El argentino, campeón de 2016 y 2019, venció a Tom Egberink y se metió entre los cuatro últimos en cuadro
LT10 - Columna de opinión
Jueves 31 de Julio de 2014 - 07:05 hs
"Se fue el prestidigitador y amo del fútbol argentino", Gustavo Mazzi
La muerte de alguien no debe valer como modo de justicia. Alegrarse por la muerte de una persona es primitivo. Entiendo pero no convalido bajo ningún punto de vista lo de “emoción violenta”, para ni siquiera esbozar una mueca por la partida del Presidente de AFA. No seamos irracionales en el mensaje, más allá de las profundas diferencias que hayamos tenido muchos de los que sentimos el fútbol con tanta pasión. Sostengo que el legado que deja Grondona es cuanto menos cuestionable en varios aspectos, al tiempo que debemos reconocer en su figura, a uno de los dirigentes más importante del balompié sudamericano en toda su historia. El fútbol nuestro está sumido en una profunda crisis que apenas se pudo atenuar últimamente con el segundo puesto en Brasil. Muertes en las canchas, desorganización, clubes fundidos, dirigentes corruptos, es parte de esta herencia. Es cierto, también el título en el 86, dos copas América y dos subcampeonatos del mundo forman parte de este "testamento futbolero".
Sigo ilusionado con un ambiente deportivo más decente. Con los miserables mercaderes de la pelota presos. Ansío fervorosamente la participación dura, imparcial, firme, recta, ecuánime de los poderes del Estado para terminar con tanta impunidad. También deseo una dirigencia más seria, más prudente, menos putrefacta. Que los humildes del fútbol lleguen a la cima del mundo con esfuerzo, talento y el sudor de su frente, y no “acortando camino”, como tantos ya lo hicieron y otros lo vienen haciendo. Es que todo lo que gira alrededor de la “número cinco” es consecuencia de lo que somos a nivel país, y allí, en cuestiones éticas, todos dan el ausente en el concurso para ver quién arroja la primera piedra. Igual ellos están tranquilos porque saben que al final, la memoria es frágil y como siempre “todo pasa”. Al menos por ahora. Es imposible separar las felicidades que entrega el fútbol de las oscuridades que provocan los poderosos que expropiaron esa felicidad.
Con el fallecimiento de Grondona se termina una larga era en el fútbol argentino, con un modelo de conducción único. Su sillón quedará momentáneamente en manos de su vice, el presidente de Argentinos, Luis Segura. Y comenzará una etapa de transición hasta que el Comité Ejecutivo elija a su reemplazante. Lo que está en el álbum de los recuerdos nunca más se irá de allí. Lo que pueda deparar el futuro aún se desconoce. El mañana apremia y obliga a revisar, evaluar y sobre todas las cosas, decidir. Pero esta vez, librados del perverso sistema de acumulación, reparto y dependencia del eterno poder. “Don Julio” manejó los destinos de AFA sin pausas y sin arrepentimientos. Con rigor, autoridad y la subordinación absoluta de sus pares. El \\'sijulismo\\' se convirtió en una religión dentro del edificio de la calle Viamonte, donde el humilde hombre de la ferretería de Sarandí estableció su reinado y se catapultó al mundo. Su cintura política le permitió mantenerse en ese lugar 35 años soportando las enjundias de los distintos gobiernos. Aguantó estoicamente los intentos de desestabilización, sobre todo cuando el gran negocio del fútbol empezó a mostrar que era generador de recursos extraordinarios.
Este miércoles 30 de julio de 2014, se fueron los aplausos y quedarán recuerdos, mientras el eco de la gloria ya duerme en un placard. Se fue el prestidigitador y amo del fútbol argentino de las últimas tres décadas. Ninguna muerte redime los pecados. Nadie pasará a ser mejor o peor después de su deceso, solo que en algunos casos perdimos la oportunidad de presenciar el juicio final y evaluar así su “obra” completa. La de Grondona y la de tantos otros que siguen vivos y sin ser juzgados… mientras, como decía su lujoso anillo, “TODO PASA”, hasta la misma muerte.
Sigo ilusionado con un ambiente deportivo más decente. Con los miserables mercaderes de la pelota presos. Ansío fervorosamente la participación dura, imparcial, firme, recta, ecuánime de los poderes del Estado para terminar con tanta impunidad. También deseo una dirigencia más seria, más prudente, menos putrefacta. Que los humildes del fútbol lleguen a la cima del mundo con esfuerzo, talento y el sudor de su frente, y no “acortando camino”, como tantos ya lo hicieron y otros lo vienen haciendo. Es que todo lo que gira alrededor de la “número cinco” es consecuencia de lo que somos a nivel país, y allí, en cuestiones éticas, todos dan el ausente en el concurso para ver quién arroja la primera piedra. Igual ellos están tranquilos porque saben que al final, la memoria es frágil y como siempre “todo pasa”. Al menos por ahora. Es imposible separar las felicidades que entrega el fútbol de las oscuridades que provocan los poderosos que expropiaron esa felicidad.
Con el fallecimiento de Grondona se termina una larga era en el fútbol argentino, con un modelo de conducción único. Su sillón quedará momentáneamente en manos de su vice, el presidente de Argentinos, Luis Segura. Y comenzará una etapa de transición hasta que el Comité Ejecutivo elija a su reemplazante. Lo que está en el álbum de los recuerdos nunca más se irá de allí. Lo que pueda deparar el futuro aún se desconoce. El mañana apremia y obliga a revisar, evaluar y sobre todas las cosas, decidir. Pero esta vez, librados del perverso sistema de acumulación, reparto y dependencia del eterno poder. “Don Julio” manejó los destinos de AFA sin pausas y sin arrepentimientos. Con rigor, autoridad y la subordinación absoluta de sus pares. El \\'sijulismo\\' se convirtió en una religión dentro del edificio de la calle Viamonte, donde el humilde hombre de la ferretería de Sarandí estableció su reinado y se catapultó al mundo. Su cintura política le permitió mantenerse en ese lugar 35 años soportando las enjundias de los distintos gobiernos. Aguantó estoicamente los intentos de desestabilización, sobre todo cuando el gran negocio del fútbol empezó a mostrar que era generador de recursos extraordinarios.
Este miércoles 30 de julio de 2014, se fueron los aplausos y quedarán recuerdos, mientras el eco de la gloria ya duerme en un placard. Se fue el prestidigitador y amo del fútbol argentino de las últimas tres décadas. Ninguna muerte redime los pecados. Nadie pasará a ser mejor o peor después de su deceso, solo que en algunos casos perdimos la oportunidad de presenciar el juicio final y evaluar así su “obra” completa. La de Grondona y la de tantos otros que siguen vivos y sin ser juzgados… mientras, como decía su lujoso anillo, “TODO PASA”, hasta la misma muerte.
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