Jorge Baremberg, referente del Centro Comercial, decidió poner fin a la actividad de uno de los locales más emblemáticos de la ciudad. El cambio en los hábitos de consumo y la falta de relevo generacional fueron los factores determinantes.
Hoy - En Avellaneda
Viernes 25 de Febrero de 2011 - 03:05 hs
Independiente no tuvo problemas para aplastar a Peñarol
El Rojo no descolló pero venció por 3-0 a un paupérrimo equipo Manya, en el debut en la fase de grupos. Facundo Parra (ST 3m), Cristian Pellerano (ST 25m) y Andrés Silvera (ST 40m) marcaron los goles.
Independiente volvió a vivir una gran noche de Copa Libertadores. En su debut en el Grupo 8 aplastó en Avellaneda a Peñarol de Montevideo por 3-0, en un duelo despejaro entre dos de los equipos más ganadores del continente.
Pese a las sonrisas con que el Rojo cerró la noche, el comienzo fue para encender las alarmas, porque los primeros 45 minutos fueron un bodrio, donde los dirigidos por Mohamed exhibieron todas las falencias que los llevaron a mirar los promedios en el fútbol doméstico. La pelota viajó mucho por arriba, hubo nulo volumen de juego y marcadas inseguridades atrás.
En esa mitad, la chance más clara fue para el lento y limitadísimo equipo charrúa, pero Pacheco levantó su remate cuando había quedado absolutamente solo cerca del punto penal.
Para el complemento, todo cambió y para eso mucho ayudó el tempranero gol del local, que fue gestado por una gran combinación en velocidad entre Gracián, el Patito Rodríguez y Parra, quien tocó derecha ante la salida del arquero para hacer delirar a las 25 mil almas rojas que coparon el Libertadores.
El tanto le dio tranquilidad a Independiente, que empezó a jugar al ritmo de Gracián, y no recibía ni cosquillas de los uruguayos, que rara vez pasaban la mitad de la cancha. A los 25, llegó el segundo, que se venía postergando a juzgar por el trámite del duelo. Pellerano capturó un rebote desde fuera del área y sacó de primera un remate bajo y cruzado, inatajable para Fabián Carini.
Con el 2-0 se acabó el partido y sólo quedó tiempo para que el local se divirtiera en serio como hacía mucho tiempo no pasaba. ¿Cuánto hacía que el equipo de Mohamed no se sentía ganador mucho antes del pitazo final? Hoy le pasó eso y así se floreó. Tocó, tocó y tocó, ayudado siempre por un rival que bastardeó la rica historia Manya. Sobre el final, y para que la fiesta sea completa, Sivera capturó un rebote y estiró la cuenta a tres.
Pese a las sonrisas con que el Rojo cerró la noche, el comienzo fue para encender las alarmas, porque los primeros 45 minutos fueron un bodrio, donde los dirigidos por Mohamed exhibieron todas las falencias que los llevaron a mirar los promedios en el fútbol doméstico. La pelota viajó mucho por arriba, hubo nulo volumen de juego y marcadas inseguridades atrás.
En esa mitad, la chance más clara fue para el lento y limitadísimo equipo charrúa, pero Pacheco levantó su remate cuando había quedado absolutamente solo cerca del punto penal.
Para el complemento, todo cambió y para eso mucho ayudó el tempranero gol del local, que fue gestado por una gran combinación en velocidad entre Gracián, el Patito Rodríguez y Parra, quien tocó derecha ante la salida del arquero para hacer delirar a las 25 mil almas rojas que coparon el Libertadores.
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Con el 2-0 se acabó el partido y sólo quedó tiempo para que el local se divirtiera en serio como hacía mucho tiempo no pasaba. ¿Cuánto hacía que el equipo de Mohamed no se sentía ganador mucho antes del pitazo final? Hoy le pasó eso y así se floreó. Tocó, tocó y tocó, ayudado siempre por un rival que bastardeó la rica historia Manya. Sobre el final, y para que la fiesta sea completa, Sivera capturó un rebote y estiró la cuenta a tres.
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