Ignacio Isla, Tomás Fagioli y Lucas Ayala comenzarán a trabajar con el plantel profesional desde el 15 de junio. Los tres defensores llegan para potenciar un sector donde el Tatengue apostó fuerte por los juveniles durante el Apertura.
LT10 - Por Gustavo Mazzi
Jueves 26 de Junio de 2014 - 14:32 hs
"Brindo porque Messi es argentino"
Es el nombre propio en medio del éxito colectivo?! Mientras hoy los periodistas, técnicos, jugadores y público, toleramos un fútbol lleno de pelotazos, fricciones y ventajeros, él es la esencia misma del balompié. Tiene técnica “Premium”, gambeta “clase A”, un espíritu irreductible y una fe inquebrantable. En tiempos en los que los rivales son superados por velocidad o por potencia, él los elude. Los encara y los supera con habilidad, lo más genuino que tiene el fútbol, pero al mismo tiempo lo más difícil. El pibe tiene cadencia arrabalera y aires de compadrito que conoce a ciencia cierta su virtuosismo. Compinche del toque sutil que despierta admiración y elogios por doquier. Es un prestidigitador que se lleva bien con el aburrimiento del partido, no le importa si el otro equipo controla la pelota, no pierde el foco jamás. Está siempre alerta. A su espera no hay que relacionarla con pasividad. La espera es situarse, para dar el “golpe”. Nos hemos acostumbrado a un fútbol escaso, repleto de "inteligentes" que trabajan los partidos. Disfrutemos de Lionel Messi sin importarnos el próximo duelo o lo que vendrá.
Messi está camino a ser el mejor futbolista del Mundial. Aunque el equipo argentino siga un trayecto serpenteante, sin soporte colectivo ni estructura confiable, hay que dejar de mirar de reojo el fixture o lo que falta para una eventual consagración y disfrutar de su talento, sus goles, de su generosidad y humildad. Brindo por otro triunfo, pero fundamentalmente por su eximio arte. Es que si Messi fuera cantante hoy diríamos que es Gradel. Si fuera escritor sería Borges, si fuera bailarín sería Julio Bocca, si fuera pintor sería Quinquela y si fuera actor, Alfredo Alcón. Entonces, cómo no emocionarnos y no aplaudirlo de pie ante tamaña majestuosidad?
Lamentablemente no faltan aquellos pobres tipos que no quieren redimirse ante este “repertorio” de un pibe que nos reconcilia con el pasado, con el buen gusto, con esa veta artística de los sabios de la pelota… y siguen con una frialdad pasmosa esperando regalarle un elogio, la aprobación definitiva, solo si gana el Mundial. Seguramente este costado insensible de muchos está enquistado culturalmente desde hace años y será imposible desactivarlo si no hay vuelta olímpica. Es una pena que muchos se pierdan la chance de disfrutar de este “genio” por la única y sencilla razón de que todavía no levantó la Copa con la camiseta Argentina. El exitismo es el peor rival de algunos hinchas. Los convierte en mezquinos insensibles. Les quita la posibilidad de disfrutar del recorrido y solo realzan la belleza en función del premio. Puro y recalcitrante resultadismo.
Entre lesiones y flojos rendimientos, el proyecto bien podría naufragar, pero está el capitán Messi, garante de goles importantes que alimentan nuestras esperanzas. Por él, junio tiene una incógnita menos y una emoción más. Tiene como objetivo rescatar del barro las primeras hilachas de la gloria. Obsesionado por demostrar de qué estamos hechos. A escribir los cimientos de una nueva grandeza. Todo es común sin la presencia de este prodigioso arlequín de la redonda. Messi le da brillo a un equipo gris. Le da alegría a un partido chato, monótono, mediocre y aburrido. Argentina hoy es el magnetismo de la “Pulga” y una armada ofensiva que merece cargar con la responsabilidad para alimentar el optimismo. El “nuevo 10” siente como nadie que Brasil 2014 lo elevará a leyenda como “México 86” a Diego. Nadie puede ni debe borrar el pasado, la memoria y la emoción. Pero dejemos de fogonear hoy la antinomia que no conduce a nada. Ponderemos su inagotable versión de extraordinario solista, sin necesidad de aplaudir y disfrutar con la exigencia de una copa, para que por fin nos emborrachemos de fútbol.
