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Lunes 16 de Junio de 2014 - 11:09 hs
Los separatistas prorusos abaten un avión de Ucrania: 49 muertos
El presidente ucraniano prometió represalias. Hubo protestas en Kiev contra Rusia, acusada de armar a rebeldes.
Ucrania vivió ayer una de sus jornadas más trágicas desde el inicio de la operación de las Fuerzas Armadas contra los separatistas pro rusos en el este del país, cuando un grupo de milicianos rebeldes derribaron un avión militar en Lugansk y causaron la muerte de los 49 efectivos que iban a bordo.
El episodio conmocionó al país y reavivó el sangriento conflicto que sigue escalando. Cientos de personas reaccionaron indignadas y salieron en Kiev a protestar contra Rusia, que apoya a los separatistas. El presidente Petro Poroshenko amenazó con tomar represalias en un duro comunicado difundido apenas se conoció el hecho. “Los que están implicados en este acto terrorista de semejante envergadura serán castigados. Ucrania necesita la paz, pero los terroristas tendrán una respuesta adecuada”, afirmó el mandatario..
El avión era un Ilyushin Il-76, de transporte pesado y diseñado en la ex Unión Soviética. Llevaba 40 paracaidistas y 9 tripulantes. Según el Ministerio de Defensa ucraniano, los rebeldes le dispararon con un lanzacohetes “Igla” y con ametralladoras pesadas cuando se encontraba a 700 metros de altura, dispuesto a aterrizar. En imágenes tomadas por aficionados se ve un destello cuando el aparato recibe el impacto, y luego los restos envueltos en llamas.
Los disparos provinieron de las cercanías del aeropuerto de Lugansk. Si bien la propia estación aéreo está bajo el control de la Guardia Nacional, sus alrededores están en manos del autodenominado Ejército del Sureste, brazo armado de los separatistas en la región.
Las autoridades ucranianas vienen denunciando que las milicias rebeldes están siendo dotadas de armas por los rusos, algo que Moscú lo niega. Lo cierto es que en los últimos meses los separatistas cuentan con moderno y potente armamento, como el usado ayer contra el avión en Lugansk. Respecto a esto, el canciller estadounidense, John Kerry, se comunicó con su par ruso, Serguei Lavrov, para expresarle la “fuerte” preocupación de Washington por el suministro de armas a los separatistas ucranianos.
El ataque de este sábado, el más mortífero desde que Kiev lanzó hace dos meses una operación “antiterrorista” en el este pro ruso, se produjo poco antes de una esperada reunión entre Moscú y Kiev por el inminente corte del suministro de gas a Ucrania, que podría afectar también a Europa.
Al conocerse la noticia, unos 200 manifestantes enfurecidos se concentraron frente a las puertas de la Embajada rusa en Kiev para exigir “el fin de la injerencia de Rusia en los asuntos internos de Ucrania”, como rezaban varios de los carteles exhibidos. Algunos arrojaron huevos y líquidos contra la sede diplomática y los coches de los empleados estacionados frente al edificio, a los cuales les pincharon las ruedas.
Desde hace meses las tropas gubernamentales ucranianas intentan controlar a los insurgentes en Lugansk y alrededores, donde han proclamado una “república popular” que carece de reconocimiento. Ayer las fuerzas de seguridad registraron un importante avance al recuperar la ciudad portuaria de Mariupol. Pero no les resultó fácil. Murieron tres de sus soldados y resultaron heridos otros cuatro cuando los rebeldes atacaron con lanzagranadas una columna de las tropas fronterizas.
En la región de Donetsk murió al menos un separatista y resultaron heridos otros seis en un ataque de la Fuerza Aérea ucraniana. Los rebeldes respondieron al fuego derribando un avión de combate del tipo Sujoi Se-25. El piloto se salvó accionando el asiento eyectable.
Los combates en el sureste de Ucrania recrudecieron en los últimos días tras un breve paréntesis motivado aparentemente por los esfuerzos diplomáticos para poner fin al conflicto armado entre las fuerzas gubernamentales y los separatistas.
