Habitualmente descartadas tras el uso, pueden convertirse en aliadas inesperadas del reciclaje doméstico
Jueves 14 de Marzo de 2013 - 07:55 hs
Uno de cada dos mexicanos nace mediante cesárea
En México cada vez menos niños nacen en domingo. Cerca de la mitad vienen al mundo por cesárea, a ser posible programada y de lunes a viernes. Ana Luisa Torres supo que había acertado al escoger ginecólogo cuando lo llamó un festivo para hacerle una consulta. “Me dijo que tenía poco tiempo porque tenía un parto. Era domingo, eso me dejó tranquila”, dice. Torres nada contracorriente en un mundo en el que la cesárea se ha impuesto llevándose por delante todas las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Ni un embarazo es una enfermedad, ni un parto necesita una intervención quirúrgica. El cuerpo de la mujer está preparado para dar a luz y una cesárea suma de manera innecesaria los riesgos de pasar por el quirófano y no aporta ningún beneficio. La posibilidad de un ingreso en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) es 10 veces mayor en un parto por cesárea programada que en un parto vaginal normal, según la OMS. Pese a las advertencias de todos los organismos mundiales, las cifras en México aumentan de manera vertiginosa a favor de la intervención.
En el hospital privado Médica Sur del Distrito Federal, 75 de cada cien madres no se enteran de su parto. Ni respiraciones, ni esfuerzo. Rápido y sin dolor. La tendencia no es exclusiva de los centros privados. En los públicos nacen por cesárea el 41% de los bebés, según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de 2012. Una cifra muy por encima del 15% que la OMS considera normal. La ONG mexicana El Poder del Consumidor asegura que en 2012 México fue el país del mundo en el que se practicaron más cesáreas. Un patrón que se repite por toda América Latina, según un informe reciente de Unicef con datos de 2006 a 2010, en el que Brasil lidera el ránking.
“Los ginecólogos que salen ahora de la universidad no saben usar instrumentos. Si viene un parto pélvico ya hacen una cesárea pese a no ser necesario”, dice Manuel Eduardo Undo, ginecólogo de 45 años que trabaja en el Médica Sur y que ayuda a bajar la alta estadística de su centro. “Somos muy pocos los que tenemos el pensamiento de dejar a la mujer la libertad de tener su parto”, lamenta. A la inexperiencia, se une el miedo excesivo a una posible demanda por complicaciones durante el parto. “Ante cualquier cambio del ritmo cardiaco del bebé, los médicos optan por la cesárea sin ser necesario”, dice el doctor.
Mujeres y médicos alimentan una estadística que se ha disparado en la última década. En México ya no es extraño oír a una mujer que está embarazada decir que prefiere una cesárea, como si de elegir el nombre de su hijo se tratara. Aunque a veces son las madres las que apuestan por la intervención por miedo al dolor, en la mayoría de casos la cesárea, aunque innecesaria, viene inducida por el médico. Pese a la dudosa ética profesional que esto envuelve, Undo no defiende a sus colegas: “No siempre le dicen a la paciente la verdad”. Programar una cesárea es para los médicos principalmente una cuestión de tiempo. El parto no entiende de festivos y se puede prolongar horas, mientras que una cesárea se finiquita en algo menos de 60 minutos.
El abuso irresponsable de intervenciones quirúrgicas en un proceso ancestralmente natural supone, además de mayores riesgos para la salud, una merma de las arcas públicas. Un parto en un hospital público cuesta 17.400 pesos (unos mil euros), mientras que una cesárea sale por 21.600 (casi 1.300 euros), según datos oficiales. En los centros privados, que cubren alrededor del 15% de los nacimientos de todo el país, las cifras se duplican: 2.000 euros el parto natural y 2.400 la cesárea, sin incluir los honorarios para el médico. Estos costos suelen afrontarlos las aseguradoras privadas. Undo, que cobra unos 1.400 euros por cesárea y 1.000 por parto natural, critica que aún hoy en día hay seguros que cubren la totalidad de una cesárea pero solo un tanto por cien de los naturales. “Eso hace que muchas mujeres prefieran programar la intervención para no tener que pagar”, dice.
