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Jueves 26 de Abril de 2012 - 13:18 hs
La Haya condena por crímenes de guerra al expresidente liberiano Charles Taylor
Charles Taylor, expresidente de Liberia entre 1997 y 2003, acusado de crímenes de guerra y contra la humanidad por instigar las guerras que asolaron su país y Sierra Leona, ha sido condenado este jueves por la mañana por el Tribunal Especial de la ONU para Sierra Leona. El tribunal ha hallado al acusado culpable de los 11 cargos que tenía en su contra, aunque no ha considerado que sea directamente responsable de las atrocidades cometidas por la guerrilla sierraleonesa ni que formara parte del entramado criminal. A instancias de Naciones Unidas, la corte ha desplazado su sede territorial a La Haya para evitar tensiones en la zona. Es la primera vez que la justicia internacional completa un juicio contra un exjefe de Estado. La pena será fijada más adelante. Taylor ha hecho saber que quiere cumplirla en el Reino Unido.
Los 11 cargos de crímenes de guerra y contra la humanidad que se le imputan incluyen asesinatos, violaciones, esclavismo, mutilaciones y uso de niños soldado. Entre 1991 y 2001, la guerra de Sierra Leona costó de 50.000 a 75.000 vidas. Al menos dos millones de personas se convirtieron en refugiados, de una población de seis millones. En Liberia hubo más de 100.000 muertos, según cálculos de las organizaciones humanitarias.
De 64 años, el exseñor de la guerra africano respondía ante el tribunal de haber comprado armas para los rebeldes del Frente Unido Revolucionario sierraleonés que perpetraron estos crímenes. Según la fiscalía, “quería controlar las minas de diamantes, asaltar el poder y esquilmar los recursos naturales del país vecino”. Las gemas que Taylor supuestamente recibía en pago al armamento han pasado a denominarse diamantes sangrientos: piedras preciosas intercambiadas para financiar guerras en África, que controla el 55% de la producción mundial. El tribunal considera en su sentencia que Taylor era conocedor de los crímenes perpetrados por el RUF contra civiles en el periodo en que era presidente de Liberia, que facilitó ayuda material a este grupo armado.
Sin embargo, no considera probado que formara parte de la cadena de mando de este grupo o que sus integrantes respondieran directamente a las órdenes de Taylor.
Descendiente de los esclavos liberados (libertos) con los que Estados Unidos fundó Liberia en el siglo XIX, Charles Taylor nunca pisó Sierra Leona. Debido a ello, la acusación ha tenido que probar que su presencia en el escenario del delito no fue necesaria. “Tramó un plan para que otros los cometieran. Buscaba aliados en su ascenso al poder y usó la violencia para deshacerse de sus contrarios. Dándole armas al Frente Unido Revolucionario sierraleonés, promovió crímenes similares a los perpetrados antes por el Frente Patriótico Nacional de Liberia, bajo su mando”, dijo en 2007 el fiscal, Stephen Rapp, en su alegato de apertura. Aunque hubo una pausa de siete meses porque Taylor despachó de repente a sus letrados, las vistas se reanudaron en enero de 2008.
La defensa no ha rebatido los hechos. Ha sostenido, simplemente, que la responsabilidad no es de Taylor. Courtenay Griffiths, defensor titular, argumentó que el juicio “está politizado y es una forma de neocolonialismo”. Su cliente no fue un criminal sino “un mediador que trató de pacificar África occidental”. En uno de los momentos más llamativos, fue llamada a declarar la supermodelo británica Naomi Campbell. Ocurrió en 2010 de la mano de la fiscal titular del caso, Brenda Hollis, que pretendía demostrar la huella de Taylor en el tráfico de diamantes de sangre. Sí quedó claro que Campbell recibió las gemas en bruto como regalo cuando coincidió con Taylor en Suráfrica, en una cena organizada por Nelson Mandela, el antiguo presidente, hasta se fotografiaron juntos. A la modelo le parecieron “sucias y sin brillo” y se las dio a una organización benéfica. La defensa aprovechó la ocasión, y no pudo confirmarse que el remitente de los diamantes fuera el acusado.
