El hecho quedó registrado por las cámaras de seguridad de la carnicería en la que trabajaban. El hombre resultó intoxicado.
LT10 - Columna de opinión
Martes 30 de Septiembre de 2014 - 00:18 hs
"Unión, un equipo doble faz", por Gustavo Mazzi
El escritor checo Milan Kundera dice que “la lítost es un estado de padecimiento producido por la visión de la propia miseria puesta repentinamente en evidencia”. Pensé en eso al ver jugar a Unión en Junín. Y como en Junín, en cada partido de visitante, con ese rodar entre la nostalgia y la impotencia. No salió nada y lo que salía se tornaba bufonesco o atribulado. El Tate es un equipo robusto, opulento, ambicioso de local, y desnutrido, consumado, acabado cuando sale de la Avenida López y Planes.
Se vio otra vez ese elenco falto de corazón y músculo. Hacía mucho tiempo que el fútbol de Unión no me torturaba con escenas tan dramáticas jugando de visitante. No es perder. Perder es parte del juego. Es no jugar a nada, es pasear como almas en pena por el césped, vencidos, como mamíferos pesados agonizando en algún documental de Animal Planet. Como animales andando por andar en la sabana esperando que los derrita el sol o los devore algún ávido carnívoro. El estoico hincha Tatengue no merece un espectáculo así, tan ajeno al propio fútbol que practica en su cancha y que reclama su historia. Que forma insensible de arañar la retina, de retorcerse en la miseria. La lítost. Nadar para no llegar nunca a la orilla. De todo, lo que más me conmueve es no tener razones para justificar esta “visitantitis aguda”. Aún cuando se topa con rivales de menor envergadura, a los que seguramente vencería sin despeinarse en su domicilio.
El Tate es de doble faz. Gana con autoridad, despertando pasiones y ansiedades incontrolables, un inmenso amor a la camiseta que se revolea orgullosa desde cada rincón del “15 de abril”. O sale, pierde y se desaniman mucho antes de lo esperado, derrumbando sueños, incendiando esperanzas, dinamitando promesas de amor eterno a once “traidores” incapaces de haber cumplido el mandato que les fue encomendado: hacer feliz a su pueblo. Este, el gran juego "doble faz" del odio y del deseo, de la aspiración sublime a la victoria y la postración sombría de la derrota, se presenta según la condición que ostente el equipo en cada duelo. Pobres los espíritus indolentes a los que el fútbol no los lleva ni a la repugnancia ni al amor. En este Unión todo se experimenta con diferencia de un par de horas, ya sea si es local o le llega la maldición de volver a ser visitante.
A la hora del análisis existen cuestiones de interpretación que pueden modificar la coyuntura. Por ejemplo, algunos prefieren torcer las cosas para el lado de los errores arbitrales o de los goles perdidos, pero cuando los partidos de visitante pasan y no se suman triunfos esta idea se vuelve cada vez menos consistente.
Unión padece una llamativa fragilidad de base si no actúa en su propio escenario. Falta personalidad, sobran nervios. Hay una sorprendente fragilidad moral. Parece un equipo asustado de sí mismo, sin identidad ni rebeldía. Fallan conductores, faltan líderes y referentes, no aparecen cuando se los necesita. Unión no da seguridad fuera de Santa Fe. No aguanta la presión ni sostiene expectativas. A la primera estocada profunda del rival se derrumba estrepitósamente y en ese contagioso caos anárquico, que súbitamente desnuda con crueldad limitaciones y carencias, todos los temores fluyen y todas las dudas se agigantan en un plantel muy joven. ¿Le alcanzará para desembarcar en primera en diciembre próximo?
La lítost es por lo tanto característica de la edad de la inexperiencia. Es una mezcla de tristeza, autocompasión, nostalgia, humillación. Es indispensable esta palabra para comprender el alma humana… y tal vez para entender por qué Unión no gana de visitante.
Se vio otra vez ese elenco falto de corazón y músculo. Hacía mucho tiempo que el fútbol de Unión no me torturaba con escenas tan dramáticas jugando de visitante. No es perder. Perder es parte del juego. Es no jugar a nada, es pasear como almas en pena por el césped, vencidos, como mamíferos pesados agonizando en algún documental de Animal Planet. Como animales andando por andar en la sabana esperando que los derrita el sol o los devore algún ávido carnívoro. El estoico hincha Tatengue no merece un espectáculo así, tan ajeno al propio fútbol que practica en su cancha y que reclama su historia. Que forma insensible de arañar la retina, de retorcerse en la miseria. La lítost. Nadar para no llegar nunca a la orilla. De todo, lo que más me conmueve es no tener razones para justificar esta “visitantitis aguda”. Aún cuando se topa con rivales de menor envergadura, a los que seguramente vencería sin despeinarse en su domicilio.
El Tate es de doble faz. Gana con autoridad, despertando pasiones y ansiedades incontrolables, un inmenso amor a la camiseta que se revolea orgullosa desde cada rincón del “15 de abril”. O sale, pierde y se desaniman mucho antes de lo esperado, derrumbando sueños, incendiando esperanzas, dinamitando promesas de amor eterno a once “traidores” incapaces de haber cumplido el mandato que les fue encomendado: hacer feliz a su pueblo. Este, el gran juego "doble faz" del odio y del deseo, de la aspiración sublime a la victoria y la postración sombría de la derrota, se presenta según la condición que ostente el equipo en cada duelo. Pobres los espíritus indolentes a los que el fútbol no los lleva ni a la repugnancia ni al amor. En este Unión todo se experimenta con diferencia de un par de horas, ya sea si es local o le llega la maldición de volver a ser visitante.
A la hora del análisis existen cuestiones de interpretación que pueden modificar la coyuntura. Por ejemplo, algunos prefieren torcer las cosas para el lado de los errores arbitrales o de los goles perdidos, pero cuando los partidos de visitante pasan y no se suman triunfos esta idea se vuelve cada vez menos consistente.
Unión padece una llamativa fragilidad de base si no actúa en su propio escenario. Falta personalidad, sobran nervios. Hay una sorprendente fragilidad moral. Parece un equipo asustado de sí mismo, sin identidad ni rebeldía. Fallan conductores, faltan líderes y referentes, no aparecen cuando se los necesita. Unión no da seguridad fuera de Santa Fe. No aguanta la presión ni sostiene expectativas. A la primera estocada profunda del rival se derrumba estrepitósamente y en ese contagioso caos anárquico, que súbitamente desnuda con crueldad limitaciones y carencias, todos los temores fluyen y todas las dudas se agigantan en un plantel muy joven. ¿Le alcanzará para desembarcar en primera en diciembre próximo?
La lítost es por lo tanto característica de la edad de la inexperiencia. Es una mezcla de tristeza, autocompasión, nostalgia, humillación. Es indispensable esta palabra para comprender el alma humana… y tal vez para entender por qué Unión no gana de visitante.
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