Continúa la búsqueda de María Laura La Fuente, de 33 años, que lleva dos días ausente. Fue vista por última vez la madrugada de este lunes. Hallaron pertenencias que serían de ella en la zona del río.
LT10 - Efectos sobre la fauna
Lunes 11 de Noviembre de 2013 - 13:26 hs
El ruido de la ruta 168 puede afectar el canto de las aves
Las tacuaritas parecen evitar superponer sus cantos del alba con los momentos de mayor intensidad de sonido de tránsito. Así lo indica un trabajo de una estudiante de la UNL.
Cada día 11.000 vehículos en promedio transitan por la ruta provincial 168 lo que repercute de distintas maneras en los ecosistemas del valle de inundación del río Paraná. En medio del ruido de las horas pico de tráfico apenas si puede escucharse el canto de algún ave. Para conocer estos efectos, una estudiante de Biodiversidad de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) registró y analizó los cantos del alba de tacuaritas (Troglodytes aedon) entre diciembre y marzo pasados.
Tras analizar las distintas series de cantos, grabadas tanto días de semana como domingos, se observó que el pico de mayor intensidad de ruido coincide con una menor cantidad de series de cantos de aves registradas o con una cantidad nula. “Esto podría indicar que las aves evitan emitir sus cantos en momentos en que el ruido antropogénico produce un mayor enmascaramiento”, sostiene el trabajo de Sofía Arce, de la Facultad de Humanidades y Ciencias (FHUC).
El estudio, que se presentó en el marco del Encuentro de Jóvenes Investigadores de la UNL, indica que durante los días de semana gran parte de las aves cantan en los momentos de menor ruido, entre las 7.05 y las 7.35. Esta tendencia de mantiene el domingo, cuando se concentran entre las 6.55 y las 7.30 a pesar de que en ese día la intensidad del ruido es intermedia en ese lapso horario. Estos datos podrían indicar que las aves ajustan su horario de canto a la intensidad de ruido de un ambiente urbanizado.
El trabajo de investigación tenía un enfoque más amplio y abarcaba tres especies de aves Passeriformes: la golondrina de ceja blanca, el jilguero dorado y la tacuarita. Finalmente se concentró el análisis en el canto de T. aedon.
Se colocaron cajas de madera especialmente diseñadas para que se ocupen como nido por estas especies en la vera de la ruta y en zonas alejadas.
Luego, en las cercanías de cada nido podía registrarse el canto de un macho entre las 6.30 hasta las 8.50. Entre diciembre de 2012 y marzo de 2013 se grabaron 20 individuos de T. aedon en series de al menos diez cantos; 15 se registraron días de semana y cinco en días domingo.
“Para el análisis, lo primero fue digitalizar el audio. Luego se estudio la duración del canto completo y la de sus partes o componentes que son el preludio y el trino. También se observó la frecuencia máxima, la mínima, el tiempo entre un canto y otro, entre otros”, detalló Arce.
El trabajo se desarrolló bajo la dirección de Pablo Bolcatto y con la codirección de Martín Quiroga. La estudiante contó con una beca otorgada por el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN).
Según detalló Arce, pueden existir dos explicaciones alternativas a la diferencia en la estructura del canto frente al ruido antropogénico. Por un lado, podría estar sucediendo que individuos de ratona que tienen un canto en un registro más grave (que serían solapados por el ruido de la ruta) se ubiquen en zonas más alejadas a la ruta, mientras que los que cantan más agudo -cuyo canto no sería tapado por el ruido- se ubiquen en zonas más cercanas a la ruta.
“La segunda explicación es que puede pasar que la ratona tiene la capacidad de modificar su canto temporalmente cuando hay mayor ruido ambiente por ser plásticas”, agregó.
El canto de las aves es un modo que tienen los machos de atraer a las hembras en el período reproductivo. “Es sumamente importante y también lo utilizan para defender su territorio. Por eso, interferir en el canto es interferir en la reproducción de las aves”, enfatizó la estudiante.
El problema de la contaminación sonora suele asociarse con un mayor número de crías extra parejas. “En general, las hembras eligen machos que cantan en un registro más grave y, precisamente, ese es el registro que puede solaparse con el sonido antropogénico. Entonces, la hembra hace un nido con un macho que canta de modo más agudo, pero cuando escuchan un ave que canta de forma más grave, se aparea también con ese macho”, narró.
