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Viernes 12 de Junio de 2015 - 17:58 hs
Riesgos del ejercicio físico en el embarazo
Actualizado: Sábado 12 de Marzo de 2016 - 22:49 hs
Cuando se realiza actividad física durante la gestación pueden existir problemas que la mujer embarazada debe conocer, por eso es tan importante que se consulte al médico antes de comenzar un programa de actividad física, ya que en algunas circunstancias van a existir contraindicaciones que desaconsejan la realización de la misma.
¿Que riesgos pueden existir para el futuro recién nacido?
Durante el ejercicio físico se produce una redistribución del volumen plasmático hacia la piel y los músculos en actividad, disminuyendo la vascularización (producción o aumento del numero de los vasos sanguíneos sanguíneos) del útero, lo que puede comprometer la oxigenación y nutrición fetal tanto más cuanto mayor sea la intensidad del ejercicio.
Se ha comprobado la existencia de una relación inversa entre intensidad del ejercicio físico y peso fetal (encontrándose pesos fetales 300-500 gr. por debajo de la media de la población general, sobre todo a expensas de peso graso).
El feto responde con una taquicardia (aumento de la frecuencia cardíaca) fetal para asegurarse una mayor disponibilidad de oxigeno (con aumentos de 10-30 latidos por minuto si el EF es de intensidad moderada). Al cesar la actividad física, recupera su FC basal o de reposo (120-160 latidos por minuto) en aproximadamente 15 minutos, pero si el ejercicio físico realizado es de intensidad elevada, puede necesitar hasta 30 minutos para volver a cifras basales.
Hipoglucemia (disminución de la cifra de glucosa en sangre): Condicionada por una mayor utilización materna de los hidratos de carbono o azúcares durante el ejercicio.
Hipertermia (elevación de la temperatura corporal)
En la gestante que realiza ejercicio físico se libera mucho calor con el riesgo potencial de una hipertermia fetal, que de producirse al inicio del embarazo podría tener efecto teratogénico (producción de malformaciones) con la aparición de defectos del tubo neural (que se cierra habitualmente entre los días 23-28 de gestación) y en los últimos meses del embarazo se ha asociado con retraso del crecimiento intrauterino. El riesgo será proporcional a la intensidad de ejercicio. Hasta ahora ninguno de los casos publicados en la literatura se ha relacionado con la práctica deportiva y sí con la exposición a temperaturas elevadas en el embarazo (saunas y enfermedades febriles maternas).
Contraindicaciones absolutas para la práctica deportiva
Debe excluirse de la práctica de ejercicio físico a aquellas mujeres que presenten enfermedad renal, cardiaca (isquémica o valvular) o infección aguda, embarazo múltiple, preeclampsia, placenta previa, cérvix incompetente o cerclaje, rotura precoz de membranas, parto prematuro, sangrado vaginal, sospecha de distress fetal o retraso del crecimiento intrauterino.
Contraindicaciones relativas para la práctica deportiva
Hipertensión arterial no controlada, arritmia cardiaca, anemia moderada o severa, diabetes mal controlada, enfermedad pulmonar pulmonar, obesidad o delgadez excesiva, tabaquismo, ingesta de alcohol, embarazo gemelar tras la semana 24º y antecedentes de prematuridad.
Motivos para la detención del ejercicio físico y consulta médica
La gestante debe interrumpir la práctica deportiva y acudir al médico en caso de presentar alguno de los síntomas o signos siguientes:
Cefaleas (dolor de cabeza) persistentes e intensas.
Alteraciones de la visión, mareos inexplicados.
Episodios de dolor precordial (corazón) o palpitaciones.
Debilidad muscular.
Sensación de falta de aire.
Dolor abdominal intenso.
Edema (acumulación excesiva de líquido) generalizado.
Sospecha de flebitis(inflamación de alguna vena).
Lenta recuperación de la frecuencia cardiaca o tensión arterial tras el ejercicio. Escaso aumento de peso (menos de 1 kg./mes en los últimos dos meses).
