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Lunes 24 de Diciembre de 2012 - 00:06 hs
Arancedo: "La fe es anuncio y servicio"
En el último domingo de Adviento, monseñor José María Arancedo explicó el sentido del Evangelio de esta semana en estos términos:
Próximos a celebrar Navidad la liturgia nos presenta, en este domingo de Adviento, la riqueza de un diálogo que nos introduce en el obrar último de Dios en nuestra historia. Las protagonistas son María y su prima Isabel, el actor principal es Dios mismo. La humanidad asiste en la sencillez de estos diálogos al acontecimiento mayor de su historia. María viene de recibir el Anuncio del nacimiento de Jesús que la sorprendió, pero lo vivió con esa serena alegría que nace de la fe.
Sabiendo, por otra parte, que Isabel ya había concebido “un hijo y se encuentra en el sexto mes” (Lc. 1, 36), partió y fue sin demora a visitar a su prima, concluye el texto del evangelio. María es portadora del anuncio del cumplimiento de Dios a su promesa. Ella, sin embargo, no se queda encerrada en el gozo y la seguridad de la fe, sino que parte “sin demora” a anunciar la obra de Dios y a ponerse al servicio de su prima. La alegría de la Anunciación se hace servicio en la Visitación.
La Santísima Virgen es testimonio y ejemplo para nosotros en su camino de fe, porque vivió con entrega y disponibilidad su encuentro con la Palabra de Dios. El sí de María no significó para ella ausencia de problemas, sino confianza en Dios y compromiso en el quehacer concreto de su vida y relaciones. Cuando la fe deja de orientar nuestro comportamiento es señal que ya no nace de un encuentro vivo con Jesucristo, para reducirse a un conjunto de verdades que dan una aparente seguridad, pero nos alejan del anuncio y el servicio.
Es una fe, diría, que nos instala y no nos urge. Un signo de debilidad de la fe es, precisamente, la falta de entusiasmo en la misión y de disponibilidad en el servicio. Es una fe, nos diría el Santo Padre, que nos conduce a “esa gris monotonía” en la que aparentemente nada cambia pero nos termina empobreciendo. La fe produce un cambio cualitativo porque nos introduce en la dinámica del amor de Dios que, en Jesucristo, se hace para nosotros y el mundo: Camino, Verdad y Vida.
Es importante que nos preguntemos, en este tiempo de preparación a la Navidad, si nuestra vida de fe es como en la Santísima Virgen anuncio y servicio. Decíamos que ella es para nosotros, testimonio y ejemplo. Lo es realmente. ¡Cuánta pobreza presenta la vida de un cristiano que no siente la alegría ni la urgencia de predicar el acontecimiento y el contenido de su fe, que es Jesucristo! Es como la sal cuando pierde su sabor, para qué sirve (cfr. Mc. 9, 49). ¡Cuánta debilidad misionera presentan nuestras comunidades formadas por hombre y mujeres que profesan el don de la fe!
En un mundo, por otra parte, que nos aísla en una suerte de individualismo egoísta, el anuncio de la fe es un signo sana al hombre, y su mayor credibilidad siempre será la caridad. La caridad cristiana no es una estrategia ni un sentimiento ocasional, sino la expresión de una fe que nace del encuentro con Jesucristo y nos dispone en una actitud de servicio. Alimentar la fe es la mayor garantía de una vida de caridad, ambas tienen una misma fuente.
Reciban de su obispo en esta preparación a la celebración de Navidad, junto a mis oraciones y mejores deseos, mi bendición en el Señor Jesús y María Santísima.
Próximos a celebrar Navidad la liturgia nos presenta, en este domingo de Adviento, la riqueza de un diálogo que nos introduce en el obrar último de Dios en nuestra historia. Las protagonistas son María y su prima Isabel, el actor principal es Dios mismo. La humanidad asiste en la sencillez de estos diálogos al acontecimiento mayor de su historia. María viene de recibir el Anuncio del nacimiento de Jesús que la sorprendió, pero lo vivió con esa serena alegría que nace de la fe.
Sabiendo, por otra parte, que Isabel ya había concebido “un hijo y se encuentra en el sexto mes” (Lc. 1, 36), partió y fue sin demora a visitar a su prima, concluye el texto del evangelio. María es portadora del anuncio del cumplimiento de Dios a su promesa. Ella, sin embargo, no se queda encerrada en el gozo y la seguridad de la fe, sino que parte “sin demora” a anunciar la obra de Dios y a ponerse al servicio de su prima. La alegría de la Anunciación se hace servicio en la Visitación.
La Santísima Virgen es testimonio y ejemplo para nosotros en su camino de fe, porque vivió con entrega y disponibilidad su encuentro con la Palabra de Dios. El sí de María no significó para ella ausencia de problemas, sino confianza en Dios y compromiso en el quehacer concreto de su vida y relaciones. Cuando la fe deja de orientar nuestro comportamiento es señal que ya no nace de un encuentro vivo con Jesucristo, para reducirse a un conjunto de verdades que dan una aparente seguridad, pero nos alejan del anuncio y el servicio.
Es una fe, diría, que nos instala y no nos urge. Un signo de debilidad de la fe es, precisamente, la falta de entusiasmo en la misión y de disponibilidad en el servicio. Es una fe, nos diría el Santo Padre, que nos conduce a “esa gris monotonía” en la que aparentemente nada cambia pero nos termina empobreciendo. La fe produce un cambio cualitativo porque nos introduce en la dinámica del amor de Dios que, en Jesucristo, se hace para nosotros y el mundo: Camino, Verdad y Vida.
Es importante que nos preguntemos, en este tiempo de preparación a la Navidad, si nuestra vida de fe es como en la Santísima Virgen anuncio y servicio. Decíamos que ella es para nosotros, testimonio y ejemplo. Lo es realmente. ¡Cuánta pobreza presenta la vida de un cristiano que no siente la alegría ni la urgencia de predicar el acontecimiento y el contenido de su fe, que es Jesucristo! Es como la sal cuando pierde su sabor, para qué sirve (cfr. Mc. 9, 49). ¡Cuánta debilidad misionera presentan nuestras comunidades formadas por hombre y mujeres que profesan el don de la fe!
En un mundo, por otra parte, que nos aísla en una suerte de individualismo egoísta, el anuncio de la fe es un signo sana al hombre, y su mayor credibilidad siempre será la caridad. La caridad cristiana no es una estrategia ni un sentimiento ocasional, sino la expresión de una fe que nace del encuentro con Jesucristo y nos dispone en una actitud de servicio. Alimentar la fe es la mayor garantía de una vida de caridad, ambas tienen una misma fuente.
Reciban de su obispo en esta preparación a la celebración de Navidad, junto a mis oraciones y mejores deseos, mi bendición en el Señor Jesús y María Santísima.
Fuente: arzobispado de santa fe
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