Para Panamá, los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026 fueron mucho más que una nueva competencia dentro del calendario. La delegación llegó a la provincia después de atravesar un año intenso y encontró en cada jornada una oportunidad para que sus atletas siguieran creciendo y, al mismo tiempo, para que su equipo de trabajo sumara herramientas pensando en los próximos desafíos.
Así lo explicó Lysbeth De Voitier, jefa de Misión de Panamá, quien destacó la importancia de que sus deportistas pudieran participar en cada instancia del ciclo olímpico rumbo a Los Ángeles 2028.
Panamá llegó a Santa Fe con 87 atletas y presencia en 20 deportes, incluido el ajedrez como disciplina invitada. Para acompañarlos, el país trabajó durante todo el año en la conformación de un equipo de alto rendimiento integrado por profesionales seleccionados de acuerdo con las necesidades de cada disciplina.
Competir contra uno mismo
Más allá de las expectativas por los resultados, De Voitier explicó que Panamá había planteado otro desafío: medirse con su propio recorrido.
El objetivo estuvo puesto en reconocer las fortalezas de sus atletas y brindarles las mejores condiciones posibles para que pudieran desarrollar su rendimiento. Para la jefa de Misión, cada competencia dentro del ciclo representaba también una instancia de aprendizaje.
Ese enfoque se extendió al equipo que acompañó a los deportistas. El denominado “staff de alto rendimiento” fue organizado con profesionales convocados específicamente según las características de cada deporte, una planificación que Panamá desarrollaba durante todo el año.
Una escuela para futuros Juegos
Pero si hubo algo que De Voitier valoró especialmente fue lo que Panamá pudo llevarse de Santa Fe pensando en el futuro. Su país había tenido durante ese mismo año experiencias como anfitrión y la estadía en Argentina le permitió observar otras formas de organizar y resolver las situaciones que aparecen durante un evento de esta magnitud.
“Venir aquí y tener Juegos de Argentina significa aprendizaje para nosotros”, sostuvo. La experiencia no se limitó a las instalaciones. La jefa de Misión destacó la manera en que los atletas y equipos de distintos países pudieron convivir, compartir costumbres y descubrir similitudes.
“Nos damos cuenta de que somos latinos, tenemos las mismas pasiones, igual disfrutamos el deporte”, señaló.
También destacó especialmente la calidez con la que la delegación había sido recibida. El clima, la cultura santafesina y la predisposición de las personas formaron parte de esos aprendizajes cotidianos que no aparecen en ningún calendario deportivo, pero que terminan siendo parte de la experiencia.
“Cada Juego es diferente, sin importar qué tipo de Juego es, el país, la cultura que llevás, las personas, cómo manejan las crisis y las circunstancias. Cómo salís de un problema hace la diferencia”, reflexionó.
Competir adentro, compartir afuera
Entre sus reflexiones, De Voitier también puso en palabras uno de los principios que, según explicó, atravesaba la participación panameña en el movimiento olímpico.
“Nosotros en realidad competimos de verdad. Sabemos que la competencia debe estar en el campo de competencia, no afuera. Si estás algo, yo te lo doy. Somos amigos, somos familia”, expresó.
Para Panamá, esa mirada también formó parte del legado de Santa Fe 2026. La delegación se fue con resultados para evaluar, experiencias para analizar y nuevas herramientas para aplicar en el futuro, pero también con vínculos construidos durante varios días de convivencia.