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Hoy - Después de cuatro décadas de amistad
Lunes 28 de Julio de 2014 - 03:46 hs
Algo se rompió entre las hinchadas de Lanús y Colón
Algo se rompió y parece que será difícil que se arregle sin dejar un daño permanente. Este domingo 27 de julio de 2014 será recordado como el día del cortocircuito que distanció a las hinchadas de Lanús y de Colón de Santa Fe. El lazo afectivo se forjó cuando ambos equipos coincidieron en el Ascenso y se prolongó durante casi cuatro décadas. Pero después del partido que se jugó esta tarde en Sarandí, por los 16avos de final de la Copa Argentina, ya nada será igual entre Granates y Sabaleros. Por lo menos para esos pocos que se ubican en el centro de la popular y que creen que son más importantes que el resto de los hinchas genuinos.
El ambiente estaba enrarecido en las inmediaciones del estadio de Arsenal. Cada vez que Lanús se enfrenta a Colón, ya sea en La Fortaleza o en el Cementerio de los Elefantes, los simpatizantes de las dos instituciones se entremezclan en las tribunas y aprovechan la oportunidad para intercambiar camisetas. Pero esta vez eso no sucedió: los de granate fueron a un sector y los de rojo y negro se dirigieron al de enfrente. Además, las caras largas de ciertos personajes hacían imaginar que algo había pasado. Y hubo que esperar hasta que los jugadores salieran al campo de juego para que las especulaciones se plasmaran en la realidad.
“El que no salta, es un traidor…”, empezó a entonar La 14 mientras el resto de los incondicionales de Lanús no salían de su asombro. Y enseguida se impuso un cántico mucho más directo: “Antes éramos amigos, todo eso terminó… Sabalero h de p, la p que te p…”. Por su parte, de enfrente respondieron con el famoso “Yo soy de Colón”. Cada vez que la barra brava le dedicaba estrofas hirientes a la parcialidad "visitante", el resto hacía lo posible para taparlos y que no se escucharan. Se repitió durante todo el encuentro y hasta en algunas ocasiones hubo un intercambio de insultos entre los hinchas caracterizados y los genuinos. El malestar creció a niveles impensados.
Según trascendió desde la propia barra de Lanús, el motivo del litigio fue que los hinchas de Colón se juntaron a comer un asado con sus pares de Quilmes (clásico rival del Granate) y Dock Sud, algo que no cayó para nada bien en esta parte del Sur. “Se la mandaron de callados y ahora se hacen los amigos”, coincidieron muchos de los que se sintieron ofendidos. Y como si se tratara de un grupo de políticos elegidos democráticamente por los socios del club, los barras le pusieron un punto final a la hermandad entre los Granates y los Sabaleros.
La reacción de los seguidores de Lanús se trasladó a las redes sociales, en las que manifestaron su enojo contra La 14, además de revalidar el vínculo emotivo que los unió a lo largo de tantos años con Colón. “Es una amistad que irá más allá de lo que determinen las barras”, expresaron de ambos lados, con la intención de ponerle paños fríos a una situación delicada. Es que, como escribió hace siglos el grandioso Miguel de Cervantes, una de las figuras más influyentes de la literatura española, “amistades que son ciertas nadie las puede turbar”. Y cuánta razón tenía.
El ambiente estaba enrarecido en las inmediaciones del estadio de Arsenal. Cada vez que Lanús se enfrenta a Colón, ya sea en La Fortaleza o en el Cementerio de los Elefantes, los simpatizantes de las dos instituciones se entremezclan en las tribunas y aprovechan la oportunidad para intercambiar camisetas. Pero esta vez eso no sucedió: los de granate fueron a un sector y los de rojo y negro se dirigieron al de enfrente. Además, las caras largas de ciertos personajes hacían imaginar que algo había pasado. Y hubo que esperar hasta que los jugadores salieran al campo de juego para que las especulaciones se plasmaran en la realidad.
“El que no salta, es un traidor…”, empezó a entonar La 14 mientras el resto de los incondicionales de Lanús no salían de su asombro. Y enseguida se impuso un cántico mucho más directo: “Antes éramos amigos, todo eso terminó… Sabalero h de p, la p que te p…”. Por su parte, de enfrente respondieron con el famoso “Yo soy de Colón”. Cada vez que la barra brava le dedicaba estrofas hirientes a la parcialidad "visitante", el resto hacía lo posible para taparlos y que no se escucharan. Se repitió durante todo el encuentro y hasta en algunas ocasiones hubo un intercambio de insultos entre los hinchas caracterizados y los genuinos. El malestar creció a niveles impensados.
Según trascendió desde la propia barra de Lanús, el motivo del litigio fue que los hinchas de Colón se juntaron a comer un asado con sus pares de Quilmes (clásico rival del Granate) y Dock Sud, algo que no cayó para nada bien en esta parte del Sur. “Se la mandaron de callados y ahora se hacen los amigos”, coincidieron muchos de los que se sintieron ofendidos. Y como si se tratara de un grupo de políticos elegidos democráticamente por los socios del club, los barras le pusieron un punto final a la hermandad entre los Granates y los Sabaleros.
La reacción de los seguidores de Lanús se trasladó a las redes sociales, en las que manifestaron su enojo contra La 14, además de revalidar el vínculo emotivo que los unió a lo largo de tantos años con Colón. “Es una amistad que irá más allá de lo que determinen las barras”, expresaron de ambos lados, con la intención de ponerle paños fríos a una situación delicada. Es que, como escribió hace siglos el grandioso Miguel de Cervantes, una de las figuras más influyentes de la literatura española, “amistades que son ciertas nadie las puede turbar”. Y cuánta razón tenía.
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