La localidad santafesina fue seleccionada como finalista junto a otras siete de la Argentina.
Jueves 09 de Abril de 2015 - 16:43 hs
TOC: la vida entre rituales y pensamientos intrusivos
Es una de las afecciones mentales más recurrentes, luego de las fobias, las adicciones y la depresión. De qué se trata, cómo impacta en la vida y de qué modo se puede tratar.
El Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) es una enfermedad caracterizada, esencialmente, por la presencia de obsesiones y/o compulsiones. La edad más frecuente de comienzo del TOC es la adolescencia tardía o la adultez temprana. Si su desarrollo no se trata se vuelve crónico, y se intensifica. Por lo general, se asocia a eventos estresantes que se dan en el curso de la propia vida. Está cuarta en el listado de trastornos mentales más recurrentes luego de las fobias, las adicciones y la depresión.
Las obsesiones, en forma de ideas, imágenes o pensamientos, se presentan de forma intrusiva y repetitiva. El contenido resulta inquietante o desagradable, por lo que la persona afectada intenta resistirse mediante la imposición voluntaria de otro pensamiento o de un acto mental o motor.
Las obsesiones más comunes están vinculadas con las siguientes temáticas:
1. Contaminación. Temor a contraer una enfermedad o infección; o bien poder transmitir a otro una afección.
2. Agresión. La persona tiene miedo a realizar una acción violenta, como lastimar a un ser querido o bien a uno mismo.
3. Sexo. Se experimentan pensamientos o imágenes acerca de tener relaciones sexuales incestuosas, con niños o animales, o bien cualquier otra conducta que se viva como aberrante.
4. Somáticas. El paciente suele estar extremadamente preocupado u obsesionado por diversas funciones corporales, como la frecuencia cardiaca, aspectos de la imagen corporal o anatómica. Siente temor a desarrollar una enfermedad amenazante para la vida.
5. Religión. Se expresa como una necesidad de confesar pecados inexistentes o ínfimos que se supone haber cometido.
6. Necesidad de simetría y precisión. Es la obsesión de colocar los objetos de manera simétrica o de tener los sucesos ordenados. Consiste en hacer y deshacer ciertas acciones motoras de una manera exacta, por ejemplo: caminar hacia adelante y luego hacia atrás de la misma manera para entrar o salir de un lugar.
7. Duda o responsabilidad patológica. Preguntarse repetidas veces si se ha realizado una acción. Por ejemplo: ¿cerré la puerta?, ¿apagué la luz?, ¿cerré la llave de gas?, etc.
8. Coleccionismo o acumulación. Es la necesidad de juntar gran cantidad de cartones, papeles, trastos inútiles, envases, bolsas de compras, revistas o periódicos viejos, por ejemplo.
Las compulsiones, de carácter repetitivo y excesivo requieren una inversión de tiempo exagerado, obstaculizan el desarrollo de las actividades cotidianas y tienen la función de calmar la ansiedad aunque sea transitoriamente, mediante rituales. Tanto las obsesiones como las compulsiones se viven como absurdos. Las más frecuentes son el lavado de manos (por el temor a la contaminación), el conteo (de lo que sea, de una manera determinada aunque esta forma no implique ninguna lógica) y el chequear hechos o situaciones.
Hablamos de un trastorno cuándo las obsesiones y compulsiones duran más de una hora por día e interfieren en las actividades cotidianas, agobiando la vida familiar, social, laboral o académica de la persona.
Cómo decirle adiós a este trastorno
Hay dos tratamientos que han probado ser eficaces a la hora de abordar este problema: el tratamiento farmacológico y el abordaje psicoterapéutico cognitivo conductual. El farmacológico trabaja con antidepresivos de última generación (Inhibidores de la recaptación de serotonina). La limitación se encuentra en que cuando se abandona la medicación, la sintomatología vuelve, con lo cual no es raro que tengan que hacer uso de la medicación de manera crónica durante toda la vida.
El abordaje cognitivo conductual presenta mejor pronóstico en cuanto a la posibilidad de evitar la recaída. El tratamiento consiste en la exposición a lo que se teme (pensamiento o realidad) con la prohibición de realizar conductas de evitación (rituales que buscan neutralizar la fuerza de las obsesiones).