Otras consecuencias de la contaminación sonora es la incapacidad de escuchar el acercamiento de un predador, o las llamadas de alertas de otros individuos. “A la larga podrían generarse distintos dialectos entre poblaciones de una misma especie que se encuentran en zonas contaminadas”, recalcó Arce.
Según comentó la estudiante, la adaptación a cantar en momentos en que no hay ruido es una posibilidad que podrían tener estas aves para poder vivir y reproducirse en zonas contaminadas acústicamente.
Tras analizar las distintas series de cantos, grabadas tanto días de semana como domingos, se observó que el pico de mayor intensidad de ruido coincide con una menor cantidad de series de cantos de aves registradas o con una cantidad nula. “Esto podría indicar que las aves evitan emitir sus cantos en momentos en que el ruido antropogénico produce un mayor enmascaramiento”, sostiene el trabajo de Sofía Arce, de la Facultad de Humanidades y Ciencias (FHUC).
El estudio, que se presentó en el marco del Encuentro de Jóvenes Investigadores de la UNL, indica que durante los días de semana gran parte de las aves cantan en los momentos de menor ruido, entre las 7.05 y las 7.35. Esta tendencia de mantiene el domingo, cuando se concentran entre las 6.55 y las 7.30 a pesar de que en ese día la intensidad del ruido es intermedia en ese lapso horario. Estos datos podrían indicar que las aves ajustan su horario de canto a la intensidad de ruido de un ambiente urbanizado.
El trabajo de investigación tenía un enfoque más amplio y abarcaba tres especies de aves Passeriformes: la golondrina de ceja blanca, el jilguero dorado y la tacuarita. Finalmente se concentró el análisis en el canto de T. aedon.
Se colocaron cajas de madera especialmente diseñadas para que se ocupen como nido por estas especies en la vera de la ruta y en zonas alejadas.
Luego, en las cercanías de cada nido podía registrarse el canto de un macho entre las 6.30 hasta las 8.50. Entre diciembre de 2012 y marzo de 2013 se grabaron 20 individuos de T. aedon en series de al menos diez cantos; 15 se registraron días de semana y cinco en días domingo.
“Para el análisis, lo primero fue digitalizar el audio. Luego se estudio la duración del canto completo y la de sus partes o componentes que son el preludio y el trino. También se observó la frecuencia máxima, la mínima, el tiempo entre un canto y otro, entre otros”, detalló Arce.
El trabajo se desarrolló bajo la dirección de Pablo Bolcatto y con la codirección de Martín Quiroga. La estudiante contó con una beca otorgada por el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN).
Según detalló Arce, pueden existir dos explicaciones alternativas a la diferencia en la estructura del canto frente al ruido antropogénico. Por un lado, podría estar sucediendo que individuos de ratona que tienen un canto en un registro más grave (que serían solapados por el ruido de la ruta) se ubiquen en zonas más alejadas a la ruta, mientras que los que cantan más agudo -cuyo canto no sería tapado por el ruido- se ubiquen en zonas más cercanas a la ruta.
“La segunda explicación es que puede pasar que la ratona tiene la capacidad de modificar su canto temporalmente cuando hay mayor ruido ambiente por ser plásticas”, agregó.
El canto de las aves es un modo que tienen los machos de atraer a las hembras en el período reproductivo. “Es sumamente importante y también lo utilizan para defender su territorio. Por eso, interferir en el canto es interferir en la reproducción de las aves”, enfatizó la estudiante.
El problema de la contaminación sonora suele asociarse con un mayor número de crías extra parejas. “En general, las hembras eligen machos que cantan en un registro más grave y, precisamente, ese es el registro que puede solaparse con el sonido antropogénico. Entonces, la hembra hace un nido con un macho que canta de modo más agudo, pero cuando escuchan un ave que canta de forma más grave, se aparea también con ese macho”, narró.
Otras consecuencias de la contaminación sonora es la incapacidad de escuchar el acercamiento de un predador, o las llamadas de alertas de otros individuos. “A la larga podrían generarse distintos dialectos entre poblaciones de una misma especie que se encuentran en zonas contaminadas”, recalcó Arce.
Según comentó la estudiante, la adaptación a cantar en momentos en que no hay ruido es una posibilidad que podrían tener estas aves para poder vivir y reproducirse en zonas contaminadas acústicamente.
Fuente: unl
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