Habitualmente descartadas tras el uso, pueden convertirse en aliadas inesperadas del reciclaje doméstico
Miércoles 26 de Diciembre de 2012 - 08:07 hs
Navidades negras para Deutsche Bank
El dúo directivo del mayor banco de Alemania, Jürgen Fitschen y Anshu Jain, promete corregir el rumbo tras un mes de escándalos y reveses judiciales. Deutsche Bank, una de las entidades financieras más influyentes del mundo, está siendo investigado por su conexión una trama de evasión fiscal en Alemania que ha salpicado al propio Fitschen. En cuanto al británico de origen indio Jain, su currículo como jefe del área de inversión de Deutsche Bank en Londres lo sitúa peligrosamente cerca de esos mismos manejos.
Según el diario de Múnich Süddeutsche Zeitung, las autoridades fiscales británicas advirtieron a la dirección local del banco en Londres de que empleados de la entidad podrían estar implicados en prácticas ilegales con certificados de emisión de dióxido de carbono. Deutsche Bank no depuró responsabilidades internas.
Hace dos semanas, la Fiscalía de Fráncfort ordenó una operación a gran escala en la sede del banco. Medio millar de funcionarios de Hacienda y de la policía participaron en los registros y arrestaron a cinco personas el pasado 12 de diciembre. Las rutilantes torres que el gran banco de Alemania tiene en el corazón financiero de Europa fueron escenario de una operación policial como el que se reserva a las organizaciones criminales.
Aprovechando la Navidad, Fitschen y Jain explican ante los 100.000 empleados de Deutsche Bank: “Pondremos todo nuestro esfuerzo para esclarecer lo sucedido”, alegan en una carta. Antes de adoptar este tono autocrítico, Fitschen ya había pedido explicaciones al primer ministro de Hesse, el democristiano Volker Bouffier (CDU): le llamó por teléfono para quejarse de la humillación pública por los registros. Según el semanario Der Spiegel, Bouffier replicó que la operación policial es cosa de los fiscales. La oposición socialdemócrata (SPD) apoyó al primer ministro regional y criticó “el error de quienes se creen por encima de la ley”. Los Verdes abundaron en las críticas contra el banco y sus directivos, apuntando que “el pescado apesta por la cabeza”.
Deutsche Bank, durante décadas la orgullosa perla financiera en el joyero de la gran empresa alemana, está sufriendo un serio desgaste con estos escándalos. El banco ya fue registrado en 2010, pero entonces fue como consecuencia de un chivatazo previo. Las sospechas contra la entidad financiera se fueron cristalizando durante el proceso contra los seis principales implicados en la llamada mafia del CO2, que estafó cientos de millones de euros al fisco alemán.
En 2011 los condenaron a entre tres y siete años de cárcel. Compraban certificados de emisión de dióxido de carbono fuera de Alemania y se ahorraban el IVA. Después los vendían dentro y cobraban el impuesto, pero no lo transferían a Hacienda. Los certificados cambiaban de propietario una y otra vez en Alemania, hasta que salían del país y se vendían de nuevo. Esta práctica es conocida como fraude carrusel del IVA. La sentencia advertía de que sus delitos no habrían sido posibles sin la complicidad del banco.
La policía volvió a la sede de Deutsche Bank con otra orden de registro la semana pasada. En diciembre terminó, también muy mal para Deutsche Bank, la larga saga de enfrentamientos judiciales entre el banco y los herederos del magnate de los medios de comunicación Leo Kirch. El banco tendrá que indemnizarlos con una suma que podría oscilar entre los 120 y 1.500 millones de euros, por los daños infligidos a su empresa por el entonces presidente de Deutsche Bank, Rolf Breuer, que en 2002 dudó públicamente de la solvencia de imperio empresarial de Kirch.
Incapaz de acceder a nuevos créditos para financiase, el consorcio declaró la bancarrota unos meses más tarde. Los abogados del banco sostienen que este habría sido el desenlace inevitable de los problemas de Kirch con o sin entrevista. Según Breuer, sus declaraciones fueron espontáneas y no tenían intención de dañar al magnate de la comunicación. El juez, en cambio, considera probado que Breuer actuó de mala fe y que trató, además, de que su banco se beneficiara de los posteriores problemas del grupo Kirch.
La ruina de la reputación de Deutsche Bank está siendo un asunto de portada en Alemania, donde perdura el descontento por los multimillonarios rescates bancarios posteriores a la crisis de Lehman Brothers en 2008.
