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Viernes 05 de Julio de 2013 - 11:19 hs
La primera encíclica de Francisco advierte sobre la crisis de verdad
La base del texto corresponde a Benedicto XVI y se refiere al matrimonio como "una unión estable". Durante la presentación, el cardenal canadiense Marc Ouellet definió la encíclica como "una catequesis a cuatro manos"
La primera encíclica del papa Francisco es también la última de Benedicto XVI. La redacción de los cuatro capítulos de Lumen Fidei (La luz de la fe) refleja el marcado estilo de Joseph Ratzinger y, de hecho, Jorge Mario Bergoglio reconoce que su predecesor "ya había completado prácticamente" el texto: "Se lo agradezco de corazón y, en la fraternidad de Cristo, asumo su precioso trabajo, añadiendo algunas aportaciones". La encíclica, que reclama la vigencia de la fe frente a la "verdad tecnológica", se refiere en un pasaje al matrimonio como una "unión estable [no utiliza la palabra indisoluble] de un hombre y una mujer", y añade: "La bondad de la diferenciación sexual permite a los cónyuges unirse en una sola carne".
Durante la presentación, el cardenal canadiense Marc Ouellet definió la encíclica como "una catequesis a cuatro manos", y monseñor Gerhard Ludwig Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha justificado por qué no está firmada de forma conjunta: "No tenemos dos papas, solo tenemos un papa. En la encíclica hay mucho del papa Benedicto, pero hay todo del papa Francesco". No deja de ser curioso que, al contrario de lo que suele ser habitual, la Santa Sede no distribuyó una fotografía del Papa firmando la encíclica, pero sí de una imagen de Ratzinger y Bergoglio "de los dos protagonistas juntos" en el Vaticano.
De los cuatro capítulos --el texto no llega al centenar de páginas--, el segundo aborda la relación entre la fe y la verdad: "Recuperar la conexión de la fe con la verdad es hoy aún más necesario, precisamente por la crisis de verdad en que nos encontramos. En la cultura contemporánea se tiende a menudo a aceptar como verdad solo la verdad tecnológica: es verdad aquello que el hombre consigue construir y medir con su ciencia; es verdad porque funciona y así hace más cómoda y fácil la vida". Y añade: "La verdad grande, la verdad que explica la vida personal y social en su conjunto, es vista con sospecha".
Ya en la introducción, el Papa plantea la pregunta de si la fe es una luz ilusoria: "En la época moderna se ha pensado que esa luz podía bastar para las sociedades antiguas, pero que ya no sirve para los tiempos nuevos, para el hombre adulto, ufano de su razón, ávido de explorar el futuro de una nueva forma (...). El joven Nietzsche invitaba a su hermana Elisabeth a arriesgarse, a "emprender nuevos caminos... con la inseguridad de quien procede autónomamente". Y añadía: "Aquí se dividen los caminos del hombre; si quieres alcanzar paz en el alma y felicidad, cree; pero si quieres ser discípulo de la verdad, indaga". La encíclica sostiene que "poco a poco, sin embargo, se ha visto que la luz de la razón autónoma no logra iluminar suficientemente el futuro; al final, éste queda en la oscuridad, y deja al hombre con el miedo a lo desconocido".
Para sostener que la fe no habita en la oscuridad, la introducción de la encíclica --que ya se ha referido a Nietzsche, utiliza ahora una cita de Dante, quien en la Divina Comedia, después de haber confesado su fe ante san Pedro, la define como una "chispa,/ que se convierte en una llama cada vez más ardiente/ y centellea en mí, cual estrella en el cielo". La mano de Joseph Ratzinger se nota además en la profusión y carácter de las citas. Desde Martin Buber (1878-1965), un filósofo judío de origen austriaco, a Dostoievski en su obra El idiota.
Durante la presentación, el cardenal canadiense Marc Ouellet definió la encíclica como "una catequesis a cuatro manos", y monseñor Gerhard Ludwig Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha justificado por qué no está firmada de forma conjunta: "No tenemos dos papas, solo tenemos un papa. En la encíclica hay mucho del papa Benedicto, pero hay todo del papa Francesco". No deja de ser curioso que, al contrario de lo que suele ser habitual, la Santa Sede no distribuyó una fotografía del Papa firmando la encíclica, pero sí de una imagen de Ratzinger y Bergoglio "de los dos protagonistas juntos" en el Vaticano.
De los cuatro capítulos --el texto no llega al centenar de páginas--, el segundo aborda la relación entre la fe y la verdad: "Recuperar la conexión de la fe con la verdad es hoy aún más necesario, precisamente por la crisis de verdad en que nos encontramos. En la cultura contemporánea se tiende a menudo a aceptar como verdad solo la verdad tecnológica: es verdad aquello que el hombre consigue construir y medir con su ciencia; es verdad porque funciona y así hace más cómoda y fácil la vida". Y añade: "La verdad grande, la verdad que explica la vida personal y social en su conjunto, es vista con sospecha".
Ya en la introducción, el Papa plantea la pregunta de si la fe es una luz ilusoria: "En la época moderna se ha pensado que esa luz podía bastar para las sociedades antiguas, pero que ya no sirve para los tiempos nuevos, para el hombre adulto, ufano de su razón, ávido de explorar el futuro de una nueva forma (...). El joven Nietzsche invitaba a su hermana Elisabeth a arriesgarse, a "emprender nuevos caminos... con la inseguridad de quien procede autónomamente". Y añadía: "Aquí se dividen los caminos del hombre; si quieres alcanzar paz en el alma y felicidad, cree; pero si quieres ser discípulo de la verdad, indaga". La encíclica sostiene que "poco a poco, sin embargo, se ha visto que la luz de la razón autónoma no logra iluminar suficientemente el futuro; al final, éste queda en la oscuridad, y deja al hombre con el miedo a lo desconocido".
Para sostener que la fe no habita en la oscuridad, la introducción de la encíclica --que ya se ha referido a Nietzsche, utiliza ahora una cita de Dante, quien en la Divina Comedia, después de haber confesado su fe ante san Pedro, la define como una "chispa,/ que se convierte en una llama cada vez más ardiente/ y centellea en mí, cual estrella en el cielo". La mano de Joseph Ratzinger se nota además en la profusión y carácter de las citas. Desde Martin Buber (1878-1965), un filósofo judío de origen austriaco, a Dostoievski en su obra El idiota.
Fuente: elpais.com
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