Se debe a trabajos de Aguas Santafesinas y otros de bacheo llevados a cabo por la Municipalidad de Santa Fe en distintos sectores de la ciudad.
Miércoles 20 de Noviembre de 2013 - 13:03 hs
El más osado y obediente soldado de la causa kirchnerista
Ayer renunció el implacable, caprichoso, violento y religioso ferviente Guillermo Moreno. Se va del escenario central del kirchnerismo el artífice de seis años de mentiras mensuales que se publicaban desde el Indec como oficiales y que terminaron por sacar al país del mundo de los negocios. Se va el bravucón estatal que se paseaba por la Plaza de Mayo con matones a sueldo. Se va el encargado de ejecutar uno de los pilares de la gestión de Néstor y Cristina Kirchner: infundir miedo, agredir y someter al empresariado argentino.
Desde su cargo de secretario de Comercio Interior hizo de todo. Maltrató a cuanto empresario se paró en su despacho; vapuleó al campo y a quienes apoyaron aquella movilización de 2008; intervino compañías y negoció precios con supermercados argentinos, franceses, chinos, norteamericanos o chilenos. Demandó sin piedad a quienes lo enfrentaron y perdió -también sin piedad- en cada uno de los casos judiciales que inició. Militó, gritó y no escuchó ninguna voz excepto la de sus jefes: Néstor y Cristina. Prohibió exportar carnes; exigió renuncias de ejecutivos; gobernó los precios de todos los sectores posibles; manejó la crisis energética y les apagó los hornos a las empresas que gastaban mucho gas. Repartió guantes de boxeo en una asamblea de Papel Prensa y viajó a Angola en un avión empapelado con cotillón anti-Clarín, rodeado de un centenar de empresarios que festejaron el cotillón mediático del funcionario.
Administró el nivel de los diques; pugnó por la construcción de una refinería de petróleo; ilusionó a miles de inquilinos con créditos hipotecarios para que pudieran convertirse en dueños; bregó por la instalación de puestos de ropa barata en los shoppings y se trenzó con el campo. Intervino el mercado cambiario para los ahorristas y pugnó para que llegaran dólares al país sin importar si fueron originados en el delito o en el trabajo.
Pero hubo una obra con la que coronó su trabajo. El soldado más osado del kirchnerismo en el mundo económico obedeció sin dudar cuando bajó la orden de la Casa Rosada: intervino el Indec, desplazó a empujones a empleados de carrera, trajo su tropa y mintió una vez por mes cada vez que se publicaron las estadísticas de la inflación.
Fue en el anterior cargo de secretario de Comunicaciones -que ejerció desde que asumió Néstor Kirchner hasta que su jefe político lo nombró en la Secretaría de Comercio Interior- cuando los empresarios empezaron a conocer sus particulares formas. "Les voy a explicar una cosa: esta nueva gestión se va a manejar con pelotas y el que tiene las pelotas más grandes soy yo. ¿Me escucharon?", gritó Moreno frente a tres ejecutivos de una firma de telecomunicaciones.
En aquellos años, en Canadá y sin licitación, alquiló por 2,1 millones de dólares el satélite Anik E2, un aparato que daba vueltas alrededor de la Tierra desde 1991. Nunca funcionó, pero igual lo bautizó Pueblo Peronista (PP) Sat 1, en honor a la unidad básica que fundó en Las Cañitas, en Belgrano.
El "Napia", economista y ferretero, obediente como pocos, fue un cruzado que no admitía la disidencia. Ni siquiera la propia. "Soy un soldado", repitió hasta cansarse mientras obedecía cada uno de los pedidos de los Kirchner.
Rodeado de cotillón sacro, Moreno intentó crear una realidad paralela en un mundo que está gobernado por la oferta y la demanda. Jamás creyó en los mercados, aunque confía en que se debe usar el poder del Estado para equilibrar la economía. Y así lo hizo.
