Ignacio Isla, Tomás Fagioli y Lucas Ayala comenzarán a trabajar con el plantel profesional desde el 15 de junio. Los tres defensores llegan para potenciar un sector donde el Tatengue apostó fuerte por los juveniles durante el Apertura.
Hoy - Crítica cinematográfica
Miércoles 09 de Julio de 2014 - 18:03 hs
El roce anónimo
"Amor a la carta", la ópera prima de Ritesh Batra, nos presenta una nueva interpretación de los vínculos en la contemporaneidad. Este film se puede ver en el Cine América.
Actualizado: Lunes 14 de Marzo de 2016 - 13:34 hs
Imaginando la ciudad de Mumbai en la India, una de las primeras asociaciones que aparecen es la impronta de la superpoblación, más de catorce millones de habitantes moviéndose de un lado al otro en la ciudad más rica del subcontinente asiático.
Si pensamos en las relaciones posibles en un espacio urbano como éste, seguramente aparezcan conceptualizaciones recurrentes como la alienación, el individualismo o el anonimato, propio de cualquier megapolis contemporánea.
Amor a la carta no se aleja de este lugar común que caracteriza los vínculos entre los habitantes de estas ciudades, sin embargo, plantea una lectura novedosa sobre el contexto actual de la excesiva comunicación virtual e instantánea.
Ila y Saajan Fernandes son dos personas que en ese contexto se vinculan a través de la casualidad. Ila prepara y envía a su marido una lunchera con comida a su lugar de trabajo, este envío es llevado a diario por un servicio de entrega personal que es característico de la ciudad de Bombay, el Dabbawala.
Ella intenta recomponer la relación con su esposo a través de la innovación culinaria. Inmersa en una rutina insoportable, recurrirá a una asociación trivial acorde: al hombre se lo conquista por el estómago. Sin embargo, el sistema de comida para llevar más importante del mundo, también puede fallar y en la cantidad de luncheras que se entregan a diario, la estrategia de Ila se verá frustrada cuando un desconocido llamado Fernandes reciba la lunchera equivocada.
Entre ellos se establecerá una relación a distancia, impregnada de virtualidad contemporánea pero no por ello ajena a subvertir partes de lo real.
En cada uno de esos envíos y contra-envíos, Ila y Fernandes intercambiarán cartas donde progresivamente el vínculo entre ellos se volverá afectivamente más cercano y urgente, siendo un posible encuentro físico el momento de clausura de esa virtualidad.
La película los muestra como dos personas que carecen de contacto: Fernandes vive sólo y observa desde su ventana las reuniones familiares de los vecinos pero no se acerca.
Ila convive con un marido distante que no se percata de ninguno de sus intentos por agradarle y a su vez se comunica con su tía, que vive en el piso de arriba, a través de un sistema de “soga-canasta” para intercambiarse productos y consejos, pero siempre manteniendo la distancia.
Si existe contacto en sus vidas pareciera ser trunco desde el origen: Fernandes viaja en un tren cargado de pasajeros y siente una mano que lo toca por detrás, se sorprende y piensa que es una anciana que lo mira fijamente pero no era sino el maletín de otro pasajero. Fernandes olvida por un momento que está en un tren repleto en hora pico, donde el contacto excesivo entre los cuerpos es puro roce anónimo
En esa ausencia de cuerpo físico los dos buscan sustitutos que remitan a esa fisicidad perdida: Ila mira ansiosamente las fotos de sus antepasados, Fernandes enciende la televisión mecánicamente para intentar ver el reflejo especular de un vínculo anhelado, como cuando vivía con su esposa y podía verla a través del reflejo del aparato.
En la carencia y el tedio es donde esta relación absurda toma sentido y legitimidad, si bien no se conocen físicamente, ambos podrán vincularse para suplir una falta.
Amor a la carta es una metáfora de los vínculos que se establecen entre los sujetos contemporáneos. Si bien se ha escrito en exceso sobre las distancias que existen entre las personas por causa de la preponderancia de lo virtual en las relaciones, poco menos se ha destacado la persistencia de una “voz humana” que resiste a cualquier tipo de vaciamiento afectivo.
Título original: DABBA
Año: 2013
Duración: 104 minutos
País: India
Director: Ritesh Batra
Reparto: Irrfan Khan, Nimrat Kaur, Nawazuddin Siddiqui
Género: Drama romántico
Si pensamos en las relaciones posibles en un espacio urbano como éste, seguramente aparezcan conceptualizaciones recurrentes como la alienación, el individualismo o el anonimato, propio de cualquier megapolis contemporánea.
Amor a la carta no se aleja de este lugar común que caracteriza los vínculos entre los habitantes de estas ciudades, sin embargo, plantea una lectura novedosa sobre el contexto actual de la excesiva comunicación virtual e instantánea.
Ila y Saajan Fernandes son dos personas que en ese contexto se vinculan a través de la casualidad. Ila prepara y envía a su marido una lunchera con comida a su lugar de trabajo, este envío es llevado a diario por un servicio de entrega personal que es característico de la ciudad de Bombay, el Dabbawala.
Ella intenta recomponer la relación con su esposo a través de la innovación culinaria. Inmersa en una rutina insoportable, recurrirá a una asociación trivial acorde: al hombre se lo conquista por el estómago. Sin embargo, el sistema de comida para llevar más importante del mundo, también puede fallar y en la cantidad de luncheras que se entregan a diario, la estrategia de Ila se verá frustrada cuando un desconocido llamado Fernandes reciba la lunchera equivocada.
Entre ellos se establecerá una relación a distancia, impregnada de virtualidad contemporánea pero no por ello ajena a subvertir partes de lo real.
En cada uno de esos envíos y contra-envíos, Ila y Fernandes intercambiarán cartas donde progresivamente el vínculo entre ellos se volverá afectivamente más cercano y urgente, siendo un posible encuentro físico el momento de clausura de esa virtualidad.
La película los muestra como dos personas que carecen de contacto: Fernandes vive sólo y observa desde su ventana las reuniones familiares de los vecinos pero no se acerca.
Ila convive con un marido distante que no se percata de ninguno de sus intentos por agradarle y a su vez se comunica con su tía, que vive en el piso de arriba, a través de un sistema de “soga-canasta” para intercambiarse productos y consejos, pero siempre manteniendo la distancia.
Si existe contacto en sus vidas pareciera ser trunco desde el origen: Fernandes viaja en un tren cargado de pasajeros y siente una mano que lo toca por detrás, se sorprende y piensa que es una anciana que lo mira fijamente pero no era sino el maletín de otro pasajero. Fernandes olvida por un momento que está en un tren repleto en hora pico, donde el contacto excesivo entre los cuerpos es puro roce anónimo
En esa ausencia de cuerpo físico los dos buscan sustitutos que remitan a esa fisicidad perdida: Ila mira ansiosamente las fotos de sus antepasados, Fernandes enciende la televisión mecánicamente para intentar ver el reflejo especular de un vínculo anhelado, como cuando vivía con su esposa y podía verla a través del reflejo del aparato.
En la carencia y el tedio es donde esta relación absurda toma sentido y legitimidad, si bien no se conocen físicamente, ambos podrán vincularse para suplir una falta.
Amor a la carta es una metáfora de los vínculos que se establecen entre los sujetos contemporáneos. Si bien se ha escrito en exceso sobre las distancias que existen entre las personas por causa de la preponderancia de lo virtual en las relaciones, poco menos se ha destacado la persistencia de una “voz humana” que resiste a cualquier tipo de vaciamiento afectivo.
Título original: DABBA
Año: 2013
Duración: 104 minutos
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