Unión mostró sus grietas en Santiago del Estero: un equipo desgastado y sin chispa
El Tatengue se volvió con una durísima derrota ante un Central Córdoba que le desnudó muchísimas fragilidades. Un equipo inconexo, cansado, impreciso y sin la lucidez de otros tiempos.
La derrota ante Central Córdoba no solo trajo tres puntos perdidos; puso al descubierto las limitaciones físicas y tácticas que atraviesa Unión en este arranque del Torneo Apertura. El equipo de Leo Madelón, que había deslumbrado con un contundente 4-0 frente a Gimnasia de Mendoza apenas cuatro días antes, se presentó en Santiago del Estero irreconocible: lento, impreciso y apagado, lejos de la intensidad que habitualmente caracteriza al Tate.
El cambio de estrategia fue evidente: ante Lanús, la presión alta había funcionado, obligando al rival a cometer errores y generando peligro constante. Esta vez, Madelón decidió esperar al rival, replegar al equipo desde la mitad de la cancha y apostar a los contragolpes. Una decisión que, en teoría, buscaba controlar la energía de un plantel que ya venía de un partido exigente, pero que terminó resquebrajando la dinámica ofensiva y limitando las opciones de creación. El resultado: pocas llegadas, poca claridad y la sensación de un equipo que no encontraba caminos para lastimar.
El rendimiento individual tampoco colaboró. Pese a algunos destellos de Mauro Pittón y Rafael Profini, y la seguridad intermitente de Matías Mansilla, la mayoría del equipo estuvo desconectado. Los defensores perdieron marcas claves, los mediocampistas no lograron imponerse en el medio, y los delanteros, aunque comprometidos, se movieron sin coordinación ni impacto. Cristian Tarragona, en gran nivel en las fechas anteriores, quedó aislado y casi invisible; Mateo Del Blanco, adaptándose a una posición distinta, perdió influencia y sorpresa.
Los cambios tampoco modificaron el panorama. Santiago Grella y Misael Aguirre entraron tarde y no lograron aportar frescura ni profundidad al ataque. El partido dejó en evidencia que el cansancio físico y la falta de precisión están jugando en contra del equipo, algo que Madelón deberá corregir de manera urgente si quiere mantener a Unión competitivo en la Zona A.
La derrota tiene además un mensaje claro: este equipo depende demasiado de la intensidad y coordinación colectiva, y cuando falla alguno de esos componentes, queda expuesto. Frente a San Lorenzo, el próximo viernes a las 22:10, Unión tendrá la oportunidad de demostrar que la caída ante Central Córdoba fue un traspié aislado y no el reflejo de un equipo en decadencia.
Si logra recuperar velocidad, claridad en los últimos metros y la conexión entre sus líneas, podrá volver a ser el Unión que impone su estilo. Si no, la derrota en Santiago del Estero será apenas el primer síntoma de un problema mayor, y las alarmas deberán encenderse. Porque en el fútbol argentino, los tropiezos de un día pueden marcar la diferencia de todo un torneo.