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LT10 - Semana de la ciencia
Viernes 13 de Junio de 2014 - 14:34 hs
¿Celdas solares con jugo de fruta?
Un grupo de alumnos participó en una jornada organizada en el marco de la Semana Nacional de la Ciencia y la Tecnología donde aprendieron a construir celdas solares que funcionan con colorantes vegetales.
Una intensa tormenta cae sobre la ciudad y se hace sentir en el tercer piso del Instituto de Física del Litoral (UNL-Conicet). Pero ni el silbido del viento ni la lluvia que golpea las ventanas bastan para correr la atención de los alumnos de la Escuela de Enseñanza Secundaria Orientada Nº 262, República Argentina, que están aprendiendo a construir celdas solares usando colorantes naturales.
La actividad que los tiene intrigados es una más de las que se desarrollan en la Universidad Nacional del Litoral en el marco de la Semana Nacional de la Ciencia y la Tecnología. En este caso, participaron alumnos de tercer año en un taller a cargo de cargo de Débora Martino, Ana María Gennaro, Raúl Urteaga, Silvia Montoro, Claudio Bonin, Emanuel Elizalde, Adalberto Iglesias, Luisa Guadalupe Cencha, Luisina Forzani, docentes-investigadores del instituto y la Universidad.
“Nos parece muy interesante esta actividad. Tuvimos alumnos que participaron el año pasado y quedaron muy entusiasmados”, dijo Yolanda Jatín, profesora de física y química que acompañó al grupo junto con una docente de biología. “Además de que conozcan el trabajo que se realiza en un laboratorio, es importante que los chicos vean que acceder a la universidad no es tan difícil, tan lejano, sino que si realmente ellos ponen esfuerzo van a tener la posibilidad de venir a la universidad pública”.
Energía con alimentos
En esta edición de la Semana de la Ciencia, el eje temático de las actividades es la alimentación, analizada desde todos los ámbitos del conocimiento. En el caso del IFIS, como en el instituto funciona un grupo dedicado a la investigación en el campo de los semiconductores fotovoltaicos, se les ocurrió organizar una actividad que vinculara la generación de energía usando alimentos.
La actividad comenzó en el aula, con una explicación teórica sobre el funcionamiento de las celdas solares, en particular la celda de Graetzel, diseñada en la década del 90 por Michel Graetzel un investigador suizo que ideó este dispositivo que se caracteriza por tener mayor eficiencia y usar materiales “amigos” del medio ambiente.
En base al modelo de Graetzel y siguiendo las indicaciones de los investigadores, los alumnos armaron su propia celda solar, usando la clorofila presente en el jugo de frutas o vegetales como fuente de energía. Enfundados con guantes y delantales blancos, los estudiantes extrajeron jugo de remolacha y zanahoria, pintaron con grafito una superficie de vidrio y después, la parte más difícil, con una pipeta aplicaron una solución de yoduro de potasio, que funciona como semiconductor.
El último paso era saber si funcionaba. Usando un voltímetro los chicos comprobaron primero si habían logrado armar correctamente la celda solar y después medir cuánta energía generaba cada una y comparar la eficacia de los diferentes colorantes naturales utilizados.
La profesora Jatín destacó el valor de estas experiencias prácticas y el impacto adentro del aula. “Los chicos no sólo se muestran interesados sino que te empiezan a exigir hacer más cosas. Ellos ven que si pudieron hacer esto, puedan hacer más y nos empiezan a reclamar más trabajos prácticos, más trabajos en laboratorios”.
“El resultado es excelente y eso que para ellos es un esfuerzo, son chicos que viven en el norte de la ciudad y para llegar a ciudad Universitaria se tienen que tomar hasta tres colectivos pero hacen el esfuerzo van”, concluyó.
La actividad que los tiene intrigados es una más de las que se desarrollan en la Universidad Nacional del Litoral en el marco de la Semana Nacional de la Ciencia y la Tecnología. En este caso, participaron alumnos de tercer año en un taller a cargo de cargo de Débora Martino, Ana María Gennaro, Raúl Urteaga, Silvia Montoro, Claudio Bonin, Emanuel Elizalde, Adalberto Iglesias, Luisa Guadalupe Cencha, Luisina Forzani, docentes-investigadores del instituto y la Universidad.
“Nos parece muy interesante esta actividad. Tuvimos alumnos que participaron el año pasado y quedaron muy entusiasmados”, dijo Yolanda Jatín, profesora de física y química que acompañó al grupo junto con una docente de biología. “Además de que conozcan el trabajo que se realiza en un laboratorio, es importante que los chicos vean que acceder a la universidad no es tan difícil, tan lejano, sino que si realmente ellos ponen esfuerzo van a tener la posibilidad de venir a la universidad pública”.
Energía con alimentos
En esta edición de la Semana de la Ciencia, el eje temático de las actividades es la alimentación, analizada desde todos los ámbitos del conocimiento. En el caso del IFIS, como en el instituto funciona un grupo dedicado a la investigación en el campo de los semiconductores fotovoltaicos, se les ocurrió organizar una actividad que vinculara la generación de energía usando alimentos.
La actividad comenzó en el aula, con una explicación teórica sobre el funcionamiento de las celdas solares, en particular la celda de Graetzel, diseñada en la década del 90 por Michel Graetzel un investigador suizo que ideó este dispositivo que se caracteriza por tener mayor eficiencia y usar materiales “amigos” del medio ambiente.
En base al modelo de Graetzel y siguiendo las indicaciones de los investigadores, los alumnos armaron su propia celda solar, usando la clorofila presente en el jugo de frutas o vegetales como fuente de energía. Enfundados con guantes y delantales blancos, los estudiantes extrajeron jugo de remolacha y zanahoria, pintaron con grafito una superficie de vidrio y después, la parte más difícil, con una pipeta aplicaron una solución de yoduro de potasio, que funciona como semiconductor.
El último paso era saber si funcionaba. Usando un voltímetro los chicos comprobaron primero si habían logrado armar correctamente la celda solar y después medir cuánta energía generaba cada una y comparar la eficacia de los diferentes colorantes naturales utilizados.
La profesora Jatín destacó el valor de estas experiencias prácticas y el impacto adentro del aula. “Los chicos no sólo se muestran interesados sino que te empiezan a exigir hacer más cosas. Ellos ven que si pudieron hacer esto, puedan hacer más y nos empiezan a reclamar más trabajos prácticos, más trabajos en laboratorios”.
“El resultado es excelente y eso que para ellos es un esfuerzo, son chicos que viven en el norte de la ciudad y para llegar a ciudad Universitaria se tienen que tomar hasta tres colectivos pero hacen el esfuerzo van”, concluyó.
Fuente: Prensa UNL
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