Su pelea con el campo lo cegó. Confeccionó listas de precios máximos de la carne y los controló el Mercado de Liniers. En 2012, la Argentina, históricamente uno de los mayores abastecedores de carne vacuna del mundo fue, de los cuatro socios originales del Mercosur, el que menos carne exportó, por detrás de Brasil, Uruguay y Paraguay. Metió mano en el mercado del trigo y, con el paso de los años, ,cada vez se siembra menos cereal, se elabora menos harina y el precio del pan no deja de subir.
Compuso un personaje que poco tenía que ver con aquel joven economista que fue funcionario del ex intendente porteño Carlos Grosso. "Si hace frío, pone el aire acondicionado del despacho al mínimo para que su interlocutor esté incómodo. Y si hace calor, al revés: lo hace transpirar", contó una fuente que lo conoce de cerca.
Pero hubo una tarea a la que se dedicó con paciencia: fue el encargado de pisar los precios de servicios públicos, combustibles o productos de consumo masivo. Así logró depreciar muchos activos y propiciar así la llegada de empresarios amigos en busca de saldos de ocasión.
Más allá de los fracasos, la intervención del Indec fue el trofeo que ofrendó a sus jefes. "El ahorro que Moreno hizo al fisco es importante. Por cada punto de dibujo en el índice de inflación, el Estado deja de pagar cerca de US$ 300 millones que le correspondería pagar por los títulos indexados por CER. Póngale el porcentaje que quiera a la inflación; digamos 10 puntos más por año. Hay un ahorro anual de US$ 3000 millones de dólares. ¿Le parece poco? -se preguntó un economista cercano a Moreno. Y luego finalizó-. Ahí tiene la verdadera razón de la intervención del Indec. Y la fidelidad de los Kirchner".
Desde su cargo de secretario de Comercio Interior hizo de todo. Maltrató a cuanto empresario se paró en su despacho; vapuleó al campo y a quienes apoyaron aquella movilización de 2008; intervino compañías y negoció precios con supermercados argentinos, franceses, chinos, norteamericanos o chilenos. Demandó sin piedad a quienes lo enfrentaron y perdió -también sin piedad- en cada uno de los casos judiciales que inició. Militó, gritó y no escuchó ninguna voz excepto la de sus jefes: Néstor y Cristina. Prohibió exportar carnes; exigió renuncias de ejecutivos; gobernó los precios de todos los sectores posibles; manejó la crisis energética y les apagó los hornos a las empresas que gastaban mucho gas. Repartió guantes de boxeo en una asamblea de Papel Prensa y viajó a Angola en un avión empapelado con cotillón anti-Clarín, rodeado de un centenar de empresarios que festejaron el cotillón mediático del funcionario.
Administró el nivel de los diques; pugnó por la construcción de una refinería de petróleo; ilusionó a miles de inquilinos con créditos hipotecarios para que pudieran convertirse en dueños; bregó por la instalación de puestos de ropa barata en los shoppings y se trenzó con el campo. Intervino el mercado cambiario para los ahorristas y pugnó para que llegaran dólares al país sin importar si fueron originados en el delito o en el trabajo.
Pero hubo una obra con la que coronó su trabajo. El soldado más osado del kirchnerismo en el mundo económico obedeció sin dudar cuando bajó la orden de la Casa Rosada: intervino el Indec, desplazó a empujones a empleados de carrera, trajo su tropa y mintió una vez por mes cada vez que se publicaron las estadísticas de la inflación.
Fue en el anterior cargo de secretario de Comunicaciones -que ejerció desde que asumió Néstor Kirchner hasta que su jefe político lo nombró en la Secretaría de Comercio Interior- cuando los empresarios empezaron a conocer sus particulares formas. "Les voy a explicar una cosa: esta nueva gestión se va a manejar con pelotas y el que tiene las pelotas más grandes soy yo. ¿Me escucharon?", gritó Moreno frente a tres ejecutivos de una firma de telecomunicaciones.
