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Martes 22 de Noviembre de 2011 - 10:09 hs

Intrusos roban diez mil dólares de un departamento del macrocentro rosarino

Cuando el domingo a la noche llegó a su departamento en un edificio del macrocentro, Lucy Igarzábal se sorprendió al notar la puerta blindada abierta y el tremendo desorden que había en la cocina y en los dos dormitorios. La mujer intuyó haber recibido la visita de intrusos y enseguida comprobó que no estaba equivocada: caminó con pasos presurosos hasta el mueble donde había guardado los diez mil dólares que había ahorrado luego de su paso por Estados Unidos y se angustió al percatarse de que habían desaparecido. Después pegó un vistazo entre los cajones y la ropa diseminada por el suelo y observó que también faltaban alhajas y una cámara digital.

Cinco años atrás Lucy regresó a la ciudad luego de vivir un largo tiempo en Estados Unidos. Desde entonces, ocupó el 4º B del edificio de 9 de Julio 2649. Pero ella no fue la única víctima del escruche perpetrado el domingo: también sus vecinos del 4º A, un médico y un contador, sufrieron el robo de dinero y una notebook.

Todo revuelto. Ayer al mediodía, mientras Lucy saboreaba unos sandwiches de miga en el living de su departamento, su hermana Vilma advirtió que ella brindaría los detalles del atraco porque la víctima del robo prefería no hablar.

Lo primero que mostró Vilma fue el descomunal desarreglo en los dos dormitorios: cajones revueltos tirados sobre la cama y ropa esparcida por el suelo en la pieza más amplia que se conecta con un patio. En la otra habitación, una escena idéntica.

Lucy salió de su departamento a las 12 del domingo. Cuando estaba en la vereda para subirse a su auto se inquietó por la mirada insistente de una mujer acompañada de dos chicos. "La mujer estaba pidiendo y no le sacó los ojos de encima a mi hermana", comentó Vilma. En rigor, el hecho no permite aventurar sospecha sobre esas personas.

Lucy se fue a almorzar y regresó a las 22. Subió hasta el cuarto piso y, apenas llegó, se intranquilizó al ver la puerta abierta. En el interior del departamento, las puertas del placard del living también estaban entreabiertas.

Fue hasta la cocina en medio del tremendo desorden y corrió hacia una de las habitaciones donde tenía guardado los diez mil dólares que había atesorado tras su periplo por Estados Unidos. Su desazón fue mayúscula cuando se percató de que se habían evaporado. Entonces, renegó de las restricciones que impuso el gobierno en el mercado cambiario. "No los pudimos depositar en un banco (los billetes) porque la presidenta quiere saber de dónde lo sacamos", dijo con ironía Vilma.

El efectivo no fue lo único que se llevaron los intrusos. Anillos de oro y una cámara digital de fotos engrosaron el botín de los ladrones.

Sin forzar. Cuando pudo reconstruir los pasos de los asaltantes, lo primero que le llamó la atención a Lucy fue que hayan podido abrir la puerta blindada de su departamento sin forzarla. La misma prolijidad tuvieron los intrusos para ingresar por la puerta del edificio.

Los ocupantes del 4ª A no tuvieron la misma suerte, ya que los ladrones le violentaron la abertura con una barreta. Antenoche, las hermanas Igarzábal les dieron la mala noticia. "Se habían ido el día anterior y tuvimos que localizarlos", comentó Vilma.

Ayer la hermana de la víctima no sólo se lamentaba por el quebranto económico que le ocasionó el atraco, sino también por la demora de la policía en acudir. "Es una vergüenza. Llamamos cinco veces al 911 y 40 minutos después llegó un móvil del Comando Radioeléctrico. Los policías nos dijeron que hacía dos minutos que les habían avisado", señaló.

Fuente: lacapital.com.ar

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La aprehensión ocurrió durante la madrugada de este martes en la intersección de Suipacha y Urquiza. Los jóvenes, de entre 15 y 17 años, portaban una pistola calibre 22 sin numeración.

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