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Miércoles 03 de Julio de 2013 - 08:31 hs
El Gobierno se asegura un Central obediente para después de octubre
La presidenta Cristina Kirchner nombró a un hombre cercano del entorno del secretario de Política Económica, Axel Kicillof, como nuevo integrante en el organismo. A través del decreto 850/2013, publicado en el Boletín Oficial, la Casa Rosada colocó al licenciado en Economía, Pablo Julio López, en un lugar clave en donde decide la política de la entidad. Con este nombramiento, se refuerza la influencia de Kicillof, cuyo primer signo quedó reflejado la semana pasada cuando concurrió a una audiencia del organismo para pedir bajar las tasas.
En la práctica, el cambio podría no ser tal ya que muy probablemente implicará que la entidad que conduce Marcó del Pont seguirá financiando al Tesoro sin contratiempos. Para tomar una magnitud de lo que esto significa, de acuerdo con el balance de la entidad monetaria al 31 de mayo último, del total de su activo de u$s 110.883 millones, el 57,3% está formado por títulos públicos y adelantos transitorios otorgados al Tesoro: un monto representativo de casi u$s 63.500 millones, sumando u$s 38.532 millones en títulos y u$s 24.657 en adelantos transitorios.
Sin embargo es posible ir más allá: un rápido análisis arroja al menos tres lecturas ineludibles que se hacen hoy en la city. Por un lado, el nombramiento evidencia el peso relativo que ha ganado Kicillof -ideólogo del desdoblamiento cambiario en marcha- en detrimento de Hernán Lorenzino. El ministro perdió la última semana al secretario de Finanzas Adrian Cosentino como enlace oficial entre el ministerio de Hacienda y el Banco Central.
Por otro, habrá que tomar nota del momento en el que ocurre este cambio: con bajo perfil y cediendo a las presiones del mercado, Marcó del Pont ha echado en las últimas semanas mano al herramental ortodoxo del que tanto reniega y no sólo parece haber dispuesto una suba de tasas de interés, sino también haber intentado un freno en la emisión monetaria.
Luego de la disparada del blue, la titular del BCRA subió las tasas de interés de un 15% a un 18%, un salto que implicó una suba de más de 300 puntos básicos en esa variable. En cuanto a la base monetaria, pasó de expandirse a un ritmo del 40% anual a un 33%, en parte porque el BCRA compró muchas menos divisas. El pedido de Kicillof para que se bajen las tasas implica una corrección o un llamado de atención que podría derivar en cambios inmediatos en la política monetaria.
Si bien se descontaba que la intención del Gobierno es no hacer olas antes de octubre, por lo menos en materia económica, el BCRA parece ser una excepción. La razón es sencilla: entre agosto y septiembre vencen los mandatos de tres de los siete directores en funciones del Central. Con el nuevo nombramiento, el Gobierno se asegura que el BCRA podrá seguir funcionando incluso si se dejan vacantes esos lugares.
En rigor, si la presidenta decide no renovarles sus mandatos, entre agosto y septiembre deberán dejar su puesto en el BCRA Carlos Pérez, que había aterrizado en la entidad de la mano de Martín Redrado; Carlos Sánchez, un pingüino que ocupara la Superintendencia de Bancos pero que luego fue removido y Gabriela Ciganotto, una contadora de Santa Cruz que ocupó la presidencia del Banco Nación entre 2006 y 2008.
Con la entrada de Pablo López, el directorio podría estar al borde de una rara avis ya que ninguna de las autoridades ha tenido el visto bueno del Senado. Incluso Marcó del Pont, que asumió en 2010 el cargo, nunca pudo obtener que la Cámara alta trate su pliego como tampoco los cuatro directores designados en los últimos años.
Con la potencial salida de Pérez, Sánchez y Ciganotto, el nombramiento de López le asegura al Gobierno que el directorio del Central podrá seguir en funcionamiento más allá de octubre. La Carta Orgánica del BCRA establece que la Presidenta es quien debe designar a los directores del Central. De todas formas, luego los pliegos deben pasar por el Congreso para evitar que el Ejecutivo tenga la posibilidad de remover a los directores de su cargo de un día para el otro.
