La visita de Boca Juniors a Universidad Católica por la Copa Libertadores ya genera tensión antes del partido por un motivo concreto: la cantidad de entradas destinadas al público visitante. El club chileno le ofreció apenas 450 localidades al conjunto argentino, un número muy por debajo de lo exigido en competiciones internacionales.
La cifra no resulta extraña dentro del contexto del fútbol chileno, donde varios estadios modernos reducen al mínimo la presencia de hinchas rivales por cuestiones de seguridad. Sin embargo, el problema surge al tratarse de un torneo organizado por la Conmebol, que fija condiciones específicas.
Según el reglamento vigente, los equipos locales deben garantizar al menos 2.000 entradas para la parcialidad visitante. Por ese motivo, Boca presentó un reclamo formal para que el organismo evalúe la situación.
Desde el club xeneize entienden que el número asignado incumple directamente con las reglas del torneo. Los 450 lugares disponibles representan menos de una cuarta parte del mínimo requerido, lo que generó malestar en la dirigencia.
Además, sostienen que aceptar estas condiciones podría sentar un precedente negativo para futuras ediciones, en un escenario donde otros clubes podrían adoptar criterios similares.
Un estadio adaptado al contexto local
El origen del conflicto está en el diseño del Claro Arena, reinaugurado en 2025 con capacidad para poco más de 20.000 espectadores y un sector visitante muy limitado.
Este tipo de configuración responde a políticas locales que priorizan la seguridad y reducen la presencia de hinchas rivales. No obstante, esa lógica entra en tensión con las exigencias de la Copa Libertadores, por lo que ahora será Conmebol la encargada de definir si el cupo ofrecido se mantiene o debe ampliarse.