Los pro rusos de Lugansk y Donetsk quieren escindirse de Ucrania ya que rechazan el rumbo pro occidental del gobierno. Aspiran a formar parte de la Federación Rusa, siguiendo el paso dado por la península de Crimea.
El episodio conmocionó al país y reavivó el sangriento conflicto que sigue escalando. Cientos de personas reaccionaron indignadas y salieron en Kiev a protestar contra Rusia, que apoya a los separatistas. El presidente Petro Poroshenko amenazó con tomar represalias en un duro comunicado difundido apenas se conoció el hecho. “Los que están implicados en este acto terrorista de semejante envergadura serán castigados. Ucrania necesita la paz, pero los terroristas tendrán una respuesta adecuada”, afirmó el mandatario..
El avión era un Ilyushin Il-76, de transporte pesado y diseñado en la ex Unión Soviética. Llevaba 40 paracaidistas y 9 tripulantes. Según el Ministerio de Defensa ucraniano, los rebeldes le dispararon con un lanzacohetes “Igla” y con ametralladoras pesadas cuando se encontraba a 700 metros de altura, dispuesto a aterrizar. En imágenes tomadas por aficionados se ve un destello cuando el aparato recibe el impacto, y luego los restos envueltos en llamas.
Los disparos provinieron de las cercanías del aeropuerto de Lugansk. Si bien la propia estación aéreo está bajo el control de la Guardia Nacional, sus alrededores están en manos del autodenominado Ejército del Sureste, brazo armado de los separatistas en la región.
Las autoridades ucranianas vienen denunciando que las milicias rebeldes están siendo dotadas de armas por los rusos, algo que Moscú lo niega. Lo cierto es que en los últimos meses los separatistas cuentan con moderno y potente armamento, como el usado ayer contra el avión en Lugansk. Respecto a esto, el canciller estadounidense, John Kerry, se comunicó con su par ruso, Serguei Lavrov, para expresarle la “fuerte” preocupación de Washington por el suministro de armas a los separatistas ucranianos.
El ataque de este sábado, el más mortífero desde que Kiev lanzó hace dos meses una operación “antiterrorista” en el este pro ruso, se produjo poco antes de una esperada reunión entre Moscú y Kiev por el inminente corte del suministro de gas a Ucrania, que podría afectar también a Europa.
Al conocerse la noticia, unos 200 manifestantes enfurecidos se concentraron frente a las puertas de la Embajada rusa en Kiev para exigir “el fin de la injerencia de Rusia en los asuntos internos de Ucrania”, como rezaban varios de los carteles exhibidos. Algunos arrojaron huevos y líquidos contra la sede diplomática y los coches de los empleados estacionados frente al edificio, a los cuales les pincharon las ruedas.
Desde hace meses las tropas gubernamentales ucranianas intentan controlar a los insurgentes en Lugansk y alrededores, donde han proclamado una “república popular” que carece de reconocimiento. Ayer las fuerzas de seguridad registraron un importante avance al recuperar la ciudad portuaria de Mariupol. Pero no les resultó fácil. Murieron tres de sus soldados y resultaron heridos otros cuatro cuando los rebeldes atacaron con lanzagranadas una columna de las tropas fronterizas.
En la región de Donetsk murió al menos un separatista y resultaron heridos otros seis en un ataque de la Fuerza Aérea ucraniana. Los rebeldes respondieron al fuego derribando un avión de combate del tipo Sujoi Se-25. El piloto se salvó accionando el asiento eyectable.
Los combates en el sureste de Ucrania recrudecieron en los últimos días tras un breve paréntesis motivado aparentemente por los esfuerzos diplomáticos para poner fin al conflicto armado entre las fuerzas gubernamentales y los separatistas.
Los pro rusos de Lugansk y Donetsk quieren escindirse de Ucrania ya que rechazan el rumbo pro occidental del gobierno. Aspiran a formar parte de la Federación Rusa, siguiendo el paso dado por la península de Crimea.
Fuente: Clarín
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