De esta forma, el paciente se arriesga a experimentar la ansiedad para encontrarse con que es como cualquier otra emoción: tiene un alza, un pico y también un descenso de la fuerza de la obsesión. Así, se busca lograr un proceso de habituación que lleve a la extinción -la mayor posible- de estas obsesiones y compulsiones. El objetivo, como mínimo, es la disminución de síntomas, para que la persona desarrolle la flexibilidad psicológica necesaria a fin de que la ansiedad interfiera lo menos posible en su vida.
Las obsesiones, en forma de ideas, imágenes o pensamientos, se presentan de forma intrusiva y repetitiva. El contenido resulta inquietante o desagradable, por lo que la persona afectada intenta resistirse mediante la imposición voluntaria de otro pensamiento o de un acto mental o motor.
Las obsesiones más comunes están vinculadas con las siguientes temáticas:
1. Contaminación. Temor a contraer una enfermedad o infección; o bien poder transmitir a otro una afección.
2. Agresión. La persona tiene miedo a realizar una acción violenta, como lastimar a un ser querido o bien a uno mismo.
3. Sexo. Se experimentan pensamientos o imágenes acerca de tener relaciones sexuales incestuosas, con niños o animales, o bien cualquier otra conducta que se viva como aberrante.
4. Somáticas. El paciente suele estar extremadamente preocupado u obsesionado por diversas funciones corporales, como la frecuencia cardiaca, aspectos de la imagen corporal o anatómica. Siente temor a desarrollar una enfermedad amenazante para la vida.
5. Religión. Se expresa como una necesidad de confesar pecados inexistentes o ínfimos que se supone haber cometido.
6. Necesidad de simetría y precisión. Es la obsesión de colocar los objetos de manera simétrica o de tener los sucesos ordenados. Consiste en hacer y deshacer ciertas acciones motoras de una manera exacta, por ejemplo: caminar hacia adelante y luego hacia atrás de la misma manera para entrar o salir de un lugar.
7. Duda o responsabilidad patológica. Preguntarse repetidas veces si se ha realizado una acción. Por ejemplo: ¿cerré la puerta?, ¿apagué la luz?, ¿cerré la llave de gas?, etc.
8. Coleccionismo o acumulación. Es la necesidad de juntar gran cantidad de cartones, papeles, trastos inútiles, envases, bolsas de compras, revistas o periódicos viejos, por ejemplo.
Las compulsiones, de carácter repetitivo y excesivo requieren una inversión de tiempo exagerado, obstaculizan el desarrollo de las actividades cotidianas y tienen la función de calmar la ansiedad aunque sea transitoriamente, mediante rituales. Tanto las obsesiones como las compulsiones se viven como absurdos. Las más frecuentes son el lavado de manos (por el temor a la contaminación), el conteo (de lo que sea, de una manera determinada aunque esta forma no implique ninguna lógica) y el chequear hechos o situaciones.
Hablamos de un trastorno cuándo las obsesiones y compulsiones duran más de una hora por día e interfieren en las actividades cotidianas, agobiando la vida familiar, social, laboral o académica de la persona.
Cómo decirle adiós a este trastorno
Hay dos tratamientos que han probado ser eficaces a la hora de abordar este problema: el tratamiento farmacológico y el abordaje psicoterapéutico cognitivo conductual. El farmacológico trabaja con antidepresivos de última generación (Inhibidores de la recaptación de serotonina). La limitación se encuentra en que cuando se abandona la medicación, la sintomatología vuelve, con lo cual no es raro que tengan que hacer uso de la medicación de manera crónica durante toda la vida.
El abordaje cognitivo conductual presenta mejor pronóstico en cuanto a la posibilidad de evitar la recaída. El tratamiento consiste en la exposición a lo que se teme (pensamiento o realidad) con la prohibición de realizar conductas de evitación (rituales que buscan neutralizar la fuerza de las obsesiones).
De esta forma, el paciente se arriesga a experimentar la ansiedad para encontrarse con que es como cualquier otra emoción: tiene un alza, un pico y también un descenso de la fuerza de la obsesión. Así, se busca lograr un proceso de habituación que lleve a la extinción -la mayor posible- de estas obsesiones y compulsiones. El objetivo, como mínimo, es la disminución de síntomas, para que la persona desarrolle la flexibilidad psicológica necesaria a fin de que la ansiedad interfiera lo menos posible en su vida.
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