LT10 - "El rey del Once"

Martes 23 de Febrero de 2016 - 09:03 hs

Daniel Burman reflexiona sobre su labor como cineasta en un libro

Una interesante aproximación a esa zona de creación tantas veces vedada.

Actualizado: Martes 15 de Marzo de 2016 - 07:26 hs

Daniel Burman

El rey del Once, la última película de Daniel Burman que explora la relación entre un padre con su hijo –actualmente en cartel–, tiene también su contracara en un libro. Se llama El rey del Once. Al borde de la ficción (TreintaySeis), y en él Burman ofrece con humildad su propia experiencia como creador de historias, tanto como guionista como en su rol de director de cine.

El tema se advierte desde el comienzo: “Guión+comentarios” indica el subtítulo en el interior. Porque son las impresiones, reflexiones y anécdotas las que funcionan aquí como metadiscursos para el aficionado. En pocas palabras, qué resultó y qué no. Vale la aclaración: aplica únicamente a este filme y no se enuncia como dogma.

“Una cuestión fundamental a la hora de realizar el montaje tiene que ver con el orden del universo narrado, con qué elementos conviene develar primero” , apunta al principio, como consejo de la Escena 1. También hay enunciación de recuerdos, que ponen en primer plano su carácter humano sobre el de artista, con problemáticas comunes: “La escena de juramento a la bandera tiene raíz autobiográfica. [...] Cada vez que organizo un viaje abro el calendario escolar primero, y me aseguro de que no coincida con ninguna efeméride o acto, por menor que parezca. Y esa tensión permanente entre las obligaciones artístico-profesionales y los deberes paternos son un tema central en mi vida” . Además, el libro permite ir más allá del personaje Usher, sabiendo un poquito más del Usher real que fascinó a Burman y fue el motivo que lo llevó a filmar esta película:“Usher se expresa con una gran economía de palabras, omite cualquier tipo de preámbulo o rodeo y va directo al grano, es decir, al verbo: andá, traé, entregá, ayudá. Por lo que fui construyendo los diálogos con él. Y en ese proceso, lógicamente, cada vez que le daba el guión para que los leyéramos juntos me decía: che, pero esto no se entiende nada” , confiesa. Otro atractivo es que se pueden conocer aquellas escenas que ya no están en la película y los motivos de su ausencia: “Los últimos textos del carnicero explicitan algo que el personaje debe comprender, y suele ser decepcionante escuchar de un tercero lo que el héroe debe asumir por su propia evolución. Filmamos esa escena para confirmar esa regla. Repetimos el texto de todas las maneras posibles hasta admitir que era innecesario” , escribe. Y para quienes no estén familiarizados con la cultura judía, hay explicaciones que fortalecerán el lazo con el argumento: “De las costumbres típicas de la mujer ortodoxa en el judaísmo, la que más me obsesiona es la prescripción del uso de peluca para las mujeres casadas. [...] Desde que empecé a escribir el guión tuve la imagen de una mujer judía que abandona a su esposo y le deja su peluca. No se la olvida, la deja con cuidado en un porta pelucas, y el mensaje es claro: te dejo a esa mujer, y a la que estaba debajo de este pelo me la llevo” .

El cuento termina con un retrato del propio Usher, coronado. Y un deseo: que la película despierte interés en la gente por su fundación.

Se sabe: del guión a la escena hay un abismo de por medio. Con este libro, Burman nos permite no sólo recorrer el abismo sino también adivinar en cada cambio, un aprendizaje. Una interesante aproximación a esa zona de creación tantas veces vedada.

 

Fuente: Revista Ñ

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