Deutsche Bank y su expresidente Josef Ackerman se ufanaron en público de ser uno de los pocos bancos que no necesitó ayudas públicas estatales. Sus críticos se preguntan si no será gracias a lucrativos escándalos como el de los certificados de CO2 o su probable implicación en las manipulaciones del tipo de interés interbancario de Londres (líbor), por el que el banco suizo UBS ha tenido que pagar 1.200 millones de dólares de multa.
Según el diario de Múnich Süddeutsche Zeitung, las autoridades fiscales británicas advirtieron a la dirección local del banco en Londres de que empleados de la entidad podrían estar implicados en prácticas ilegales con certificados de emisión de dióxido de carbono. Deutsche Bank no depuró responsabilidades internas.
Hace dos semanas, la Fiscalía de Fráncfort ordenó una operación a gran escala en la sede del banco. Medio millar de funcionarios de Hacienda y de la policía participaron en los registros y arrestaron a cinco personas el pasado 12 de diciembre. Las rutilantes torres que el gran banco de Alemania tiene en el corazón financiero de Europa fueron escenario de una operación policial como el que se reserva a las organizaciones criminales.
Aprovechando la Navidad, Fitschen y Jain explican ante los 100.000 empleados de Deutsche Bank: “Pondremos todo nuestro esfuerzo para esclarecer lo sucedido”, alegan en una carta. Antes de adoptar este tono autocrítico, Fitschen ya había pedido explicaciones al primer ministro de Hesse, el democristiano Volker Bouffier (CDU): le llamó por teléfono para quejarse de la humillación pública por los registros. Según el semanario Der Spiegel, Bouffier replicó que la operación policial es cosa de los fiscales. La oposición socialdemócrata (SPD) apoyó al primer ministro regional y criticó “el error de quienes se creen por encima de la ley”. Los Verdes abundaron en las críticas contra el banco y sus directivos, apuntando que “el pescado apesta por la cabeza”.
Deutsche Bank, durante décadas la orgullosa perla financiera en el joyero de la gran empresa alemana, está sufriendo un serio desgaste con estos escándalos. El banco ya fue registrado en 2010, pero entonces fue como consecuencia de un chivatazo previo. Las sospechas contra la entidad financiera se fueron cristalizando durante el proceso contra los seis principales implicados en la llamada mafia del CO2, que estafó cientos de millones de euros al fisco alemán.
En 2011 los condenaron a entre tres y siete años de cárcel. Compraban certificados de emisión de dióxido de carbono fuera de Alemania y se ahorraban el IVA. Después los vendían dentro y cobraban el impuesto, pero no lo transferían a Hacienda. Los certificados cambiaban de propietario una y otra vez en Alemania, hasta que salían del país y se vendían de nuevo. Esta práctica es conocida como fraude carrusel del IVA. La sentencia advertía de que sus delitos no habrían sido posibles sin la complicidad del banco.
La policía volvió a la sede de Deutsche Bank con otra orden de registro la semana pasada. En diciembre terminó, también muy mal para Deutsche Bank, la larga saga de enfrentamientos judiciales entre el banco y los herederos del magnate de los medios de comunicación Leo Kirch. El banco tendrá que indemnizarlos con una suma que podría oscilar entre los 120 y 1.500 millones de euros, por los daños infligidos a su empresa por el entonces presidente de Deutsche Bank, Rolf Breuer, que en 2002 dudó públicamente de la solvencia de imperio empresarial de Kirch.
Incapaz de acceder a nuevos créditos para financiase, el consorcio declaró la bancarrota unos meses más tarde. Los abogados del banco sostienen que este habría sido el desenlace inevitable de los problemas de Kirch con o sin entrevista. Según Breuer, sus declaraciones fueron espontáneas y no tenían intención de dañar al magnate de la comunicación. El juez, en cambio, considera probado que Breuer actuó de mala fe y que trató, además, de que su banco se beneficiara de los posteriores problemas del grupo Kirch.
La ruina de la reputación de Deutsche Bank está siendo un asunto de portada en Alemania, donde perdura el descontento por los multimillonarios rescates bancarios posteriores a la crisis de Lehman Brothers en 2008.
Deutsche Bank y su expresidente Josef Ackerman se ufanaron en público de ser uno de los pocos bancos que no necesitó ayudas públicas estatales. Sus críticos se preguntan si no será gracias a lucrativos escándalos como el de los certificados de CO2 o su probable implicación en las manipulaciones del tipo de interés interbancario de Londres (líbor), por el que el banco suizo UBS ha tenido que pagar 1.200 millones de dólares de multa.
Fuente: elpais.com
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