Jorge Baremberg, referente del Centro Comercial, decidió poner fin a la actividad de uno de los locales más emblemáticos de la ciudad. El cambio en los hábitos de consumo y la falta de relevo generacional fueron los factores determinantes.
Lunes 10 de Enero de 2011 - 22:05 hs
María Elena, la madre de la canción infantil argentina
María Elena Walsh fijó un parámetro altísimo en materia de canciones infantiles a partir de títulos como "El Reino del revés", "Manuelita", pero también de temática adulta con fuerte compromiso social como "La Cigarra", “Serenata para la tierra de uno” y "Canción de cuna para gobernante".
La genial carrera discográfica de María Elena Walsh se inició de la mano de una notable del folklore como Leda Valladares con quien inició un vínculo artístico y afectivo en 1951.
En 1952, ambas viajaron a París, donde interpretaban canciones folclóricas de la zona andina como bagualas, vidalas y carnavalitos y así llegaron a actuar en el cabaret "Crazy Horse".
Allí grabaron sus primeros álbumes "Chants d’Argentine" (1954) y "Sous le ciel de l’Argentine" (1955), con clásicos como "Dos palomitas" y "Huachi tori", pero también con temas de Atahualpa Yupanqui, de Jaime Dávalos, Rafael Rossi y Rolando Valladares.
De regreso en la Argentina en 1956, Leda y María Elena, realizaron una extensa gira por el noroeste argentino, en una experiencia que se plasmó en los álbumes "Entre valles y quebradas vol 1" y "Entre valles y quebradas vol 2", ambos de 1957.
En 1958 lanzaron su álbum "Canciones del tiempo de Maricastaña", que incluye canciones como "El Tururururú" (que la culpa la tienes tú), "En qué nos parecemos" o el "Romance del enamorado y la Muerte".
Luego de trabajar como guionista de programas infantiles, María Elena junto a Leda volcó todo en "Canciones de Tutú Marambá", en el que aparecen canciones que serían clásicos para varias generaciones de niños argentinos como "La vaca estudiosa", "El reino del revés", "Canción del Pescador" y "Canción de Titina".
Su discografía solista, tanto infantil como para adultos, va desde "Canciones de Tutú Marambá", "Canciones para mí", "Canciones para mirar", "El país de Nomeacuerdo", "El país de la Navidad", "Cuentopos", "Juguemos en el mundo", "Cuentopos para el recreo", "Juguemos en el mundo II", "Cuatro villancicos norteños", "El sol no tiene bolsillos", "Como la cigarra", "El buen modo" y "De puño y letra".
Otras canciones que ingresaron en la memoria de miles de niños son "La reina batata", "El país del nomeacuerdo", "El twist del mono liso", "Marcha de Osias", "El show del Perro Salchicha", "La Mona Jacinta", "Don Enrique del Meñique".
Artistas como Mariana Cincunegui, Adriana, Daniela, Piñón Fijo, la Banda del Musiquero Loco, que se especializan en canciones para niños, han señalado que en materia de música infantil, Walsh ubicó un techo muy alto, casi inalcanzable, con parámetros increíbles por su talento y el nivel de ocurrencia de sus letras.
En materia para adultos, con su espectáculo "Juguemos en el mundo", produjo un acontecimiento cultural que influiría fuertemente en la nueva canción popular argentina.
A su manera, se sumó al Movimiento del Nuevo Cancionero, impulsado por músicos como Mercedes Sosa, Armando Tejada Gómez, Tito Francia y Rubén Mattus.
Sus melodías iban desde el folklore, pasaban por el jazz, el tango y hasta el rock, pero además en materia de letras le aportó mucho sustento a la canción de protesta.
Desde su gran clásico "La Cigarra", convertido en un himno de resistencia contra la dictadura militar que gobernó el país hasta 1983 hasta una mirada hacia la inmigración como "Zamba de Pepe".
También su percepción sobre el peronismo con "El 45", hacia la postura tilinga de la clase media porteña con "Mirón y Miranda" o "Gilito de Barrio Norte".
Otro disco importante por su temática social y su fina ironía fue "El sol no tiene bolsillos" que incluye canciones como "Vals municipal", "Magoya", "Oración a la justicia", "Si se muere la zamba", el contundente "The Kana", "Balada de Comodus Viscach", "Dónde están los poetas", mientras que en "Como la cigarra" aparecen "Réquiem de madre", "El viejo varieté", "Canción de caminantes", "Aria del Salón Blanco", "Al divino botón" y "Las aguasvivas".
Por eso años, se acercó a ella, el cordobés Mario González, conocido como Jairo con quien compuso "Angelito mexicano", "Vidalita porteña", "Mis ganas", "El valle y el volcán" y "Queda tan lejos".
