Alivio externo y agobio interno: el análisis de las "dos Argentinas" que conviven en la economía

El contador público e historiador económico Diego Rubinzal analizó el escenario actual del país. Advirtió sobre un sesgo antiindustrial que destruye empleo de calidad y explicó por qué el riesgo país sigue estancado a pesar del superávit comercial.

La economía argentina actual se debate en una profunda contradicción. Mientras los indicadores globales muestran un frente exterior oxigenado, el mercado doméstico padece una recesión histórica. Para entender esta dinámica, el móvil de LT10 dialogó con Diego Rubinzal, contador público, docente de Economía Política en la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y autor de diversos libros sobre historia económica del país.

"En este momento estamos viendo la existencia de dos Argentinas", sentenció el especialista, modificando la metáfora habitual de una economía que marcha a "dos velocidades". Según Rubinzal, el escenario actual no es el de un grupo de sectores que avanza más lento que otro, sino el de un violento achicamiento productivo en áreas clave: "Hablamos de empresas que cierran y no abren más, sobre todo con núcleo en el sector industrial".

Para ilustrar este diagnóstico, el economista rescató una figura utilizada por su colega Pablo Gerchunoff: "Esto es como una persona a la que le dio un ACV y le quedó el lado izquierdo paralizado. Por más que el lado derecho ande muy bien, eso no se transmite al izquierdo porque no hay vasos comunicantes". En este esquema, las actividades dinámicas —como la energía y la minería— funcionan como "enclaves" que generan divisas fundamentales, pero que no derraman empleo ni bienestar en el tejido social interno.

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La recesión local frente al espejo regional

Al analizar las causas de la crisis fabril, Rubinzal pidió salir de los enfoques puramente domésticos para observar el tablero global. Aunque el avance comercial de China presiona a todos los mercados, los países vecinos lograron amortiguar el impacto con políticas activas de resguardo.

"Entre el inicio de la gestión de Javier Milei y febrero de este año, la industria argentina cayó un 8%", detalló el analizador en base a datos de la consultora Audemus sobre una muestra de 80 países. En el mismo período, la industria brasileña creció un 3,5%, la chilena un 5,3% y la uruguaya un 4,5%.

"Estos datos demuestran que no sufrimos solo un contexto global, sino una política económica local con un sesgo antiindustrial. Se necesita desarrollo manufacturero porque es el mayor generador de empleo de calidad y el que tracciona al resto de los sectores", afirmó. Como contraejemplo, citó la estrategia de Lula da Silva en Brasil frente a los vehículos eléctricos chinos: "Te dejo vender, pero tenés que instalar una planta de producción acá".

Inflación, inercia y los desafíos electorales de 2027

Respecto al programa macroeconómico, Rubinzal recordó que la gestión recibió "dos salvatajes extraordinarios" de organismos internacionales que funcionaron como un puente financiero. Si bien reconoció el logro inicial de desacelerar los precios, advirtió que el Gobierno chocó contra los límites teóricos de la disciplina.

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"Los libros de economía dicen que es relativamente sencillo bajar la inflación de tres a dos dígitos. Lo verdaderamente difícil es romper la inercia inflacionaria, y eso no pasó. Seguimos estancados en un piso de entre el 2% y el 2,5% mensual", explicó. De hecho, el último dato anualizado se ubicó en 32,4%, una cifra superior a la del cierre de 2025.

Este piso inflacionario, combinado con un tipo de cambio apreciado (dólar barato), vuelve inviables a múltiples actividades productivas, acumulando tensiones severas de cara al próximo año electoral.

¿Por qué el riesgo país no perfora los 500 puntos?

Consultado sobre una de las principales obsesiones del equipo económico, Rubinzal definió al riesgo país como la sobretasa que paga un Estado para financiarse en los mercados internacionales por encima de los bonos del Tesoro de EE. UU. (tomados como la inversión más segura, con tasas del 4%). Con el indicador estancado en torno a los 500 puntos, la Argentina debería convalidar tasas cercanas al 10% para conseguir crédito, un costo que clausura cualquier intento de refinanciar ("rolear") los vencimientos.

"El indicador bajó rápido al principio y se plantó ahí porque el mercado no tiene la confianza suficiente de que el alivio externo actual sea sostenible en el tiempo", argumentó el docente de la UNL.

Las dudas de los inversores se concentran en el mediano plazo: el próximo año confluyen ruidos electorales —que suelen disparar la dolarización de carteras como cobertura de ahorros— con compromisos de pago asfixiantes. "Entre el Fondo Monetario Internacional y los bonos soberanos, la Argentina enfrenta vencimientos por alrededor de 25.000 millones de dólares el año que viene. Lo que hoy es tranquilidad financiera, mañana se transforma en un gran signo de pregunta", concluyó.

Audio: Diego Rubinzal, Contador público, profesor de Economía Política de la UNL

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