El principal problema de Unión está claro y ya no admite demasiadas interpretaciones: defiende mal. La estructura del equipo se muestra vulnerable, especialmente de mitad de cancha hacia atrás, y los rivales lo aprovechan con facilidad.
Esa debilidad se traduce en resultados adversos. El Tatengue perdió tres de los últimos cuatro partidos, todos con un denominador común: errores defensivos que terminaron siendo determinantes.
Números que encienden alarmas
Las estadísticas refuerzan lo que se observa en la cancha. Unión es actualmente el segundo equipo más goleado de la Zona A, con 17 tantos recibidos en 14 partidos, solo superado por Newell's, que acumula 25.
Pero el dato más elocuente pasa por la incapacidad para sostener el arco en cero: de los últimos ocho encuentros, solo en uno no recibió goles. Fue en el triunfo 2-0 ante Deportivo Riestra, un rival que además ocupa el último lugar y todavía no ganó en el campeonato.
Un retroceso marcado en el rendimiento
El bajón del equipo también se evidencia en la comparación de tramos del torneo. En los primeros ocho partidos, Unión había mostrado cierta solidez, con apenas cinco goles en contra. Sin embargo, en los últimos seis compromisos recibió 12 goles, más del doble en menos tiempo.
Esa caída en el rendimiento explica el presente: apenas una victoria en los últimos seis partidos. Un registro que refleja el impacto directo de la fragilidad defensiva en la cosecha de puntos.
Un panorama que preocupa
Defendiendo de esta manera, el futuro inmediato de Unión aparece lleno de interrogantes. La falta de solidez no solo condiciona los resultados, sino también la confianza del equipo, que no logra encontrar respuestas para corregir un problema que se repite.
El desafío está planteado: ajustar en el fondo o resignar aspiraciones en un torneo donde cada error se paga caro.