El encuentro se disputará desde las 15.30 en el estadio Mario Alberto Kempes de Córdoba y será transmitido en vivo por TyC Sports
Hoy - Columna de opinión
Lunes 16 de Febrero de 2015 - 14:16 hs
"Los errores cuestan cada vez más caro", por G. Mazzi
Los errores en Colón cuestan cada vez más caro. Hubo mucho tiempo para planificar y recién luego de la primera fecha, muchos se dieron cuenta de cuestiones que estaban en la superficie y eran muy obvias.
Decir que Merlo se va por la derrota con San Lorenzo es no conocer el pasado reciente de los Sabaleros. Pero convengamos que admitir que dejar pasar dos meses para terminar despidiendo al técnico después de un partido; Señores dirigentes, esto denuncia serios defectos de conducción en el aspecto futbolístico, y todo sabemos que en Colón, la pelota es el "corazón" de una institución que respira y transpira fútbol.
Tanto esfuerzo para llegar a Primera no admite descuidos. La mística y la desbordante pasión de los Sabaleros no debe servir de burdo maquillaje a la hora de planificar, porque puede volver a costar caro. Apostar otra vez a un juego ramplón consagrado al empuje de la hinchada y a la genialidad de algún “salvador” es quimérico y Colón no está para seguir viviendo cada fin de semana a los sobresaltos.
Nadie quiere otro naufragio ni volver a ver un equipo más sostenido afuera que dentro de la cancha. Ceder todo el protagonismo a la entrega y olvidarse del buen trato que debe darle a ese objeto blanco que rueda sobre el verde, exige una mayor atención que la que se le ha prestado al armado del equipo hasta hoy.
Todo un pueblo vuelve a sentir con una visceralidad extrema sin posibilidad de retorno. El equipo hiperemocional del barrio Centenario siempre tira de pasión para llegar hasta donde no llega su juego. Pero los hinchas no hacen los goles ni los evitan. Colón ya experimentó lo que es vivir bajo la dictadura del miedo cuando se pierden hasta las esperanzas. Llegó la hora de no olvidar aquellos momentos cruciales para no repetir dolorosas experiencias. Por eso es necesario evitar que futbolistas de escaso bagaje vistan esta pesada camiseta y no estén a la altura del convite.
No se trata de sacar el cuchillo, buscar culpables y pasarlos por la piedra. Sí se trata de no caer en los viejos errores de siempre para después no tener que justificar lo injustificable que acababa degenerando en una espiral de destrucción. Si no hay recursos, ingenio, contactos; por mucha ilusión, seriedad o activación que haya… sirve de poco. El rojinegro nos interpela y nos obliga a agudizar la mirada crítica. Mientras tanto el entrenador deberá cumplir su rol sin excusas. Seducir al grupo, construir la cohesión interna, motivar, gestionar los conflictos, resolver el estrés, potenciar la confianza, atender a la individualidad especialmente cuando participan menos en la competición… son aspectos determinantes en la dirección del equipo.
El liderazgo efectivo deberá ser imprescindible en el técnico de turno, al margen de los refuerzos que falten.
El fútbol de Colón, lo saben todos, es mucho más que un deporte. En un sentido estricto es un universo que condensa y sublima las necesidades, condiciones y sueños de buena parte de la ciudad. Es una religión, un fenómeno de adoración, una factoría de ídolos y demonios que escriben buena parte de la épica contemporánea. Por tal motivo, no se puede ni debe descuidar como ocurrió con los tristemente célebres personajes de la gestión anterior y que tanto daño le hicieron. El club es de Primera, ojalá que el equipo también.
* Es parte del artículo escrito el 6 de febrero de 2015
Decir que Merlo se va por la derrota con San Lorenzo es no conocer el pasado reciente de los Sabaleros. Pero convengamos que admitir que dejar pasar dos meses para terminar despidiendo al técnico después de un partido; Señores dirigentes, esto denuncia serios defectos de conducción en el aspecto futbolístico, y todo sabemos que en Colón, la pelota es el "corazón" de una institución que respira y transpira fútbol.
Tanto esfuerzo para llegar a Primera no admite descuidos. La mística y la desbordante pasión de los Sabaleros no debe servir de burdo maquillaje a la hora de planificar, porque puede volver a costar caro. Apostar otra vez a un juego ramplón consagrado al empuje de la hinchada y a la genialidad de algún “salvador” es quimérico y Colón no está para seguir viviendo cada fin de semana a los sobresaltos.
Nadie quiere otro naufragio ni volver a ver un equipo más sostenido afuera que dentro de la cancha. Ceder todo el protagonismo a la entrega y olvidarse del buen trato que debe darle a ese objeto blanco que rueda sobre el verde, exige una mayor atención que la que se le ha prestado al armado del equipo hasta hoy.
Todo un pueblo vuelve a sentir con una visceralidad extrema sin posibilidad de retorno. El equipo hiperemocional del barrio Centenario siempre tira de pasión para llegar hasta donde no llega su juego. Pero los hinchas no hacen los goles ni los evitan. Colón ya experimentó lo que es vivir bajo la dictadura del miedo cuando se pierden hasta las esperanzas. Llegó la hora de no olvidar aquellos momentos cruciales para no repetir dolorosas experiencias. Por eso es necesario evitar que futbolistas de escaso bagaje vistan esta pesada camiseta y no estén a la altura del convite.
No se trata de sacar el cuchillo, buscar culpables y pasarlos por la piedra. Sí se trata de no caer en los viejos errores de siempre para después no tener que justificar lo injustificable que acababa degenerando en una espiral de destrucción. Si no hay recursos, ingenio, contactos; por mucha ilusión, seriedad o activación que haya… sirve de poco. El rojinegro nos interpela y nos obliga a agudizar la mirada crítica. Mientras tanto el entrenador deberá cumplir su rol sin excusas. Seducir al grupo, construir la cohesión interna, motivar, gestionar los conflictos, resolver el estrés, potenciar la confianza, atender a la individualidad especialmente cuando participan menos en la competición… son aspectos determinantes en la dirección del equipo.
El liderazgo efectivo deberá ser imprescindible en el técnico de turno, al margen de los refuerzos que falten.
El fútbol de Colón, lo saben todos, es mucho más que un deporte. En un sentido estricto es un universo que condensa y sublima las necesidades, condiciones y sueños de buena parte de la ciudad. Es una religión, un fenómeno de adoración, una factoría de ídolos y demonios que escriben buena parte de la épica contemporánea. Por tal motivo, no se puede ni debe descuidar como ocurrió con los tristemente célebres personajes de la gestión anterior y que tanto daño le hicieron. El club es de Primera, ojalá que el equipo también.
* Es parte del artículo escrito el 6 de febrero de 2015
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