López es docente de la facultad de Ciencias Económicas de la UBA, y ocupará su nuevo rol durante 6 años. Se desempeñaba como director nacional de Política Macroeconómica de la Subsecretaría de Programación Macroeconómica de la Secretaría de Política Económica y Planificación de Desarrollo en el Ministerio de Economía, bajo el área de Kicillof.
En la práctica, el cambio podría no ser tal ya que muy probablemente implicará que la entidad que conduce Marcó del Pont seguirá financiando al Tesoro sin contratiempos. Para tomar una magnitud de lo que esto significa, de acuerdo con el balance de la entidad monetaria al 31 de mayo último, del total de su activo de u$s 110.883 millones, el 57,3% está formado por títulos públicos y adelantos transitorios otorgados al Tesoro: un monto representativo de casi u$s 63.500 millones, sumando u$s 38.532 millones en títulos y u$s 24.657 en adelantos transitorios.
Sin embargo es posible ir más allá: un rápido análisis arroja al menos tres lecturas ineludibles que se hacen hoy en la city. Por un lado, el nombramiento evidencia el peso relativo que ha ganado Kicillof -ideólogo del desdoblamiento cambiario en marcha- en detrimento de Hernán Lorenzino. El ministro perdió la última semana al secretario de Finanzas Adrian Cosentino como enlace oficial entre el ministerio de Hacienda y el Banco Central.
Por otro, habrá que tomar nota del momento en el que ocurre este cambio: con bajo perfil y cediendo a las presiones del mercado, Marcó del Pont ha echado en las últimas semanas mano al herramental ortodoxo del que tanto reniega y no sólo parece haber dispuesto una suba de tasas de interés, sino también haber intentado un freno en la emisión monetaria.
Luego de la disparada del blue, la titular del BCRA subió las tasas de interés de un 15% a un 18%, un salto que implicó una suba de más de 300 puntos básicos en esa variable. En cuanto a la base monetaria, pasó de expandirse a un ritmo del 40% anual a un 33%, en parte porque el BCRA compró muchas menos divisas. El pedido de Kicillof para que se bajen las tasas implica una corrección o un llamado de atención que podría derivar en cambios inmediatos en la política monetaria.
Si bien se descontaba que la intención del Gobierno es no hacer olas antes de octubre, por lo menos en materia económica, el BCRA parece ser una excepción. La razón es sencilla: entre agosto y septiembre vencen los mandatos de tres de los siete directores en funciones del Central. Con el nuevo nombramiento, el Gobierno se asegura que el BCRA podrá seguir funcionando incluso si se dejan vacantes esos lugares.
En rigor, si la presidenta decide no renovarles sus mandatos, entre agosto y septiembre deberán dejar su puesto en el BCRA Carlos Pérez, que había aterrizado en la entidad de la mano de Martín Redrado; Carlos Sánchez, un pingüino que ocupara la Superintendencia de Bancos pero que luego fue removido y Gabriela Ciganotto, una contadora de Santa Cruz que ocupó la presidencia del Banco Nación entre 2006 y 2008.
Con la entrada de Pablo López, el directorio podría estar al borde de una rara avis ya que ninguna de las autoridades ha tenido el visto bueno del Senado. Incluso Marcó del Pont, que asumió en 2010 el cargo, nunca pudo obtener que la Cámara alta trate su pliego como tampoco los cuatro directores designados en los últimos años.
Con la potencial salida de Pérez, Sánchez y Ciganotto, el nombramiento de López le asegura al Gobierno que el directorio del Central podrá seguir en funcionamiento más allá de octubre. La Carta Orgánica del BCRA establece que la Presidenta es quien debe designar a los directores del Central. De todas formas, luego los pliegos deben pasar por el Congreso para evitar que el Ejecutivo tenga la posibilidad de remover a los directores de su cargo de un día para el otro.
López es docente de la facultad de Ciencias Económicas de la UBA, y ocupará su nuevo rol durante 6 años. Se desempeñaba como director nacional de Política Macroeconómica de la Subsecretaría de Programación Macroeconómica de la Secretaría de Política Económica y Planificación de Desarrollo en el Ministerio de Economía, bajo el área de Kicillof.
Fuente: cronista.com
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