Por exceso de celo, por tiempo, por miedo o por dinero, las amigas de Ana Luisa Torres, sus compañeras de trabajo y su cuñada tuvieron recientemente su parto por cesárea. Ella, en su sexto mes de embarazo, está dispuesta a que Julián nazca cuando tenga que nacer. Sin agendas ni juegos de fecha.
Ni un embarazo es una enfermedad, ni un parto necesita una intervención quirúrgica. El cuerpo de la mujer está preparado para dar a luz y una cesárea suma de manera innecesaria los riesgos de pasar por el quirófano y no aporta ningún beneficio. La posibilidad de un ingreso en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) es 10 veces mayor en un parto por cesárea programada que en un parto vaginal normal, según la OMS. Pese a las advertencias de todos los organismos mundiales, las cifras en México aumentan de manera vertiginosa a favor de la intervención.
En el hospital privado Médica Sur del Distrito Federal, 75 de cada cien madres no se enteran de su parto. Ni respiraciones, ni esfuerzo. Rápido y sin dolor. La tendencia no es exclusiva de los centros privados. En los públicos nacen por cesárea el 41% de los bebés, según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de 2012. Una cifra muy por encima del 15% que la OMS considera normal. La ONG mexicana El Poder del Consumidor asegura que en 2012 México fue el país del mundo en el que se practicaron más cesáreas. Un patrón que se repite por toda América Latina, según un informe reciente de Unicef con datos de 2006 a 2010, en el que Brasil lidera el ránking.
“Los ginecólogos que salen ahora de la universidad no saben usar instrumentos. Si viene un parto pélvico ya hacen una cesárea pese a no ser necesario”, dice Manuel Eduardo Undo, ginecólogo de 45 años que trabaja en el Médica Sur y que ayuda a bajar la alta estadística de su centro. “Somos muy pocos los que tenemos el pensamiento de dejar a la mujer la libertad de tener su parto”, lamenta. A la inexperiencia, se une el miedo excesivo a una posible demanda por complicaciones durante el parto. “Ante cualquier cambio del ritmo cardiaco del bebé, los médicos optan por la cesárea sin ser necesario”, dice el doctor.
Mujeres y médicos alimentan una estadística que se ha disparado en la última década. En México ya no es extraño oír a una mujer que está embarazada decir que prefiere una cesárea, como si de elegir el nombre de su hijo se tratara. Aunque a veces son las madres las que apuestan por la intervención por miedo al dolor, en la mayoría de casos la cesárea, aunque innecesaria, viene inducida por el médico. Pese a la dudosa ética profesional que esto envuelve, Undo no defiende a sus colegas: “No siempre le dicen a la paciente la verdad”. Programar una cesárea es para los médicos principalmente una cuestión de tiempo. El parto no entiende de festivos y se puede prolongar horas, mientras que una cesárea se finiquita en algo menos de 60 minutos.
El abuso irresponsable de intervenciones quirúrgicas en un proceso ancestralmente natural supone, además de mayores riesgos para la salud, una merma de las arcas públicas. Un parto en un hospital público cuesta 17.400 pesos (unos mil euros), mientras que una cesárea sale por 21.600 (casi 1.300 euros), según datos oficiales. En los centros privados, que cubren alrededor del 15% de los nacimientos de todo el país, las cifras se duplican: 2.000 euros el parto natural y 2.400 la cesárea, sin incluir los honorarios para el médico. Estos costos suelen afrontarlos las aseguradoras privadas. Undo, que cobra unos 1.400 euros por cesárea y 1.000 por parto natural, critica que aún hoy en día hay seguros que cubren la totalidad de una cesárea pero solo un tanto por cien de los naturales. “Eso hace que muchas mujeres prefieran programar la intervención para no tener que pagar”, dice.
Por exceso de celo, por tiempo, por miedo o por dinero, las amigas de Ana Luisa Torres, sus compañeras de trabajo y su cuñada tuvieron recientemente su parto por cesárea. Ella, en su sexto mes de embarazo, está dispuesta a que Julián nazca cuando tenga que nacer. Sin agendas ni juegos de fecha.
Fuente: elpais.com
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