Brindo por Messi que derrocha fantasía, brindo por los que festejan con las luces de otro día en Copacabana, Belo Horizonte o Porto Alegre. Brindo porque recuerdo sus goles, aunque olvido los rivales. Brindo por Maradona, por lo que tuve y también por el mañana. Brindo por lo que sea… por la victoria, por el empate y hasta por el fracaso. Desde este rincón del Mundo, brindo porque Messi es argentino! Salud Lionel!
Messi está camino a ser el mejor futbolista del Mundial. Aunque el equipo argentino siga un trayecto serpenteante, sin soporte colectivo ni estructura confiable, hay que dejar de mirar de reojo el fixture o lo que falta para una eventual consagración y disfrutar de su talento, sus goles, de su generosidad y humildad. Brindo por otro triunfo, pero fundamentalmente por su eximio arte. Es que si Messi fuera cantante hoy diríamos que es Gradel. Si fuera escritor sería Borges, si fuera bailarín sería Julio Bocca, si fuera pintor sería Quinquela y si fuera actor, Alfredo Alcón. Entonces, cómo no emocionarnos y no aplaudirlo de pie ante tamaña majestuosidad?
Lamentablemente no faltan aquellos pobres tipos que no quieren redimirse ante este “repertorio” de un pibe que nos reconcilia con el pasado, con el buen gusto, con esa veta artística de los sabios de la pelota… y siguen con una frialdad pasmosa esperando regalarle un elogio, la aprobación definitiva, solo si gana el Mundial. Seguramente este costado insensible de muchos está enquistado culturalmente desde hace años y será imposible desactivarlo si no hay vuelta olímpica. Es una pena que muchos se pierdan la chance de disfrutar de este “genio” por la única y sencilla razón de que todavía no levantó la Copa con la camiseta Argentina. El exitismo es el peor rival de algunos hinchas. Los convierte en mezquinos insensibles. Les quita la posibilidad de disfrutar del recorrido y solo realzan la belleza en función del premio. Puro y recalcitrante resultadismo.
Entre lesiones y flojos rendimientos, el proyecto bien podría naufragar, pero está el capitán Messi, garante de goles importantes que alimentan nuestras esperanzas. Por él, junio tiene una incógnita menos y una emoción más. Tiene como objetivo rescatar del barro las primeras hilachas de la gloria. Obsesionado por demostrar de qué estamos hechos. A escribir los cimientos de una nueva grandeza. Todo es común sin la presencia de este prodigioso arlequín de la redonda. Messi le da brillo a un equipo gris. Le da alegría a un partido chato, monótono, mediocre y aburrido. Argentina hoy es el magnetismo de la “Pulga” y una armada ofensiva que merece cargar con la responsabilidad para alimentar el optimismo. El “nuevo 10” siente como nadie que Brasil 2014 lo elevará a leyenda como “México 86” a Diego. Nadie puede ni debe borrar el pasado, la memoria y la emoción. Pero dejemos de fogonear hoy la antinomia que no conduce a nada. Ponderemos su inagotable versión de extraordinario solista, sin necesidad de aplaudir y disfrutar con la exigencia de una copa, para que por fin nos emborrachemos de fútbol.
Brindo por Messi que derrocha fantasía, brindo por los que festejan con las luces de otro día en Copacabana, Belo Horizonte o Porto Alegre. Brindo porque recuerdo sus goles, aunque olvido los rivales. Brindo por Maradona, por lo que tuve y también por el mañana. Brindo por lo que sea… por la victoria, por el empate y hasta por el fracaso. Desde este rincón del Mundo, brindo porque Messi es argentino! Salud Lionel!
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