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Lunes 02 de Marzo de 2015 - 20:41 hs
Juicio por Ángeles Rawson: ¿qué esconde la mujer de Mangeri?
Hubo un momento sorprendente en la declaración testimonial de María Elena Aduriz el viernes pasado, en el marco del juicio que busca esclarecer el brutal homicidio de su hija Ángeles Rawson en junio de 2013. Aduriz detalló un encuentro casual con Mangeri en un pasillo de la Fiscalía Nº 35, luego de que declarara como testigo tres días después de la muerte de su hija. Junto a Mangeri, ese día en la fiscalía, estaba presente Diana Saettone, la esposa del portero.
"Me había sentado en la escalera. Vi a la señora de Mangeri y a Mangeri mismo. Lo saludé. Era una cara amiga. Él me dio el pésame, le apoyé la mano en el hombro, y se lo agradecí. La señora se quedó con nosotros. Me dijo que ella no podía hablar mucho. \\'Me dijeron que no puedo hablar\\', algo así me dijo", relató Aduriz. El murmullo en la sala fue inmediato. El miércoles, en el Tribunal Oral Criminal Nº 9, Diana Saettone tendrá la chance de explicarse, en de las declaraciones testimoniales más esperadas del proceso.
¿Qué había querido decir Saettone en su conversación fugaz con Aduriz? ¿Qué no podía decir? A un año y medio del crimen, con un juicio ya iniciado con su marido como único acusado, esta frase lanzada en plena audiencia por la madre de Ángeles en el Tribunal Oral Criminal Nº 9 generó nuevas dudas sobre un posible rol de la mujer del portero en el crimen. Pablo Lanusse, abogado querellante en el caso, acotó rápidamente: "Estoy convencido, mintió e instaló una coartada falsa tratando de decir que ella estuvo con Mangeri la mañana en que mataron a Ángeles. Su declaración no me quita ni me pone, es la esposa de un acusado y no voy a gastar recursos en perseguirla judicialmente porque tiene protección legal".
Sin embargo, Adrián Tenca, abogado defensor de Jorge Mangeri, sostiene que los dichos de la madre de Ángeles no afectan judicialmente a Saettone ni que tiene riesgo de ser imputada como encubridora en pleno juicio. Pero, por otra parte, Mangeri curiosamente siempre se esforzó por desligar a su esposa del crimen. En su testimonial de junio de 2013, afirmó que en la mañana del asesinato había estado tomando mate en su departamento con su mujer. Luego, en la misma testimonial, afirmó que "el lunes a la mañana, como estaba solo, subió a su casa y tomó mate cocido".
En su propia testimonial, Saettone afirmó que el lunes del asesinato "su esposo subió a su departamento alrededor de las 9:40 horas a desayunar" y que luego volvió a almorzar. Lo cierto es que la mujer del portero nunca estuvo en el círculo de sospechas de María Paula Asaro, la fiscal de instrucción del caso. Pero el golpe fue demasiado. En poco tiempo, Saettone perdió todo lo que había logrado.
En octubre del 2013, Saettone tuvo que abandonar el departamento del octavo piso en Ravignani que había ocupado junto a su marido durante más de diez años: la administración le había pedido que se fuera ya que la familia Rawson volvería a vivir en el edificio, algo que jamás hizo. Tuvo que mudarse de vuelta con sus padres en Pacheco.
Al perder su marido su trabajo, Diana también perdió la obra social del SUTERH con la que controlaba un cáncer que lograba mantener a raya y una arritmia posterior causada por la medicación. También perdió su trabajo, como empleada de limpieza en un instituto de menores porteño. Hoy, a un año y medio del crimen, Diana, a sus 43 años, todavía vive junto a sus padres. Consiguió un trabajo en una fábrica de perfumes, que al poco tiempo perdió. Su familia junta dinero para costear su tratamiento médico. A pesar de todo esto, Saettone no le suelta la mano a Mangeri; lo visita dos veces por semana en el penal de Ezeiza y todavía clama por su inocencia. Al comienzo del juicio, la mujer del portero, sus padres y casi una veintena de sus familiares y vecinos formaron una suerte de tribuna en el sexto piso de los Tribunales de Talcahuano.
Sergio Opatowski, padrastro de Ángeles, también declarará mañana en el juicio, junto a la empleada doméstica de los Rawson, Dominga Torres. El padrastro resultó una incógnita al comienzo del juicio; no se lo había visto junto a su mujer, María Jimena Aduriz. El caso también generó una fractura en su vida; tuvo que separarse por un tiempo de su mujer debido a la presión generalizada. El viernes último por la tarde, antes de que supiera que debería declarar en el TOC Nº 9, Opatowski afirmó a Infobae: "Lamentablemente, no puedo acompañar a mi mujer en el Tribunal. Lo estoy viendo por televisión. Si soy testigo, no puedo estar. Tengo que declarar, ahí si voy a poder. Y esto es doloroso, muy, muy doloroso. La voy llevando como puedo, pero no sé". Segundos después, rompió en llanto.