El inicio de la dictadura militar fue el fin de su carrera musical, ya que decidió no escribir más canciones, solo se dedico a la poesía y a eventuales participaciones como invitada en discos de amigos y colegas.
La genial carrera discográfica de María Elena Walsh se inició de la mano de una notable del folklore como Leda Valladares con quien inició un vínculo artístico y afectivo en 1951.
En 1952, ambas viajaron a París, donde interpretaban canciones folclóricas de la zona andina como bagualas, vidalas y carnavalitos y así llegaron a actuar en el cabaret "Crazy Horse".
Allí grabaron sus primeros álbumes "Chants d’Argentine" (1954) y "Sous le ciel de l’Argentine" (1955), con clásicos como "Dos palomitas" y "Huachi tori", pero también con temas de Atahualpa Yupanqui, de Jaime Dávalos, Rafael Rossi y Rolando Valladares.
De regreso en la Argentina en 1956, Leda y María Elena, realizaron una extensa gira por el noroeste argentino, en una experiencia que se plasmó en los álbumes "Entre valles y quebradas vol 1" y "Entre valles y quebradas vol 2", ambos de 1957.
En 1958 lanzaron su álbum "Canciones del tiempo de Maricastaña", que incluye canciones como "El Tururururú" (que la culpa la tienes tú), "En qué nos parecemos" o el "Romance del enamorado y la Muerte".
Luego de trabajar como guionista de programas infantiles, María Elena junto a Leda volcó todo en "Canciones de Tutú Marambá", en el que aparecen canciones que serían clásicos para varias generaciones de niños argentinos como "La vaca estudiosa", "El reino del revés", "Canción del Pescador" y "Canción de Titina".
Su discografía solista, tanto infantil como para adultos, va desde "Canciones de Tutú Marambá", "Canciones para mí", "Canciones para mirar", "El país de Nomeacuerdo", "El país de la Navidad", "Cuentopos", "Juguemos en el mundo", "Cuentopos para el recreo", "Juguemos en el mundo II", "Cuatro villancicos norteños", "El sol no tiene bolsillos", "Como la cigarra", "El buen modo" y "De puño y letra".
Otras canciones que ingresaron en la memoria de miles de niños son "La reina batata", "El país del nomeacuerdo", "El twist del mono liso", "Marcha de Osias", "El show del Perro Salchicha", "La Mona Jacinta", "Don Enrique del Meñique".
Artistas como Mariana Cincunegui, Adriana, Daniela, Piñón Fijo, la Banda del Musiquero Loco, que se especializan en canciones para niños, han señalado que en materia de música infantil, Walsh ubicó un techo muy alto, casi inalcanzable, con parámetros increíbles por su talento y el nivel de ocurrencia de sus letras.
En materia para adultos, con su espectáculo "Juguemos en el mundo", produjo un acontecimiento cultural que influiría fuertemente en la nueva canción popular argentina.
A su manera, se sumó al Movimiento del Nuevo Cancionero, impulsado por músicos como Mercedes Sosa, Armando Tejada Gómez, Tito Francia y Rubén Mattus.
Sus melodías iban desde el folklore, pasaban por el jazz, el tango y hasta el rock, pero además en materia de letras le aportó mucho sustento a la canción de protesta.
Desde su gran clásico "La Cigarra", convertido en un himno de resistencia contra la dictadura militar que gobernó el país hasta 1983 hasta una mirada hacia la inmigración como "Zamba de Pepe".
También su percepción sobre el peronismo con "El 45", hacia la postura tilinga de la clase media porteña con "Mirón y Miranda" o "Gilito de Barrio Norte".
Otro disco importante por su temática social y su fina ironía fue "El sol no tiene bolsillos" que incluye canciones como "Vals municipal", "Magoya", "Oración a la justicia", "Si se muere la zamba", el contundente "The Kana", "Balada de Comodus Viscach", "Dónde están los poetas", mientras que en "Como la cigarra" aparecen "Réquiem de madre", "El viejo varieté", "Canción de caminantes", "Aria del Salón Blanco", "Al divino botón" y "Las aguasvivas".
Por eso años, se acercó a ella, el cordobés Mario González, conocido como Jairo con quien compuso "Angelito mexicano", "Vidalita porteña", "Mis ganas", "El valle y el volcán" y "Queda tan lejos".
El inicio de la dictadura militar fue el fin de su carrera musical, ya que decidió no escribir más canciones, solo se dedico a la poesía y a eventuales participaciones como invitada en discos de amigos y colegas.
Fuente: telam.com.ar
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