Pérdida de líquido o sangrado vaginal.
Disminución de los movimientos fetales o contracciones persistentes sugestivas de parto prematuro (más de 6-8 contracciones/hora).
Ejercicio fisico y lactancia
La mayoría de los cambios tanto fisiológicos como morfológicos producidos durante el embarazo y parto persisten entre 4-6 semanas postparto (el llamado puerperio).
En la lactancia no está contraindicada la práctica de ejercicio aunque puede resultar incómodo e incluso doloroso por el aumento de volumen mamario. Además la lactancia, como el embarazo, es un periodo físicamente exigente para la madre y provoca cansancio que se suma al originado por la realización de ejercicio.
El tipo de trabajo más recomendable en esta fase, puerperio y lactancia, incluye una serie de ejercicios físicos orientados a reforzar la musculatura de la región perineal, recuperar el tono abdominal y el equilibrio postural alterados durante el embarazo y prevenir la aparición de flebitis.
Inicialmente deben evitarse las contracciones abdominales intensas que pueden potenciar el prolapso genitourinario ( descenso del útero o de la vejiga).
La vuelta a la práctica deportiva habitual debe realizarse gradualmente según la capacidad física de cada mujer. Los deportes más idóneos serán la carrera suave, natación, gimnasia, atletismo, baloncesto, voleibol, balonmano, esgrima, esquí y tenis y las recomendaciones en cuanto a frecuencia, intensidad y duración del ejercicio similares a las descritas en el embarazo.
La respuesta al ejercicio físico respecto a gasto energético, reducción del % graso y modificación de los lípidos plasmáticos es similar en mujeres lactantes y no lactantes para una misma actividad. El ejercicio físico puede ayudar a recuperar el peso corporal adecuado con mayor rapidez para una misma ingesta calórica.
No parece existir relación causal entre el inicio de la actividad física y la retirada de la leche. Se ha observado un aumento de la concentración de ácido láctico en la leche materna de hasta un 105% respecto a la concentración en reposo cuando se practica ejercicio físico de elevada intensidad, lo cual puede alterar el sabor de la misma, si bien esto no implica un rechazo por el lactante.
El deporte de competición sí es incompatible con la lactancia, no conviene reiniciarlo hasta la normalización del útero y el tono abdominal.
¿Que riesgos pueden existir para el futuro recién nacido?
Durante el ejercicio físico se produce una redistribución del volumen plasmático hacia la piel y los músculos en actividad, disminuyendo la vascularización (producción o aumento del numero de los vasos sanguíneos sanguíneos) del útero, lo que puede comprometer la oxigenación y nutrición fetal tanto más cuanto mayor sea la intensidad del ejercicio.
Se ha comprobado la existencia de una relación inversa entre intensidad del ejercicio físico y peso fetal (encontrándose pesos fetales 300-500 gr. por debajo de la media de la población general, sobre todo a expensas de peso graso).
El feto responde con una taquicardia (aumento de la frecuencia cardíaca) fetal para asegurarse una mayor disponibilidad de oxigeno (con aumentos de 10-30 latidos por minuto si el EF es de intensidad moderada). Al cesar la actividad física, recupera su FC basal o de reposo (120-160 latidos por minuto) en aproximadamente 15 minutos, pero si el ejercicio físico realizado es de intensidad elevada, puede necesitar hasta 30 minutos para volver a cifras basales.
Hipoglucemia (disminución de la cifra de glucosa en sangre): Condicionada por una mayor utilización materna de los hidratos de carbono o azúcares durante el ejercicio.
Hipertermia (elevación de la temperatura corporal)
En la gestante que realiza ejercicio físico se libera mucho calor con el riesgo potencial de una hipertermia fetal, que de producirse al inicio del embarazo podría tener efecto teratogénico (producción de malformaciones) con la aparición de defectos del tubo neural (que se cierra habitualmente entre los días 23-28 de gestación) y en los últimos meses del embarazo se ha asociado con retraso del crecimiento intrauterino. El riesgo será proporcional a la intensidad de ejercicio. Hasta ahora ninguno de los casos publicados en la literatura se ha relacionado con la práctica deportiva y sí con la exposición a temperaturas elevadas en el embarazo (saunas y enfermedades febriles maternas).
