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Miércoles 02 de Enero de 2013 - 08:53 hs
Malí se une a Marruecos y cierra la puerta a la adopción internacional
Después de Marruecos en septiembre, Malí se ha cerrado ahora a las adopciones internacionales reduciendo aun más el número de países en los que españoles pueden ser padres a través de esa vía. A mediados de la década pasada España se situó, con más de 5.000 adopciones anuales, en el segundo lugar del mundo justo detrás de Estados Unidos y por delante de Francia, Alemania o Canadá. Esa cifra ha caído a menos de la mitad (2.560 adopciones en 2011) en parte a causa de la crisis, pero también de las restricciones puestas por muchos países.
El ministro de Justicia maliense, Malick Coulibaly, envió el mes pasado una circular a los magistrados instándoles a aplicar en sus sentencias el nuevo Código de las Personas y de la Familia cuyo artículo 540 solo permite dar niños malienses en adopción a padres que tengan la misma nacionalidad.
En Marruecos los españoles eran los más numerosos en tramitar kafalas (la modalidad marroquí de la adopción que equivale en España a una tutela dativa en el ordenamiento jurídico español), pero en Malí son los franceses los más perjudicados. Aún así la circular del ministro deja en la estacada a cerca de 80 familias españolas, en su mayoría catalanas, que anhelaban poder adoptar en ese paupérrimo país africano sumido en una gran crisis desde marzo pasado.
A lo largo del año pasado llegaron todavía a España medio centenar de bebés malienses. Con 154 adopciones internacionales en 2011, y una tendencia al alza, Malí fue ese año el cuarto país africano en adopciones, solo superado por Etiopía, el Congo y Nigeria.
La Asociación Francesa de Adopción pidió en diciembre, a través del embajador de Francia en Malí, a Alwata Ichata Sahi, la ministra maliense de Promoción de la Mujer y de la Infancia, una derogación para los expedientes de adopción ya presentados, pero esta la denegó.
“Ahora nos queda la esperanza de que la movilización de un sector de la sociedad civil maliense, empezando por las asociaciones privadas que regentan orfanatos, incite a las autoridades a ser más flexible”, recalca un catalán que aún confía en que su solicitud de adopción prospere. Las adopciones son una fuente imprescindible de ingresos para los orfanatos porque los extranjeros que las efectúan suelen hacer donaciones mientras las tramitan y durante los años posteriores.
Detrás del veto de Malí a la adopción por extranjeros subyace, como en Marruecos, un componente religioso: el deseo de evitar que los niños sean educados fuera del islam. Aunque la gran mayoría de la población es musulmana Malí no es, a diferencia de Marruecos, un Estado confesional.
Nueve meses después de la llegada al Gobierno marroquí de los islamistas, el ministro de Justicia, Mustafá Ramid, que es uno de los dirigentes del partido confesional, también distribuyó una circular instando a los fiscales a oponerse a otorgar kafalas a extranjeros no residentes en el país. Alegó que era imposible hacer un seguimiento de la educación religiosa de los niños si estos ya no vivian en Marruecos.
Su decisión ha dejado atrapadas a 58 familias españolas, en su mayoría catalanas, y una veintena de otras nacionalidades. Pasan por una situación más dramática que la de los candidatos a adoptar en Malí porque todos tienen un niño asignado, a veces desde hace más de un año, al que conocen y visitan con regularidad en un orfanato del que no lo pueden sacar. Han solicitado a las autoridades marroquíes que no se les aplique retroactivamente la circular que se envió en septiembre, pero hasta ahora no lo han conseguido.
El ministro de Justicia maliense, Malick Coulibaly, envió el mes pasado una circular a los magistrados instándoles a aplicar en sus sentencias el nuevo Código de las Personas y de la Familia cuyo artículo 540 solo permite dar niños malienses en adopción a padres que tengan la misma nacionalidad.
En Marruecos los españoles eran los más numerosos en tramitar kafalas (la modalidad marroquí de la adopción que equivale en España a una tutela dativa en el ordenamiento jurídico español), pero en Malí son los franceses los más perjudicados. Aún así la circular del ministro deja en la estacada a cerca de 80 familias españolas, en su mayoría catalanas, que anhelaban poder adoptar en ese paupérrimo país africano sumido en una gran crisis desde marzo pasado.
A lo largo del año pasado llegaron todavía a España medio centenar de bebés malienses. Con 154 adopciones internacionales en 2011, y una tendencia al alza, Malí fue ese año el cuarto país africano en adopciones, solo superado por Etiopía, el Congo y Nigeria.
La Asociación Francesa de Adopción pidió en diciembre, a través del embajador de Francia en Malí, a Alwata Ichata Sahi, la ministra maliense de Promoción de la Mujer y de la Infancia, una derogación para los expedientes de adopción ya presentados, pero esta la denegó.
“Ahora nos queda la esperanza de que la movilización de un sector de la sociedad civil maliense, empezando por las asociaciones privadas que regentan orfanatos, incite a las autoridades a ser más flexible”, recalca un catalán que aún confía en que su solicitud de adopción prospere. Las adopciones son una fuente imprescindible de ingresos para los orfanatos porque los extranjeros que las efectúan suelen hacer donaciones mientras las tramitan y durante los años posteriores.
Detrás del veto de Malí a la adopción por extranjeros subyace, como en Marruecos, un componente religioso: el deseo de evitar que los niños sean educados fuera del islam. Aunque la gran mayoría de la población es musulmana Malí no es, a diferencia de Marruecos, un Estado confesional.
Nueve meses después de la llegada al Gobierno marroquí de los islamistas, el ministro de Justicia, Mustafá Ramid, que es uno de los dirigentes del partido confesional, también distribuyó una circular instando a los fiscales a oponerse a otorgar kafalas a extranjeros no residentes en el país. Alegó que era imposible hacer un seguimiento de la educación religiosa de los niños si estos ya no vivian en Marruecos.
Su decisión ha dejado atrapadas a 58 familias españolas, en su mayoría catalanas, y una veintena de otras nacionalidades. Pasan por una situación más dramática que la de los candidatos a adoptar en Malí porque todos tienen un niño asignado, a veces desde hace más de un año, al que conocen y visitan con regularidad en un orfanato del que no lo pueden sacar. Han solicitado a las autoridades marroquíes que no se les aplique retroactivamente la circular que se envió en septiembre, pero hasta ahora no lo han conseguido.
Fuente: elpais.com
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