifron, salvando las distancias, puede alcanzar la popularidad de los filmes de Leonardo Favio?
En los años ‘70 no había TV por cable, Internet, DVD, ni piratería, y si uno quería ver una película - Juan Moreira, Nazareno Cruz y el lobo- debía ir al cine, o esperar sentado en su casa que la estrenaran por la televisión.
Exitistas o no, los argentinos apoyan el cine nacional cuando les tiran un anzuelo y desde la pantalla les despiertan el interés. Eso es cine popular. Los aplausos que cosecha en distintas funciones, horarios, en barrios y ciudades diferentes, confirman que Relatos salvajes se cristalizó en ¿rareza? ¿milagro?
Y se equivocaron, no sólo porque la vieron 100.000 espectadores más. Casi un 30% más.
Error.
¿Por qué?
Porque Relatos salvajes dejó de ser un estreno del jueves para convertirse en un fenómeno. Y cuando una película troca y se transforma en “ la película que hay que ver ” no hay cálculos previos ni estadísticas que valgan. Se va abriendo camino sola .
Ya pasó con Titanic, ocurrió con Avatar, y en el cine argentino más reciente, con El secreto de sus ojos. Fueron títulos que aparecían en cualquier conversación de oficina, en charla de amigos. Y si uno no la vio, se queda afuera de toda opinión. En los ejemplos de las producciones extranjeras, eran tanques de Hollywood montados a una campaña de marketing en escala.
Pero cuando una película se transforma en fenómeno, va más allá de sus características, de su género, y de si es buena o no. Si no, recuerden el fenómeno Manuelita.
Relatos salvajes era la película argentina más esperada del año. Los teasers y trailers en los cines y en la web bombardeaban desde el año pasado. Fue en competencia al Festival de cine más importante del mundo, Cannes, y aunque no ganó ningún premio, se vendió a todo el planeta. Y no es un eufemismo: literalmente, no hay país con pantallas de cine que no la haya adquirido.
Algo, entonces universal, tiene la película de Damián Szifron.
Siguiendo con el marketing, además de empapelar la(s) ciudad(es) -no sólo en Buenos Aires-, Relatos salvajes es una coproducción de Telefe, por lo que la pantalla del canal líder en rating no dejó de promocionar su película.
Y ahí vuelve a sumar interés. Szifron hacía diez años que no estrenaba una película (Tiempo de valientes, con Luis Luque y Diego Peretti). Y hacía aún más que el creador de Los simuladores y Hermanos y detectives no presentaba algo nuevo en TV.
Y está el elenco. Un auténtico seleccionado difícil de reunir. Si Ricardo Darín, solo, suele llevar sus películas al umbral del millón de espectadores, qué no esperar si se suman Leonardo Sbaraglia, Oscar Martínez, Darío Grandinetti, Erica Rivas, Julieta Zylberberg y Rita Cortese.
Y, claro, está el tema. Los seis episodios giran, todos, alrededor de perder -o no- el control. Seres comunes que, ante circunstancias que los exceden, estallan. Los personajes de Szifron, aquí son reaccionarios. La mayoría se harta, y se venga. ¿Miden las consecuencias?
Esa es otra cuestión, pero se está haciendo evidente que el feeling del público con la película pasa, más que por el análisis, por la identificación con las situaciones - Bombita, el episodio con Ricardo Darín es el más sintomático: ¿a quién no le llevó el auto la grúa?-. y por el disfrute, ya que el humor tamiza las historias, alguna más tétrica que otra.
Los que conocen el negocio del cine -porque todo éxito conlleva en su génesis un negocio- en la Argentina, ya apuestan a que Relatos salvajes sea la película nacional más popular de la historia. Es un filme para público adulto, como en su momento fueron Tiempo de revanch a, o Un lugar en el mundo, de Aristarain, o El lado oscuro del corazón, de Subiela -ejemplos del boom del cine nacional de los ‘90-. Son otros tiempos, y no sólo en materia cinematográfica, pero ¿Szifron, salvando las distancias, puede alcanzar la popularidad de los filmes de Leonardo Favio?
En los años ‘70 no había TV por cable, Internet, DVD, ni piratería, y si uno quería ver una película - Juan Moreira, Nazareno Cruz y el lobo- debía ir al cine, o esperar sentado en su casa que la estrenaran por la televisión.
Exitistas o no, los argentinos apoyan el cine nacional cuando les tiran un anzuelo y desde la pantalla les despiertan el interés. Eso es cine popular. Los aplausos que cosecha en distintas funciones, horarios, en barrios y ciudades diferentes, confirman que Relatos salvajes se cristalizó en ¿rareza? ¿milagro?
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