Antes de llegar al Tribunal Especial para Sierra Leona, la trayectoria de Charles Taylor ha sido tormentosa. En 1983, y como funcionario del Gobierno de Liberia, estafó un millón de dólares del presupuesto nacional y huyó a Estados Unidos. Juzgado allí por fraude, escapó de la cárcel y regresó a África. En 1989 lideró en Liberia una rebelión que desembocó en guerra civil. En 1991 estalló a su vez un conflicto armado en Sierra Leona entre el Ejército y la guerrilla, apoyada por Taylor. Tras los acuerdos de paz de 1995, Taylor consigue la presidencia liberiana en 1997. En 2003 es acusado por el Tribunal Especial para Sierra Leona y se exilia a Nigeria. Allí sería detenido en 2006 y después enviado a La Haya. En 2008 comenzó el juicio que ha condenado hoy jueves por primera vez a un exjefe de Estado.
Los 11 cargos de crímenes de guerra y contra la humanidad que se le imputan incluyen asesinatos, violaciones, esclavismo, mutilaciones y uso de niños soldado. Entre 1991 y 2001, la guerra de Sierra Leona costó de 50.000 a 75.000 vidas. Al menos dos millones de personas se convirtieron en refugiados, de una población de seis millones. En Liberia hubo más de 100.000 muertos, según cálculos de las organizaciones humanitarias.
De 64 años, el exseñor de la guerra africano respondía ante el tribunal de haber comprado armas para los rebeldes del Frente Unido Revolucionario sierraleonés que perpetraron estos crímenes. Según la fiscalía, “quería controlar las minas de diamantes, asaltar el poder y esquilmar los recursos naturales del país vecino”. Las gemas que Taylor supuestamente recibía en pago al armamento han pasado a denominarse diamantes sangrientos: piedras preciosas intercambiadas para financiar guerras en África, que controla el 55% de la producción mundial. El tribunal considera en su sentencia que Taylor era conocedor de los crímenes perpetrados por el RUF contra civiles en el periodo en que era presidente de Liberia, que facilitó ayuda material a este grupo armado.
Sin embargo, no considera probado que formara parte de la cadena de mando de este grupo o que sus integrantes respondieran directamente a las órdenes de Taylor.
Descendiente de los esclavos liberados (libertos) con los que Estados Unidos fundó Liberia en el siglo XIX, Charles Taylor nunca pisó Sierra Leona. Debido a ello, la acusación ha tenido que probar que su presencia en el escenario del delito no fue necesaria. “Tramó un plan para que otros los cometieran. Buscaba aliados en su ascenso al poder y usó la violencia para deshacerse de sus contrarios. Dándole armas al Frente Unido Revolucionario sierraleonés, promovió crímenes similares a los perpetrados antes por el Frente Patriótico Nacional de Liberia, bajo su mando”, dijo en 2007 el fiscal, Stephen Rapp, en su alegato de apertura. Aunque hubo una pausa de siete meses porque Taylor despachó de repente a sus letrados, las vistas se reanudaron en enero de 2008.
La defensa no ha rebatido los hechos. Ha sostenido, simplemente, que la responsabilidad no es de Taylor. Courtenay Griffiths, defensor titular, argumentó que el juicio “está politizado y es una forma de neocolonialismo”. Su cliente no fue un criminal sino “un mediador que trató de pacificar África occidental”. En uno de los momentos más llamativos, fue llamada a declarar la supermodelo británica Naomi Campbell. Ocurrió en 2010 de la mano de la fiscal titular del caso, Brenda Hollis, que pretendía demostrar la huella de Taylor en el tráfico de diamantes de sangre. Sí quedó claro que Campbell recibió las gemas en bruto como regalo cuando coincidió con Taylor en Suráfrica, en una cena organizada por Nelson Mandela, el antiguo presidente, hasta se fotografiaron juntos. A la modelo le parecieron “sucias y sin brillo” y se las dio a una organización benéfica. La defensa aprovechó la ocasión, y no pudo confirmarse que el remitente de los diamantes fuera el acusado.
Antes de llegar al Tribunal Especial para Sierra Leona, la trayectoria de Charles Taylor ha sido tormentosa. En 1983, y como funcionario del Gobierno de Liberia, estafó un millón de dólares del presupuesto nacional y huyó a Estados Unidos. Juzgado allí por fraude, escapó de la cárcel y regresó a África. En 1989 lideró en Liberia una rebelión que desembocó en guerra civil. En 1991 estalló a su vez un conflicto armado en Sierra Leona entre el Ejército y la guerrilla, apoyada por Taylor. Tras los acuerdos de paz de 1995, Taylor consigue la presidencia liberiana en 1997. En 2003 es acusado por el Tribunal Especial para Sierra Leona y se exilia a Nigeria. Allí sería detenido en 2006 y después enviado a La Haya. En 2008 comenzó el juicio que ha condenado hoy jueves por primera vez a un exjefe de Estado.
Fuente: elpais.com
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