El presente de Unión expone un problema que ya dejó de ser circunstancial para transformarse en una tendencia: le cuesta cerrar los partidos incluso cuando logra pegar primero. En un torneo donde cada punto pesa, esa fragilidad empieza a tener consecuencias directas en la tabla.
Los números son el reflejo más claro. En los últimos cinco encuentros en los que Unión comenzó ganando, apenas pudo quedarse con la victoria en una oportunidad: el 2-0 frente a Deportivo Riestra.
El resto de la secuencia muestra una caída sostenida en el rendimiento a medida que avanzan los partidos:
* Empates ante Independiente (4-4 tras ir 3-0 arriba) y Boca Juniors (1-1 luego de arrancar en ventaja).
* Derrotas frente a Estudiantes de La Plata (1-2) y Newell's Old Boys (2-3), ambos encuentros también con marcador favorable inicial.
Un problema defensivo que se repite
El déficit no es solo sensorial: también está respaldado por las estadísticas. Unión aparece entre los equipos más goleados de la Zona A, con 17 tantos en contra, misma cifra que Independiente y solo por detrás de Newell's Old Boys, que encabeza ese rubro con 25.
La dificultad para sostener resultados encuentra ahí su raíz. Cuando el equipo logra ponerse en ventaja, no consigue consolidarse desde lo defensivo ni administrar los tiempos del partido, y termina quedando expuesto.
De ventaja a preocupación
Lo que antes eran puntos altos —la capacidad de golpear primero, la intensidad inicial— hoy quedan opacados por una falta de consistencia que se repite partido tras partido. Unión no solo pierde ventajas: pierde confianza en los tramos decisivos.
En un campeonato corto y parejo, donde los detalles marcan la diferencia, esa debilidad puede resultar determinante. El desafío inmediato no pasa tanto por generar más, sino por aprender a sostener lo que ya consigue.