La llamada Estrella de Belén, mencionada en el relato bíblico como guía de los Reyes Magos, podría tener una explicación astronómica concreta. Un estudio encabezado por el científico de la NASA Mark Matney propone que el fenómeno habría sido un cometa visible desde la Tierra con un movimiento aparente particular.
El trabajo fue publicado en el Journal of the British Astronomical Association y analiza uno de los principales interrogantes del relato: la “detención” de la estrella sobre un punto específico. Según el Evangelio de Mateo, el astro “iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo” sobre el lugar del nacimiento de Jesús.
Matney sostiene que para que un objeto celeste parezca detenerse sobre una ubicación en un planeta en rotación debería desplazarse muy cerca de la Tierra, a unos 1,2 millones de kilómetros, con una velocidad y dirección que compensen temporalmente el giro terrestre. Ese comportamiento descarta explicaciones como conjunciones planetarias, meteoros o supernovas.
El candidato más probable, según el análisis, sería un cometa. En particular, uno conocido como el de la “órbita del 8 de junio”. Los cálculos indican que el 8 de junio del año 5 a.C. ese cometa habría pasado a unas 0,0026 unidades astronómicas de la Tierra y pudo verse desde la región de Judea.
De acuerdo con la reconstrucción, el objeto habría sido visible durante un período prolongado y, durante una franja de la mañana, habría dado la impresión de “detenerse” durante cerca de dos horas.
El estudio también incorpora el contexto cultural de la época. En registros mesopotámicos y grecorromanos, ciertos cometas podían interpretarse como señales positivas o asociadas a nacimientos relevantes, lo que encaja con la lectura simbólica del relato bíblico.
La hipótesis no busca validar el texto religioso, sino ofrecer una posible correlación astronómica a un fenómeno que, durante siglos, combinó fe, historia y observación del cielo.