"Me había sentado en la escalera. Vi a la señora de Mangeri y a Mangeri mismo. Lo saludé. Era una cara amiga. Él me dio el pésame, le apoyé la mano en el hombro, y se lo agradecí. La señora se quedó con nosotros. Me dijo que ella no podía hablar mucho. \\'Me dijeron que no puedo hablar\\', algo así me dijo", relató Aduriz. El murmullo en la sala fue inmediato. El miércoles, en el Tribunal Oral Criminal Nº 9, Diana Saettone tendrá la chance de explicarse, en de las declaraciones testimoniales más esperadas del proceso.
¿Qué había querido decir Saettone en su conversación fugaz con Aduriz? ¿Qué no podía decir? A un año y medio del crimen, con un juicio ya iniciado con su marido como único acusado, esta frase lanzada en plena audiencia por la madre de Ángeles en el Tribunal Oral Criminal Nº 9 generó nuevas dudas sobre un posible rol de la mujer del portero en el crimen. Pablo Lanusse, abogado querellante en el caso, acotó rápidamente: "Estoy convencido, mintió e instaló una coartada falsa tratando de decir que ella estuvo con Mangeri la mañana en que mataron a Ángeles. Su declaración no me quita ni me pone, es la esposa de un acusado y no voy a gastar recursos en perseguirla judicialmente porque tiene protección legal".
Sin embargo, Adrián Tenca, abogado defensor de Jorge Mangeri, sostiene que los dichos de la madre de Ángeles no afectan judicialmente a Saettone ni que tiene riesgo de ser imputada como encubridora en pleno juicio. Pero, por otra parte, Mangeri curiosamente siempre se esforzó por desligar a su esposa del crimen. En su testimonial de junio de 2013, afirmó que en la mañana del asesinato había estado tomando mate en su departamento con su mujer. Luego, en la misma testimonial, afirmó que "el lunes a la mañana, como estaba solo, subió a su casa y tomó mate cocido".
En su propia testimonial, Saettone afirmó que el lunes del asesinato "su esposo subió a su departamento alrededor de las 9:40 horas a desayunar" y que luego volvió a almorzar. Lo cierto es que la mujer del portero nunca estuvo en el círculo de sospechas de María Paula Asaro, la fiscal de instrucción del caso. Pero el golpe fue demasiado. En poco tiempo, Saettone perdió todo lo que había logrado.
En octubre del 2013, Saettone tuvo que abandonar el departamento del octavo piso en Ravignani que había ocupado junto a su marido durante más de diez años: la administración le había pedido que se fuera ya que la familia Rawson volvería a vivir en el edificio, algo que jamás hizo. Tuvo que mudarse de vuelta con sus padres en Pacheco.
Al perder su marido su trabajo, Diana también perdió la obra social del SUTERH con la que controlaba un cáncer que lograba mantener a raya y una arritmia posterior causada por la medicación. También perdió su trabajo, como empleada de limpieza en un instituto de menores porteño. Hoy, a un año y medio del crimen, Diana, a sus 43 años, todavía vive junto a sus padres. Consiguió un trabajo en una fábrica de perfumes, que al poco tiempo perdió. Su familia junta dinero para costear su tratamiento médico. A pesar de todo esto, Saettone no le suelta la mano a Mangeri; lo visita dos veces por semana en el penal de Ezeiza y todavía clama por su inocencia. Al comienzo del juicio, la mujer del portero, sus padres y casi una veintena de sus familiares y vecinos formaron una suerte de tribuna en el sexto piso de los Tribunales de Talcahuano.
Sergio Opatowski, padrastro de Ángeles, también declarará mañana en el juicio, junto a la empleada doméstica de los Rawson, Dominga Torres. El padrastro resultó una incógnita al comienzo del juicio; no se lo había visto junto a su mujer, María Jimena Aduriz. El caso también generó una fractura en su vida; tuvo que separarse por un tiempo de su mujer debido a la presión generalizada. El viernes último por la tarde, antes de que supiera que debería declarar en el TOC Nº 9, Opatowski afirmó a Infobae: "Lamentablemente, no puedo acompañar a mi mujer en el Tribunal. Lo estoy viendo por televisión. Si soy testigo, no puedo estar. Tengo que declarar, ahí si voy a poder. Y esto es doloroso, muy, muy doloroso. La voy llevando como puedo, pero no sé". Segundos después, rompió en llanto.
Fuente: Infobae
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