En aquellos años, en Canadá y sin licitación, alquiló por 2,1 millones de dólares el satélite Anik E2, un aparato que daba vueltas alrededor de la Tierra desde 1991. Nunca funcionó, pero igual lo bautizó Pueblo Peronista (PP) Sat 1, en honor a la unidad básica que fundó en Las Cañitas, en Belgrano.
El "Napia", economista y ferretero, obediente como pocos, fue un cruzado que no admitía la disidencia. Ni siquiera la propia. "Soy un soldado", repitió hasta cansarse mientras obedecía cada uno de los pedidos de los Kirchner.
Rodeado de cotillón sacro, Moreno intentó crear una realidad paralela en un mundo que está gobernado por la oferta y la demanda. Jamás creyó en los mercados, aunque confía en que se debe usar el poder del Estado para equilibrar la economía. Y así lo hizo.
Su pelea con el campo lo cegó. Confeccionó listas de precios máximos de la carne y los controló el Mercado de Liniers. En 2012, la Argentina, históricamente uno de los mayores abastecedores de carne vacuna del mundo fue, de los cuatro socios originales del Mercosur, el que menos carne exportó, por detrás de Brasil, Uruguay y Paraguay. Metió mano en el mercado del trigo y, con el paso de los años, ,cada vez se siembra menos cereal, se elabora menos harina y el precio del pan no deja de subir.
Compuso un personaje que poco tenía que ver con aquel joven economista que fue funcionario del ex intendente porteño Carlos Grosso. "Si hace frío, pone el aire acondicionado del despacho al mínimo para que su interlocutor esté incómodo. Y si hace calor, al revés: lo hace transpirar", contó una fuente que lo conoce de cerca.
Pero hubo una tarea a la que se dedicó con paciencia: fue el encargado de pisar los precios de servicios públicos, combustibles o productos de consumo masivo. Así logró depreciar muchos activos y propiciar así la llegada de empresarios amigos en busca de saldos de ocasión.
Más allá de los fracasos, la intervención del Indec fue el trofeo que ofrendó a sus jefes. "El ahorro que Moreno hizo al fisco es importante. Por cada punto de dibujo en el índice de inflación, el Estado deja de pagar cerca de US$ 300 millones que le correspondería pagar por los títulos indexados por CER. Póngale el porcentaje que quiera a la inflación; digamos 10 puntos más por año. Hay un ahorro anual de US$ 3000 millones de dólares. ¿Le parece poco? -se preguntó un economista cercano a Moreno. Y luego finalizó-. Ahí tiene la verdadera razón de la intervención del Indec. Y la fidelidad de los Kirchner".
Fuente: La Nación
Seguí leyendo
María Laura Lafuente fue vista por última vez en la madrugada del 20 de abril. Es de tez blanca, contextura delgada, 1,56 metros de estatura, cabellos castaños ondulados y ojos celestes. El periodista Marcelo Colombo dio detalles de los últimos pasos de la joven.
El establecimiento N°3098 organizó una serie de actividades para visibilizar una postura diferente a los desafíos negativos que circulan en las redes sociales. Invitan a otras escuelas a sumarse a la iniciativa.
El dirigente de básquet de Unión hizo un balance del año, reconoció dificultades y dejó abierta la puerta a cambios de cara al futuro.
Brighton venció 3-0 a Chelsea, que quedó muy comprometido en la Premier League y acumula 7 derrotas en sus últimos 8 partidos.
A través de un mensaje en redes sociales, Javier Milei confirmó que remitirá la iniciativa al Congreso y la presentó con una advertencia: “Se acabó la impunidad”.
Lo hizo la Sociedad Rural frente a los anegamientos y caminos intransitables en la zona.
El arquitecto Rubén Cabrera explicó los alcances de una investigación que busca transformar los espacios vacíos del casco central en viviendas y zonas de uso mixto.