¿Por qué Diego Armando Díaz no tiene más minutos en Unión?

El DAD tiene un increíble poder de gol, traducido en una gran eficacia en relación al puñado de minutos que tiene en Primera. ¿Llego el momento que Leo Madelón lo mande a la cancha?

Prensa Unión

Mientras los focos suelen ir hacia los titulares y los refuerzos, en Unión hay un nombre que se repite en voz baja, pero cada vez con más fuerza en la tribuna: Diego Armando Díaz. El delantero volvió a convertir en sus últimos minutos en cancha y reabrió una pregunta que empieza a hacerse recurrente: ¿por qué no tiene más oportunidades desde el arranque?

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Díaz no es, ni fue, una apuesta inmediata. Su camino en el plantel profesional se construyó desde atrás, con paciencia y bajo un proceso que tanto Cristian González primero como Leonardo Madelón después respetaron a rajatabla. La idea siempre fue llevarlo de a poco, fortalecerlo en lo físico y en la comprensión táctica del juego de Primera División.

Un crecimiento que se fue cocinando a fuego lento

El cuerpo técnico considera que el delantero necesitaba una evolución integral antes de asumir un rol protagónico. Y en ese aspecto, las diferencias entre el Díaz que apareció en 2025 y el actual son notorias. Hoy se lo ve más fuerte, más dinámico y con mejor lectura de los movimientos ofensivos, algo que antes era un punto a trabajar.

Sin embargo, la competencia interna también juega su partido. Unión suele apostar por atacantes con mayor recorrido, experiencia o capacidad de asociarse en determinados sistemas. En ese contexto, Díaz quedó muchas veces como una variante de impacto, ideal para los segundos tiempos cuando el partido se abre y aparecen espacios.

El dilema del “revulsivo”

Hay futbolistas que se vuelven víctimas de su propio rol. Cuando un jugador rinde entrando desde el banco, los entrenadores tienden a conservarlo como carta de cambio. Díaz parece haber quedado atrapado en esa lógica: entra, cumple, convierte o genera peligro… y vuelve al banco en el partido siguiente.

Pero el fútbol también tiene momentos. Y el presente del delantero empieza a empujar una discusión legítima: su promedio de gol por minuto y su capacidad para cambiar inercias lo ponen en una situación distinta a la de meses atrás. Ya no es solo un proyecto, es una realidad que responde.

¿Momento de titularidad o de seguir el proceso?

La decisión no es simple. Darle la titularidad implica modificar estructuras, roles y responsabilidades dentro del equipo. Pero no hacerlo también puede frenar el envión de un jugador que cada vez que pisa el área transmite sensación de peligro real.

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Madelón, experto en procesos y en madurar futbolistas sin quemarlos, parece estar evaluando ese equilibrio. Sabe que apurarlo puede ser un riesgo, pero también que hay rendimientos que terminan pidiendo pista solos.

Lo concreto es que Diego Armando Díaz ya dejó de ser solo una promesa que suma minutos sueltos. Hoy es una opción concreta que llama a la puerta. Y en Unión, la pregunta ya no es si puede aportar… sino cuándo van a animarse a darle el lugar que su presente empieza a reclamar.

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