Contraindicaciones absolutas para la práctica deportiva
Debe excluirse de la práctica de ejercicio físico a aquellas mujeres que presenten enfermedad renal, cardiaca (isquémica o valvular) o infección aguda, embarazo múltiple, preeclampsia, placenta previa, cérvix incompetente o cerclaje, rotura precoz de membranas, parto prematuro, sangrado vaginal, sospecha de distress fetal o retraso del crecimiento intrauterino.
Contraindicaciones relativas para la práctica deportiva
Hipertensión arterial no controlada, arritmia cardiaca, anemia moderada o severa, diabetes mal controlada, enfermedad pulmonar pulmonar, obesidad o delgadez excesiva, tabaquismo, ingesta de alcohol, embarazo gemelar tras la semana 24º y antecedentes de prematuridad.
Motivos para la detención del ejercicio físico y consulta médica
La gestante debe interrumpir la práctica deportiva y acudir al médico en caso de presentar alguno de los síntomas o signos siguientes:
Cefaleas (dolor de cabeza) persistentes e intensas.
Alteraciones de la visión, mareos inexplicados.
Episodios de dolor precordial (corazón) o palpitaciones.
Debilidad muscular.
Sensación de falta de aire.
Dolor abdominal intenso.
Edema (acumulación excesiva de líquido) generalizado.
Sospecha de flebitis(inflamación de alguna vena).
Lenta recuperación de la frecuencia cardiaca o tensión arterial tras el ejercicio. Escaso aumento de peso (menos de 1 kg./mes en los últimos dos meses).
Pérdida de líquido o sangrado vaginal.
Disminución de los movimientos fetales o contracciones persistentes sugestivas de parto prematuro (más de 6-8 contracciones/hora).
Ejercicio fisico y lactancia
La mayoría de los cambios tanto fisiológicos como morfológicos producidos durante el embarazo y parto persisten entre 4-6 semanas postparto (el llamado puerperio).
En la lactancia no está contraindicada la práctica de ejercicio aunque puede resultar incómodo e incluso doloroso por el aumento de volumen mamario. Además la lactancia, como el embarazo, es un periodo físicamente exigente para la madre y provoca cansancio que se suma al originado por la realización de ejercicio.
El tipo de trabajo más recomendable en esta fase, puerperio y lactancia, incluye una serie de ejercicios físicos orientados a reforzar la musculatura de la región perineal, recuperar el tono abdominal y el equilibrio postural alterados durante el embarazo y prevenir la aparición de flebitis.
Inicialmente deben evitarse las contracciones abdominales intensas que pueden potenciar el prolapso genitourinario ( descenso del útero o de la vejiga).
La vuelta a la práctica deportiva habitual debe realizarse gradualmente según la capacidad física de cada mujer. Los deportes más idóneos serán la carrera suave, natación, gimnasia, atletismo, baloncesto, voleibol, balonmano, esgrima, esquí y tenis y las recomendaciones en cuanto a frecuencia, intensidad y duración del ejercicio similares a las descritas en el embarazo.
La respuesta al ejercicio físico respecto a gasto energético, reducción del % graso y modificación de los lípidos plasmáticos es similar en mujeres lactantes y no lactantes para una misma actividad. El ejercicio físico puede ayudar a recuperar el peso corporal adecuado con mayor rapidez para una misma ingesta calórica.
No parece existir relación causal entre el inicio de la actividad física y la retirada de la leche. Se ha observado un aumento de la concentración de ácido láctico en la leche materna de hasta un 105% respecto a la concentración en reposo cuando se practica ejercicio físico de elevada intensidad, lo cual puede alterar el sabor de la misma, si bien esto no implica un rechazo por el lactante.
El deporte de competición sí es incompatible con la lactancia, no conviene reiniciarlo hasta la normalización del útero y el tono abdominal.
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