"La memoria se construye": el desafío de enseñar el pasado a los jóvenes

En una entrevista con LT10, la historiadora María Virginia Pisarello analizó cómo se transmite la memoria sobre la dictadura a las nuevas generaciones. Destacó el rol de la educación, el valor del conocimiento histórico y los desafíos actuales.

A 50 años del golpe de Estado, el debate sobre cómo sostener la memoria en las nuevas generaciones vuelve a ocupar un lugar central en la agenda pública. En Santa Fe, donde las actividades por el Día de la Memoria convocan cada año a miles de personas, la pregunta sobre cómo enseñar y comprender ese pasado reciente atraviesa tanto a las aulas como a la sociedad.

En este contexto, LT10 dialogó con María Virginia Pisarello, docente e investigadora de la Facultad de Humanidades y Ciencias (FHUC) de la Universidad Nacional del Litoral (UNL). La especialista planteó que el interés de los jóvenes no es casual, sino el resultado de un proceso sostenido en el tiempo: “Es fruto de un trabajo sistemático a lo largo de las décadas, que tiene que ver con un compromiso y con políticas de memoria que se han mantenido más allá de los cambios políticos”, afirmó.

Desde su mirada, ese recorrido permitió consolidar una base de conocimiento que hoy ordena el debate. “Al cabo de 50 años del golpe de Estado hay un acervo acumulado e investigaciones que nos permiten demostrar cuestiones que, dicho en criollo, no son opinables”, remarcó. Como ejemplo, citó el registro de más de 800 centros clandestinos de detención en todo el país, un dato que “no podemos ignorar”.

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Formación y testimonio en el aula

Pisarello también hizo foco en el rol de la formación docente. Explicó que en los profesorados no solo se trabaja desde la empatía, sino desde un conocimiento disciplinar sólido. “Se busca que exista un conocimiento afinado de qué es lo que sucedió”, señaló. Este saber se nutre tanto de investigaciones académicas como del recorrido de la Justicia en las últimas décadas.

Al mismo tiempo, planteó que la memoria no es un proceso cerrado ni uniforme, sino una “construcción siempre artesanal”. Cada docente define cómo abordar estos contenidos en el aula, incluso cuando existen materiales consolidados. En ese punto, destacó el valor del testimonio: “Permite reponer olores, sensaciones e historias de un modo específico”, dijo, marcando la diferencia con procesos históricos más lejanos donde ya no existen relatos en primera persona.

Desafíos frente a las nuevas generaciones

Consultada sobre los jóvenes que nacieron en democracia, Pisarello consideró que el desafío es distinto, pero no menor. “Hoy existe un piso de conocimiento que no había cuando yo iba a la escuela”, indicó. Sin embargo, advirtió que esto no elimina las discusiones, sino que las reconfigura: “Sabemos que hay relatos que tienen un piso de verdad y otros que no”.

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En esa línea, subrayó que la enseñanza de este período no se limita a las violaciones a los derechos humanos, sino que incluye el análisis del modelo económico y las complicidades civiles. “Eso está estudiado y ha sido juzgado en distintas causas”, señaló, vinculando el análisis con el presente: “Cuando hacemos pedagogía de la memoria, también estamos interpretando nuestra actualidad”.

Finalmente, la historiadora consideró necesario que estas discusiones tengan lugar en las aulas: “Está bueno que aparezcan, porque la mirada sobre el pasado reciente se construye colectivamente”. Describió a las escuelas como “cajas de resonancia” de lo social y remarcó que, frente a relatos que relativizan la dictadura, el rol docente es clave. “Nuestro desafío es contextualizar”, explicó, señalando que las experiencias individuales deben analizarse siempre dentro del marco general del terrorismo de Estado.

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