Se había ido de su casa el pasado lunes, en horas de la madrugada y se vio por última vez a través de una cámara de seguridad en el centro de la ciudad de Coronda.
Hoy - En provincia de Buenos Aires
Lunes 28 de Octubre de 2013 - 01:15 hs
Sergio Massa le sacó 12 puntos de ventaja a Martín Insaurralde
El candidato kirchnerista llamó al intendente de Tigre y lo felicitó por su triunfo. Scioli, el gran derrotado en Buenos Aires. El frente Renovador obtuvo 16 bancas, el kirchnerismo 12 y el Frente Progresista 5.
Sergio Massa reunió a los integrantes de su círculo rojo en su despacho de la municipalidad de Tigre para ver con ellos las primeras tendencias oficiales. Pasadas las 21, los números que exhibían las pantallas no lo sorprendían. No hubo lágrimas, como en las PASO. Se abrazó con Malena Galmarini, su mujer, y se quedó aprisionado a ella cerca de un minuto, mientras se decían cosas al oído. Cuando se separaron, el intendente empezó a cantar una canción de cancha y a agitar los brazos como en una tribuna. Al cabo de varios minutos, cuando logró tranquilizarse, dijo: “Ahora que estamos acá solos, que somos poquitos y que nadie nos ve. Díganme la verdad: ¿No es impresionante lo que hicimos? Vamos, vamos..., ¡Vamos carajooo!”, gritó.
Y sí, hay que decirlo: el número impresiona.
Más del 43 por ciento de los sufragios en la provincia más grande del país, con cerca de 12 puntos de diferencia del candidato kirchnerista colocan a Massa al frente de una victoria histórica ni más ni menos que en el bastión electoral del Gobierno y con una fuerza creada apenas 120 días antes de las elecciones. El éxito electoral, además, lo pone en carrera por la sucesión de Cristina Kirchner.
Se discutirá cuánto hay de mérito en el Frente Renovador y cuánto de desencanto con la Casa Rosada, amén de los errores que pudieron haber cometido los candidatos oficialistas. Pero algo es indiscutible: Massa obtuvo más del doble de votos que en las primarias de agosto y logró disminuir la diferencia en lugares impensados, como La Matanza, donde votan más de un millón de electores y donde el kirchnerismo nunca había estado en riesgo. En las primarias, Martín Insaurralde había ganado por más de diez. “La victoria obliga a cruzar la frontera y caminar la Argentina. Pero no da derechos, es una responsabilidad”, dijo Massa en el discurso que brindó en el búnker montado en el Pipa Tigre, el estadio en el que jugaron Federer y Del Potro, a espaldas del Mercado de Frutos. En ese ámbito, concebido como un moderno y gigantesco estudio de televisión decorado con los colores de la campaña –rojo, negro y amarillo–, el intendente intentó mostrarse moderado. Su aparición ocurrió apenas dos minutos después del discurso de Amado Boudou en el búnker K.
Sus palabras no pudieron, sin embargo, contener la euforia de los dirigentes que lo rodean. “¿Doce puntos de ventaja? ¿Por qué estás tan pesimista? Vamos a llegar a más”, decía Juan José Alvarez, uno de los miembros de la mesa chica del massismo. “Es una locura de votos. Hay que ver cómo le pega esto a Sergio”, decía uno de los colaboradores del líder del espacio.
El búnker era un ir y venir de dirigentes, candidatos y artistas. Los protagonistas, por decisión de Massa, eran los 20 intendentes que lo acompañaron en la excursión electoral. Darío Giustozzi, de Almirante Brown; Gabriel Katopodis, de San Martín; y Joaquín de la Torre, de San Miguel, eran los más mimados por el ganador. Massa se les subía a upa, gritaba, los felicitaba y les decía: “Gracias”. Los economistas Martín redrado, Miguel Peirano y Ricardo Delgado también ocupaban un lugar de protagonismo. Y a Roberto Lavagna lo hacían pasar por la alfombra roja que montaron en la puerta, como en un avant premiere, para que hablara con los periodistas.
La música sonaba a todo volumen. Las canciones de Los auténticos decadentes, Turf, Fito Páez y sobre todo la del spot de Axel eran coreadas por cientos de militantes. Cuando llegó, Massa caminó hasta el atril de la mano de sus hijos, Mili y Toto, y de su mujer. Al pronunciar las primeras palabras, hubo un intento por cantar el himno nacional. A Massa le gustó, lo tarareó haciendo la “V” de la victoria.
Y sí, hay que decirlo: el número impresiona.
Más del 43 por ciento de los sufragios en la provincia más grande del país, con cerca de 12 puntos de diferencia del candidato kirchnerista colocan a Massa al frente de una victoria histórica ni más ni menos que en el bastión electoral del Gobierno y con una fuerza creada apenas 120 días antes de las elecciones. El éxito electoral, además, lo pone en carrera por la sucesión de Cristina Kirchner.
Se discutirá cuánto hay de mérito en el Frente Renovador y cuánto de desencanto con la Casa Rosada, amén de los errores que pudieron haber cometido los candidatos oficialistas. Pero algo es indiscutible: Massa obtuvo más del doble de votos que en las primarias de agosto y logró disminuir la diferencia en lugares impensados, como La Matanza, donde votan más de un millón de electores y donde el kirchnerismo nunca había estado en riesgo. En las primarias, Martín Insaurralde había ganado por más de diez. “La victoria obliga a cruzar la frontera y caminar la Argentina. Pero no da derechos, es una responsabilidad”, dijo Massa en el discurso que brindó en el búnker montado en el Pipa Tigre, el estadio en el que jugaron Federer y Del Potro, a espaldas del Mercado de Frutos. En ese ámbito, concebido como un moderno y gigantesco estudio de televisión decorado con los colores de la campaña –rojo, negro y amarillo–, el intendente intentó mostrarse moderado. Su aparición ocurrió apenas dos minutos después del discurso de Amado Boudou en el búnker K.
Sus palabras no pudieron, sin embargo, contener la euforia de los dirigentes que lo rodean. “¿Doce puntos de ventaja? ¿Por qué estás tan pesimista? Vamos a llegar a más”, decía Juan José Alvarez, uno de los miembros de la mesa chica del massismo. “Es una locura de votos. Hay que ver cómo le pega esto a Sergio”, decía uno de los colaboradores del líder del espacio.
El búnker era un ir y venir de dirigentes, candidatos y artistas. Los protagonistas, por decisión de Massa, eran los 20 intendentes que lo acompañaron en la excursión electoral. Darío Giustozzi, de Almirante Brown; Gabriel Katopodis, de San Martín; y Joaquín de la Torre, de San Miguel, eran los más mimados por el ganador. Massa se les subía a upa, gritaba, los felicitaba y les decía: “Gracias”. Los economistas Martín redrado, Miguel Peirano y Ricardo Delgado también ocupaban un lugar de protagonismo. Y a Roberto Lavagna lo hacían pasar por la alfombra roja que montaron en la puerta, como en un avant premiere, para que hablara con los periodistas.
La música sonaba a todo volumen. Las canciones de Los auténticos decadentes, Turf, Fito Páez y sobre todo la del spot de Axel eran coreadas por cientos de militantes. Cuando llegó, Massa caminó hasta el atril de la mano de sus hijos, Mili y Toto, y de su mujer. Al pronunciar las primeras palabras, hubo un intento por cantar el himno nacional. A Massa le gustó, lo tarareó haciendo la “V” de la victoria.
Fuente: Infobae
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